Volver a la naturaleza: la nueva vida de los animales silvestres después del cautiverio

En 2025, el Ministerio de Ambiente de la provincia concretó unas 500 liberaciones de aves, mamíferos y reptiles. "No es sólo soltar", aseguran los veterinarios

Sábado 10 de Enero de 2026

El pesado yacaré oteó el aire antes de moverse de su jaula. Después empezó a mover sus patas y se perdió en el verde de la reserva natural del norte de la provincia. Después de pasar diez años viviendo en el parque del Instituto Malbrán, en la ciudad de Buenos Aires, el animal conocido como Ricardito fue liberado y pudo volver a su hábitat natural.

Eso sucedió hace dos semanas y si bien es la historia que se hizo más pública, apenas fue una de las 500 liberaciones de aves, mamíferos y reptiles que concretaron los profesionales del Ministerio de Ambiente de la provincia durante el año pasado. Detrás de cada una, hay meses e incluso años de trabajo, y una segunda oportunidad para aquellos animales silvestres rescatados del tráfico ilegal o del mascotismo.

De acuerdo a los registros oficiales, entre enero y diciembre del 2025 se llevaron adelante 528 liberaciones de animales silvestres. Fueron 412 aves, 105 mamíferos y 11 reptiles que volvieron a su hábitat tras un examen completo, que incluye la evaluación de su salud, de su comportamiento, tratamientos para mejorar su estado sanitario o su readaptación al entorno natural. Y, finalmente, una delicada elección del lugar que se convertirá en su nuevo hogar.

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En 2024, se habían liberado otros 570 ejemplares de fauna silvestre. La continuidad de esa escala de liberaciones, destacan desde las oficinas de la cartera de Ambiente, demuestra la consolidación del nuevo modelo provincial de gestión ambiental y cuidado de la biodiversidad.

"El momento en que los animales vuelven a su territorio es el que más impacto tiene, es emocionante. Pero a la vez, es la foto final de un largo trabajo que lleva meses o años", cuenta Mauro Pergazere, médico veterinario y director provincial de la delegación Centro del Ministerio de Ambiente santafesino, mientras describe el singular camino sigue cada una de las liberaciones de fauna silvestre.

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El Centro de Rescate, Investigación e Interpretación de Fauna La Esmeralda (un gran predio verde de 13 hectáreas, ubicado en el norte de la ciudad de Santa Fe) juega un rol protagónico en los operativos de liberación de animales silvestres. Allí llegan las aves, mamíferos y reptiles decomisados por la policía provincial en operativos de rutina o generados en denuncias anónimas.

Los ejemplares son, generalmente, víctimas del tráfico animal o son adoptados como mascotas. Las tortugas de tierra o los loros habladores son las más frecuentes. Sólo en la última semana, cuenta Pergazere, llegaron al centro de rescate 70 pichones de loro hablador, que están siendo alimentados de dos a tres veces por día con jeringas y zondas hasta que cumplan tres meses. También una centena de tortugas que venían en camión desde Santiago del Estero cargadas en bolsas de cebollas y llenas de garrapatas.

"Por más que se hayan popularizado como mascotas, son fauna silvestre. En el caso de los loros, los traficantes ya tienen un sistema de crianza artificial y los traen del norte del país para abastecer el mercado de las ciudades. Pasan muchas horas de viaje, hacinados, sin agua ni comida y con la posibilidad de enfermarse y transmitir enfermedades al hombre", cuenta el médico veterinario.

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También reciben gatos monteses, pumas o yaguarundíes. Este último es un animal que se encuentra dentro del rango de especies amenazadas en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. La mayoría de las veces llegan después de la muerte de su madre, mal vista por los ganaderos, heridos por armas de fuego o por atropellos o mal criados como animales de compañía.

En estos casos, reinsertarlos en la naturaleza es todo un desafío "porque ya no asocia a los humanos como una amenaza sino como una fuente de alimento y hay que trabajar sobre su comportamiento para lograr que el animal recupere su instinto salvaje", advierte Pergazere.

>>Leer más: Tráfico y mascotismo: cuáles son los cinco animales silvestres más decomisados en Santa Fe

Ricardito y otros animales famosos

La liberación del yacaré overo bautizado como Ricardito fue noticia nacional. La historia del animal, que vivió en el Malbrán hasta que un ex empleado del organismo científico-tecnológico denunció en la Justicia su presencia, la causa penal tramitada en octubre de 2024 y su traslado al centro de rescate de Santa Fe aportaron singularidad a su historia. El video de su liberación, a fines de diciembre pasado, suma miles de reproducciones en redes sociales.

Unos meses antes, a fines de julio pasado, la liberación de un joven aguará guazú macho llegó a las páginas del diario español El País. El mamífero, el más grande de los zorros sudamericanos, fue liberado en la Reserva Natural “El Fisco”, ubicada en el departamento San Cristóbal, con un collar de telemetría para monitorear sus desplazamientos y aportar datos clave para la conservación de esta especie protegida.

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Hay otras acciones menos públicas, pero trascendentales. En el norte provincial, en la localidad de Villa Guillermina, se trabaja en un proyecto comunitario para alojar loros habladores rescatados del tráfico. Los alumnos de las escuelas de la zona arman y colocan cajas nidos en los árboles para que las aves las adopten ya que la presencia de estos ejemplares ayuda a regenerar los bosques, porque al alimentarse de frutos, favorecen la diseminación de semillas.

Actualmente, La Esmeralda aloja unos 1.200 animales, un número que varía a diario en función de la actividad de los operativos de rescate y liberación. Aunque no todos pueden volver a vivir en la naturaleza. "Cuando por su condición no se pueden liberar, participan de un programa de reproducción de animales que permiten la conservación de las especies", señala el funcionario. Eso pasa con algunos ejemplares de cardenal amarillo. Otro ejemplo es el del guacamayo azul y amarillo, un ave que no tiene distribución en Argentina pero que suele ser decomisado en operativos de tráfico, y a través de un convenio con Paraguay, las crías son derivadas a áreas protegidas del país vecino.

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No es sólo soltar

El mono carayá es uno de los mamíferos silvestres más comercializado como mascotas. La distribución natural de la especie llegaba hasta la zona norte de la provincia, en el límite con Chaco, sin embargo la destrucción y fragmentación de su hábitat fue corriéndolos del territorio santafesino. En los últimos años se puso en marcha un programa de reintroducción de esta especie en el Parque Provincial Jaaukanigás.

"Liberar un animal no es soltarlo en cualquier lugar. Cada especie tiene su distribución específica. La provincia tiene cinco ecorregiones: la pampa húmeda, el espinal, el chaco húmedo y seco y los deltas e islas del Paraná y cada una tiene una fauna característica", aclara el veterinario. Pero no basta reinsertarlos en esos espacios, sino garantizar que en esos lugares exista un área natural bien conservada que le ofrezca refugio, alimento y, sobre todo, que esté libre de amenazas.

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Pergazere trabaja en La Esmeralda desde enero de 2024, pero antes estuvo en el Ecoparque de Buenos Aires y en la Fundación Mundo Marino. No lleva la cuenta de en cuántos operativos de rescate participó y piensa un rato antes de narrar cuál es el que más lo conmovió: "Fue el de una aguará guazú que se encontró en un campo en Coronda. En esa oportunidad, cuando se hizo la captura se habló con la gente del lugar y se trabajó en educación ambiental. Creo que esa sensibilización es muy importante, porque genera aliados para cuidar la fauna. Lo más rico es eso: porque nosotros no podemos estar todo el tiempo en todo el territorio viendo qué pasa con algún animal. Y encontrarnos con personas que resguardaron a la aguará y la cuidaron hasta que llegamos fue reconfortante".

Unos meses después, la hembra fue liberada en San Cristóbal. La última vez que tuvieron contacto con ella, a través del dispositivo de seguimiento, estaba en la provincia de Buenos Aires.