A los 78 años y con más de seis décadas ligadas al automovilismo, Rubén Taborra sigue en actividad en el Rally Santafesino
10:00 hs - Domingo 17 de Mayo de 2026
Encontrar la casa de Rubén Taborra en Bustinza no necesita de muchas indicaciones. Enfrente de la plaza y de estilo alpino, como él mismo la describe. Es la hora de la siesta y este pueblo de 1.500 habitantes tiene una quietud que nadie se atreve a interrumpir.
Hablar con Taborra es hacerlo con un pedazo grande de la historia del automovilismo santafesino. Este año cumplirá 78 años y su memoria está intacta. Pero además es, sin andar con tantos rodeos, uno de los pilotos más veteranos que todavía está en actividad.
Este año inició una nueva temporada en el Rally Santafesino después de correr en categorías que ya no existen como Fuerza Limitada (Ford T y Ford A), Limitada 28 y 29, Limitada Santafesina, Formula 2 EntreCor, Formula 1 Mecánica Nacional y TC 4000 Santafesino. Basta decir que cuando debutó con las cupecitas a los 17 años, la mayoría de quienes compiten hoy con él ni siquiera habían nacido.
Es cierto que a lo largo de estos 60 años no siempre hubo automovilismo en la vida de Taborra. Hubo pausas para formar una familia con tres hijas, trabajar en el campo e incluso para ser presidente comunal de su pueblo durante una década.
Después de correr durante años en monopostos y cuando parecía que el automovilismo quedaba como recuerdo, pos pandemia encontró en el rally un lugar para despuntar el vicio.
Sentado en un sofá del living de su casa, rememora cada acelerada, cada rebaje, cada frenada, cada curva y contracurva del centenar de circuitos y rutas que recorrió en su dilatada trayectoria. Si se le pregunta por alguna carrera en particular, enseguida tendrá algo que decir. Nacido el 10 de octubre de 1948, conserva, además, en un pequeño libro una sucesión de fotos que resume su carrera automovilística. Cada imagen es un recuerdo y cada recuerdo es una historia que brota sin esfuerzo en su voz.
- ¿En qué nota el paso del tiempo arriba de un auto?
- Yo me siento bien. El tema es que puedo llegar a tener un problema en la vista, no es más lo mismo. El navegante te ayuda mucho, pero bueno, nada más que eso.
- ¿De reflejos está bien?
- De reflejos estoy bien. Después, lógicamente, el coche con techo siempre en cualquier categoría es mucho más lento que el monopostos.
- ¿Le costó adaptarse al rally?
- El rally tiene una técnica diferente a lo que sabía hacer y me costó adaptarme, porque todo tiene su técnica. Yo estaba acostumbrado a otra cosa, pero bueno, ahora hay que hacerle caso al navegante.
Los comienzos
Cuando Rubén Taborra comenzó a correr ni siquiera tenía licencia para conducir. A mediados de los años 60 se hacían carreras de cupecitas en la zona y Taborra vio la oportunidad con una competencia que iba a pasar por Bustinza.
- ¿Cómo fue esa etapa inicial?
- Compramos con mi cuñado un Ford T y lo cortamos, y un primo me dijo vamos a hacerle algo más. Y así empezamos. En esa época había Ford T, Rugby, un Lancia y algún Chevrolet. Debuté y gané la serie y en la final venía muy bien pero primero se cortó la rueda y después un palier y abandoné.
- ¿Dónde había aprendido a manejar?
- En el campo, en caminos rurales en la falda de mi papá con un Ford 37. Después lamentablemente falleció joven, yo tenía 16 años y me tuve que hacer cargo y arranqué manejado.
- ¿Alguno de su familia había corrido antes?
- No, la historia empieza como les debe empezar a cualquier chico cuando le nace una pasión de adentro. Escuchando los grandes premios, en la radio, yo era pibe, habré tenido 8, 9 años, y era un relato que te llevaba a que uno sintiera emoción por la carrera sin verla. Le pregunté a mi papá qué tenía esa gente y me contestó: son de carne y hueso como todos nosotros. Eso me quedó grabado toda la vida.
- En aquella primera carrera con 17 años, su padre había muerto, pero tenía a su madre. ¿Cuándo le contó que iba a correr qué dijo?
- No fue fácil. Siempre me pedía que dejara, que era peligroso, pero después, más allá del sufrimiento, era la hincha número uno.
- ¿De qué pilotos se acuerda de las primeras carreras de cupesitas?
- Mira, estaba (Gustavo) Ballario de Marcos Juárez, había un señor de Tortugas con un Rugby, no recuerdo el apellido. Después había un señor con un Lancia que era Sabena de apellido de General Roca. Un Lancia modelo 25 con suspensiones independientes adelante y caja de cuarta. Era una cosa muy avanzada comparándolo con el Ford T.
La era de las peñas
Después de aquella primera carrera vendrían un par de competencias más hasta que el motor dijo basta. Aunque la llama ya estaba encendida y a partir de allí comenzaría un periplo por varias categorías corriendo para diferentes peñas. Era una época de pura bohemia donde un grupo de amigos fanáticos del automovilismo formaba una, aportaban unos pesos cada uno, hacían actividades para que uno de ellos corriera o convocaban a un piloto para que lo hiciera.
Así, Taborra primero fue con una que se formó en Cañada de Gómez, después con una de Totoras, Marcos Juárez, Las Parejas, Unión de Tortugas y San Lorenzo.
- ¿Con las peñas se cubrían los costos carrera?
- Se llegaba. Corrí para peñas muy humildes. En la del Barrio Bouchard de San Lorenzo hacían un arroz con pollo todos los meses para recaudar. Si bien la Limitada tenía dos o tres carreras por mes, a veces no iba a todas. Era un club que tenía una cuota mensual y cuando se hacia el arroz con pollo una ponía un pollo, otro la verdura, y se juntaban fondos. Nunca le cobré a las peñas, siempre iba por el trofeo. Hubo otras peñas un poco más fuertes como la de Las Parejas o la de Marcos Juárez. Así íbamos juntando fondos más alguna publicidad.
- ¿Había premios en dinero en esa época?
- No, no, siempre trofeo. La Limitada Santafesina tuvo una época que te pagaba los viáticos para el combustible. Teníamos las cuatro entradas gratis, un pequeño aporte para combustible y no pagábamos inscripción. Hoy cambió totalmente, en una carrera llega el piloto y les cobran la entrada, el vehículo, el tráiler, la inscripción. Es una cosa tremenda.
- Se ganaba plata en el automovilismo en esa época.
- Nunca se ganó. Si bien ahora estoy, gracias a Dios, cubierto por la publicidad el gasto de la carrera, siempre es difícil, porque el auto requiere de un elemento y hoy cada cosa que se toca, es una cosa que está carísima.
La edad dorada
-En esa época los autos tenían pocas medidas de seguridad.
- Ninguna medida de seguridad.Había que estar loco para subir a un auto. Hoy subiría por el hecho de recordar y de cómo se derrapaba y todas esas cosas que tenían los autos. El casco era una cosa muy primitiva. No se usaba buzo, guantes, ni cinturón de seguridad. Tenían un caño antivuelcos muy precario. Por ejemplo, cuando corrí en la Limitada 28 con el motor delantero y casi entre las piernas y sin cinturón eran unos autos terriblemente peligrosos. Pero son etapas que superamos. Nunca vi un accidente grave. Siempre uno piensa que si le pasa algo le pasa al otro. Debe ser la locura de uno.
- ¿Nunca tuvo miedo?
- Creo que si tenés miedo no subís. Tuve vuelcos, choques, pero el domingo estaba de nuevo arriba y como si nada hubiera pasado. Hay algo que uno tiene adentro que no se puede explicar.
- ¿Y qué velocidad alcanzaban esos autos?
- Cualquier auto medianamente preparado, eran autos de 140, 150, kilómetros por hora en rectas de 500, 600 metros. Se hacía en promedio de 100, 110 kilómetros por hora. En la Fórmula EntreCor ya eran otro tipo de auto, de pista, otra cosa. Ahí entrábamos a fondo en el curvón de
Paraná a 230. Con el Fórmula 1 en el óvalo de Rafaela se llegaba a los 270 kilómetros, una locura.
- ¿Cuál fue la mejor categoría en la que corrió? ¿Cuál le gustó más?
- Los monopostos, los verdaderos autos de carrera. Sin dudarlo la Fórmula EntreCor y la Limitada Santafesina. La Limitada por la paridad que tenía, por la cantidad de autos, con una gran dificultad que era correr en la tierra. Y después la EntreCor era una cosa hermosa.
- ¿Se transmitían por radio?
- Había mucho apoyo de Radio San Genaro primero con la Limitada 28 y después se engancharon con la Limitada Santafesina. Con Meschini y Volpi todo el mundo escuchaba la radio y sabía lo que pasaba. Ya con la EntreCor corrímos varios años junto al TC2000 y ahí ya se televisaba algo.
- ¿Se llevaban bien los pilotos?
- Si bien a veces la radio transmitía algún episodio, no había grandes temas, podía haber un toquecito, pero nunca problemas serios. En cambio en rally se comparten muchas cosas, hay confraternidad. Si largas cada un minuto lo único que ves es la tierra que dejó el de adelante.
- ¿Qué pilotos recuerda?
- Por la Limitada pasaron más de 370 pilotos. Corrí con todos, con Ballari, el “Negro” Caballero, Guenier, Massei, Bengoechea, Ramíni, Konjuh, Gentilli, con los que te imagines.
- ¿Hay encuentros con ellos?
- Sí, sí. En la Limitada tenemos encuentros cada tanto. Y en las carreras nos encontramos con algunos muchachos. Quedó un lindo recuerdo.
- ¿Y qué le dicen sobre su continuidad?
- Y algunos me preguntan si estoy loco. ¿Qué estás haciendo? Porque soy realmente el único que quedó en actividad, El resto ya no participan en nada.
- Hace dos años estuvo cerca de salir campeón por primera vez.
- Nunca fui campeón y este fue mi primer subcampeonato. Tuve todos los puestos. En la Limitada logré todos los puestos y no pude ganar una carrera. Gané en la Formula 2 Bonaerense, en la Fórmula EntreCor y en el Rally.
- A usted siempre le gustaron los monopostos. ¿El rally cómo lo toma?
- Estar en actividad es despuntar el vicio. Hoy no me permitiría estar con chicos de 17, 18 años a la par porque tienen otra fuerza, otra vista y el cerebro más limpio. Me pasarían por arriba. Antes, cuando corría en circuitos que no conocía, lo aprendía dando vueltas. Pero hoy ves que los chicos están con el simulador 23 horas por día, llegan al circuito y ya se conocen hasta la última curva.
La importancia de los mecánicos
- ¿Para correr hay que saber de mecánica?
-Es importante. Hoy es muy profesional, el piloto llega al autódromo y tiene el auto en marcha. En la época nuestra yo no era mecánico, pero tenía la portátil en la mano. Entonces, siempre veía lo que hacían. Hay detalles que tiene el auto y es importante que el piloto lo sepa. Es cierto que hoy cambiaron muchas cosas sobre todo con la electrónica porque el mecánico pone una computadora y está viendo qué le pasa y lo que no pasa en el auto.
- ¿Tenía sus propios mecánicos?
- En cada peña en la que corría había mecánicos. Trate de tener buena relación con todos y la verdad que conocí mucha gente. ¿Vos sabes que el mecánico argentino es increíble? Con muy pocos medios soluciona los problemas. Estoy muy agradecido con todos.
- Como piloto era más agresivo o más conservador.
- Siempre tuve mi ritmo. Tenía una característica rara. Yo nunca peleé una clasificación. Primero porque no tenía presupuesto. Íbamos con un motor, lo poníamos a punto el viernes o el sábado para la carrera. Y trataba lógicamente de clasificar lo mejor posible. Había gente que tenía elementos para clasificar y otros para correr. Yo siempre traté de tener el auto para poder correr.
- ¿Es mejor ir puntero o se disfruta más en mitad de pelotón?
- Estar puntero es una sensación rara. Porque hacés tus cosas y mirás el espejo y no se arriman. Lógicamente que en el pelotón es más lindo porque disftutás del que tenés adelante, del que está a la par. Pero sí, son cosas diferentes, pero validas las dos.
- En el rally es distinto.
- En la pista ves los autos que tenés adelante y atrás. Entonces frenas para no chocar al de adelante, acortas la diferencia, ves donde se va, donde te saca ventaja, cómo lo puedo pasar o cómo te puede pasar. En el rally corrés contra vos mismo y contra el reloj, Nunca sabes qué puede pasar. Gané una carrera en Melincué. La tengo tan grabada. El sábado los dos primeros me habían sacado como 20 segundos. Entonces cuando terminó el día le dije al navegante “mañana agarrate porque tenemos que descontar algo, no puede ser que nos saquen tanto”. Y empezamos el segundo día descontando algunos segundos, haciendo el mismo tiempo en otros tramos. Largamos el último prime, yo venía a todo o nada tratando de ser segundo. Llegamos al parque cerrado, entra el primero, entra el segundo, entro yo, entra el cuarto, el quinto. Nos bajamos, nos sacamos un poco la tierra, le preguntamos a los otros como les había ido y veo que mi señora entra al parque cerrado con los brazos en alto. Yo estaba convencido de que podía haber sido segundo. Y mi señora me dijo “ganaste la carrera por dos segundos”.
El sueño pendiente
- Los primeros autos que corrió ¿desaparecieron o alguna vez los volvió a ver?
- Desaparecieron, del Ford T no quedó nada, de la Limitada 28 tampoco. El auto de Limitada Santafesina lo tengo en el Galpón para restaurar. A ese auto se lo había vendido a Marcelo Bertoya que arrancaba y un día conversando me dijo que lo tenía en un Galpón tirado y le pregunté si me lo vendía. Me preguntó para qué lo quería, cuando le dije que mi intención era restaurarlo me lo dio. Lo tengo ahí, pero hay que trabajar mucho.
- ¿La idea es ponerlo en marcha o solo exponerlo?
- Ponerlo en marcha, Está muy difícil conseguir algunas partes del motor. La idea es dejárselo al museo de Bustinza con los colores que yo usaba y las publicidades, con el nombre de los mecánicos y la gente que me ayudó siempre. Espero que la vida me lo permita.
>>Leer más: Carlos Semitiel: el rosarino apasionado de los autos antiguos que logró el sueño del museo propio
Por Pablo Amadei, especial para La Capital