Se presentó un proyecto en la Legislatura para proteger las diversas especies presentes en la provincia, una de las que más miel exporta en Argentina
06:30 hs - Domingo 17 de Mayo de 2026
Un proyecto de ley presentado en la Legislatura santafesina busca desarrollar un programa para proteger a las abejas en la provincia. La medida no sólo apunta a preservar una especie clave para el ecosistema, sino también a cuidar al eslabón más importante en la producción de miel, que tiene a Santa Fe como una de las provincias que más exportan este producto.
El proyecto del Programa Provincial de Protección Integral de las Abejas y otros Polinizadores tiene como objetivo promover la conservación de las especies que habitan la región, principalmente las melíferas, que se dedican a la producción de miel, además de restaurar hábitats y reducir factores de riesgo ambiental para que puedan desarrollarse.
La especie de abeja que produce miel no es autóctona sino que llegó desde Europa hace varios años. Pero el programa, indicaron especialistas, beneficiará también a las especies nativas. Y si bien la matriz productiva es un eje a atender, el impulsor del proyecto, el diputado provincial Carlos del Frade (Frente Amplio por la Soberanía) resaltó, en diálogo con La Capital, que "está planteado desde lo ecológico, orientado hacia una producción que no dañe el ambiente y que beneficie a los pequeños emprendedores".
El 7,8% de la miel que se exporta en el mundo sale de Argentina. De ese total, en 2024, el 15% se produjo en Santa Fe según datos aportados a este medio desde el Ministerio de Desarrollo Productivo provincial. Casi las tres cuartas partes de la miel santafesina que se exportan van hacia Estados Unidos. El resto, se envía a Alemania, España, Japón, Bélgica, Suiza, Países Bajos y Reino Unido.
La promoción de la preservación de las especies que propone Del Frade incluye la conformación de corredores biológicos conectados entre sí y el incremento de recursos florales durante todo el año a través de prácticas agroecológicas y de bajo impacto ambiental. Para conocer su desarrollo, el diputado planteó, además, que se monitoreen los apiarios para conocer sus situaciones sanitarias, epidemiológicas y toxicológicas, con especial foco en los que se encuentran en zonas de agricultura intensiva.
La elección de estas zonas no es al azar sino que responde a un dato clave: la pérdida de hábitats de las abejas se acentúa en estas áreas, sobre todo en las que predomina el monocultivo. Esa pérdida de variedad hace que los ejemplares no puedan desarrollarse.
Distribución de las abejas
La provincia, en su extensión, tiene diversos usos de la tierra. Mientras que el sur concentra la producción agrícola, en el norte hay más lugar para el desarrollo de los ecosistemas nativos característicos de esa región, la puerta de entrada al Chaco húmedo.
Santa Fe es muy extensa y eso hace que se puedan encontrar distintas especies de abejas a lo largo de la provincia, explicó a La Capital Graciela Rodríguez, referente del Programa Apícola (Proapi) del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta). Al respecto, puntualizó que el sur provincial, dominado por el desarrollo agrícola, presenta un clima más templado y que la "oferta de flores" para las abejas melíferas está restringida a las épocas de cultivos. En el norte es diferente: si bien también hay desarrollos agrícolas, la mayor presencia de bosques nativos promueve otros espacios naturales tanto para las melíferas como para algunas abejas nativas sin aguijón.
Las diferencias son variadas. "La abeja europea es una especie introducida, que el hombre aprendió a manejar en su beneficio con la producción de miel, polen, propóleos, cera o servicios de polinización, mientras que las abejas nativas sin aguijón evolucionaron junto a la vegetación nativa, con adaptaciones especiales a este ambiente", explicó Rodríguez.
"La abeja melífera está distribuida en todos los ambientes del mundo, tanto templados como templados fríos. Tiene una fisiología adaptada para sobrevivir sin recursos del ambiente por varios meses, que son los de invierno", explicó.
Es común el desarrollo de "ecotipos de abejas locales", continuó Rodríguez. Sobre los ejemplares en el norte, detalló: "Es una abeja diferente a la europea porque ha sufrido la influencia de las abejas africanas, que fueron introducidas hace muchos años en Brasil y se expandieron, con distintos cruzamientos, con abejas locales del sur. Son abejas que están más adaptadas a ambientes tropicales y subtropicales, y tienen diferencias en cuanto a comportamientos de multiplicación, de acopio y de defensa".
Destrucción de hábitats
El proyecto presentado en la Legislatura cobra especial relevancia si se tiene en cuenta que no hay un gran conocimiento desarrollado por la academia en Argentina ni de especies de abejas nativas ni de especies exóticas, contó a La Capital la investigadora Mariana Mazzei, del Instituto de Investigaciones en Ciencias Agrarias de Rosario (Iicar) del Conicet y de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Rosario (UNR).
En concreto, explicó que no hay investigaciones detalladas sobre el ciclo biológico o los roles que cumplen las especies de abejas existentes, aunque sí hay “líneas de investigación” y se comprueba una disminución en la diversidad de especies. Sobre todo, "hay menos especies en ambientes más perturbados".
“Están en peligro porque sus hábitats desaparecen todo el tiempo, cada vez que se extiende la frontera agropecuaria. Hay crisis de polinizadores silvestres”, detalló la investigadora, y aclaró sobre la abeja que produce la miel que se consume y se exporta: “Es como un cultivo. Vino de Europa, la tenemos acá, la criamos acá y producimos la miel”.
Si bien el eje del proyecto es proteger a las especies de abejas melíferas, por derivación, explicó Mazzei, también preservará a las especies de abejas nativas, que se verán beneficiadas indirectamente ante posibles contagios de enfermedades o patógenos tras compartir flores a polinizar.
Otra especie que se buscan proteger con el proyecto es la melipona, que difiere de la abeja europea: es más chica, más oscura y también produce miel, aunque no se comercializa en el país y sí tiene consumidores en Perú, Guatemala o Costa Rica. Mazzei explicó que la miel de las meliponas se usa en cosméticos: "Tiene un valor agregado muy importante. Es muy exclusiva".
Miel y colmenas
En los campos que presentan un paisaje homogéneo, dominado por el monocultivo, es más común encontrar especies exóticas de abejas. Por el contrario, las especies nativas están, sobre todo, en ambientes diversos que posibilitan su desarrollo.
Mazzei contó que las abejas nativas son por demás de diversas y no sólo existen las clásicas negras y amarillas: “Hay grandes, chicas, verdes y hasta naranjas. Las que viven en colmenas son muy pocas”.
Un ejemplo de ello es el apiario que la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNR tiene en el Módulo de Aprendizaje Productivo (Mapro), en donde hay varias colmenas para que los alumnos puedan aprender cómo manejar este tipo de producciones. El curso no es parte de la currícula pero sí es muy requerido como extensión para adquirir nuevos conocimientos por parte de los estudiantes.
Las colmenas están ubicadas estratégicamente para estar cerca de los cultivos que la facultad va rotando en los campos de Zavalla, además de flora que crece en el sector, para que las abejas puedan desaplazarse fácilmente en búsqueda de flores para polinizar. En caso de no tener flores cerca, las abejas pueden recorrer distancias de hasta 25 kilómetros para buscarlas.
La cosecha de la miel se da a finales del verano y la producción que hacen en la UNR se divide: entre 50 y 100 frascos se donan a la Liga Argentina de Lucha contra el Cáncer (Lalcec), mientras que el resto se vende en la facultad, pero es tan accesible (unos 5.000 pesos el medio kilo) que dura poco tiempo.
Mazzei resaltó que, desde hace por lo menos diez años, hay otra noción sobre la importancia de la existencia de las abejas en el ecosistema. Y si bien mencionó que hay bastantes investigaciones sobre este insecto en Argentina, aún falta para quedar a la par de otros países que conocen al detalle sus poblaciones, como ciertas naciones de América Central, Estados Unidos, Italia o Inglaterra, por citar algunos ejemplos.
"Cuando empecé no había nada de difusión, pero hoy en día, con quien hablo sobre las abejas, tiene alguna idea de su rol ecológico", remarcó.
Recomendaciones
La investigadora señaló que hay distintas medidas para contribuir a la preservación de las abejas que ya habitan la región, con algunas soluciones simples que hacen que estos insectos puedan sobrellevar las presiones que viven, como la pérdida de su hábitat.
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En las ciudades hay muchas abejas, indicó Mazzei, y una buena medida para ayudarlas es tener flores que produzcan néctar. Para agregar más opciones a estos insectos, se puede armar un balcón o jardín con flores de distintos tamaños para que vayan abejas de todo tipo. “También es clave tratar de tener flores todo el año. Las abejas necesitan estar comiendo todo el año”, explicó.
Plantas como cualquier especie de lantana, salvia, lavanda o aliso son ideales porque sus flores producen el néctar que las abejas precisan para sobrevivir. Las lantanas contribuyen no sólo a la aparición de abejas (exóticas y nativas), sino también de mariposas y colibríes.