Salvaron el edificio de Berlín y tendrá una propuesta gastronómica y cultural

El inmueble de 1.000 metros cuadrados del pasaje Simeoni esquivó un futuro inmobiliario y quedó en manos de un inversor que busca alquilarlo para recuperar el espíritu del histórico bar como polo de ocio, artístico y comercial

06:30 hs - Domingo 20 de Septiembre de 2026

Después de una larga siesta y una despedida simbólica, parece que renace un gigante dormido. El edificio donde funcionó durante casi tres décadas el bar Berlín finalmente tendrá una nueva oportunidad. El inmueble de 1.000 metros cuadrados se salvó de un futuro inmobiliario al ser comprado por un inversor que lo pondrá en alquiler para el desarrollo de una propuesta gastronómica y cultural.

Tras el fin del conflicto judicial con sus anteriores ocupantes, de quedar cerca de ser vendido a una constructora y de acumular varios intentos fallidos de reapertura, la operación permite que el edificio de pasaje Simeoni 1128 conserve su estructura y vuelva a tener un destino ligado a los usos que lo hicieron conocido.

La intención es que allí funcione una actividad que recupere parte del espíritu del Berlín, un lugar que durante décadas combinó bar, música, teatro, humor, poesía, cine y encuentros de distintas generaciones de rosarinos. La planta baja ofrece 440 metros cuadrados de locales a la calle, con un subsuelo de 180 metros cuadrados, el histórico espacio de recitales, y una planta alta de 420 metros cuadrados.

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Edificio de valor

El edificio está catalogado con protección patrimonial 2.1, lo que preserva su fachada art déco original de comienzos del siglo XX. Es un activo irreproducible: no hay forma de construir hoy algo equivalente en el centro de Rosario. Con 25,45 metros de frente y acceso independiente por unidad, el edificio admite un operador único o hasta tres propuestas conviviendo, sin necesidad de obra estructural.

La propiedad tiene además una importante versatilidad comercial y es mucho más grande de lo que se recuerda como el boliche. A la superficie del local donde funcionó Berlín, con su propio sótano, se suma otro espacio contiguo, casi en espejo. También existe una planta alta y seis departamentos en el primer piso.

La distribución permite pensar en distintas alternativas. La propuesta podría incluir gastronomía, coworking, un hotel boutique y distintos rubros comerciales, aunque la actividad artística, musical y gastronómica debería tener un lugar central. La idea es que todos los usos funcionen en sinergia y permitan recuperar el carácter de encuentro que tuvo el inmueble.

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De Zeppelin a Berlín

El futuro del inmueble había quedado en suspenso luego del cierre del bar, en 2022. Berlín había sido durante 26 años una de las usinas culturales y nocturnas más reconocidas de la ciudad. Su subsuelo fue escenario de recitales, teatro, café concert, espectáculos de humor, muestras y presentaciones de artistas.

Por allí pasaron músicos como Pappo, Willy Crook, Bersuit Vergarabat, Los Piojos, Las Pelotas, La Mississippi y Palo Pandolfo, y figuras vinculadas al teatro, la literatura y la cultura local.

El nombre Berlín llegó después de la etapa de Zeppelin, otro espacio que funcionó en el mismo edificio y que tenía una propuesta más ligada al baile y a la música. Con el tiempo, el bar se convirtió en una referencia del circuito alternativo rosarino, al punto de que el verbo “berlinear” quedó instalado entre quienes frecuentaban la noche de la ciudad.

Disputa cerrada

La historia reciente del inmueble estuvo marcada por la disputa entre los responsables del bar y los propietarios. Tras el cierre, incluso se anunció la creación de un Museo del Che Guevara, una iniciativa que no llegó a concretarse. La situación derivó en un conflicto judicial por la permanencia y el uso del edificio, mientras el lugar permanecía sin actividad y en un limbo, que finalmente se cerró este año a favor del titular.

En paralelo, la posibilidad de que el edificio fuera vendido para un desarrollo inmobiliario generó preocupación entre vecinos, habitués y referentes de la cultura rosarina. El temor no era infundado: en el pasaje Simeoni ya habían desaparecido otros espacios históricos, como Jekyll & Hyde, demolido en 2021 para dar lugar a una torre de departamentos. Más recientemente, la tradicional Parrillita de Don Alberto cerró sus puertas y el inmueble fue vendido para avanzar con otro edificio.

En marzo hubo una despedida simbólica con una fiesta en la calle y el inmueble comenzó a ofrecerse. La intención de otros grupos inversores era construir allí un edificio de ocho pisos, aunque ese destino estaba sujeto a que el Concejo Municipal autorizara una excepción. La compra por parte del actual propietario modificó ese escenario: el objetivo es conservar la historia.

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La búsqueda de operadores

Para eso, la búsqueda de interesados se realizará a través de una especie de licitación privada que coordinará el Grupo AM Real Estate. Los posibles operadores deberán presentar sus proyectos y explicar de qué manera se integrarían al edificio. El comprador considera que la expansión de la zona puede generar una importante cantidad de oferentes interesados en instalar allí propuestas comerciales y gastronómicas.

La propiedad también cuenta con posibilidades de ampliación. En la actualidad, se puede construir sobre el edificio hasta alcanzar una altura total de cuatro pisos, es decir, dos niveles más de los que tiene hoy. Esa alternativa forma parte de las posibilidades futuras, aunque el objetivo principal sigue siendo recuperar el inmueble existente y darle un uso que dialogue con su historia.

El proyecto también se vincula con el proceso de transformación que atraviesa el área central. El sector comprendido entre Tucumán y el río registra nuevos desarrollos inmobiliarios y la llegada de población con mayor poder adquisitivo, en un contexto de revitalización urbana que la Municipalidad viene impulsando.

La expansión residencial y la recuperación de espacios comerciales alimentan la expectativa de que el inmueble pueda convertirse en un polo gastronómico. A ese escenario se suma el local vecino, ubicado debajo del edificio donde funcionó la parrilla. Allí se proyecta un espacio comercial de grandes dimensiones, con posibilidades para una propuesta gastronómica más diurna, en una zona donde también se desarrollan viviendas premium. La combinación de superficie, ubicación e historia aparece como uno de los principales atractivos para futuros operadores.

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Zona en expansión

La recuperación del edificio se suma a una serie de movimientos que atraviesan el Bajo rosarino. La reconstrucción y puesta en valor de la plaza de la Cooperación, la reconversión de Pasaporte en una cafetería y panadería, la existencia de proyectos como El Diablito, en la antigua whiskería Scorpio, y Feuer, o la reaparición por una noche del legendario Contrabando muestran una zona que intenta recuperar parte del movimiento que tuvo durante décadas.

El área alrededor del antiguo Mercado Norte fue uno de los principales polos de entretenimiento, gastronomía y ocio de Rosario. La cortada que hoy lleva el nombre de Fabricio Simeoni, antes conocida como pasaje Zabala, concentró bares, parrillas, espacios culturales y propuestas nocturnas que formaron parte de la memoria urbana de varias generaciones.

En ese recorrido, Berlín fue uno de los lugares más persistentes. Mientras otros inmuebles quedaron bajo la picota para dar paso a edificios, el antiguo bar conservará su estructura y tendrá la posibilidad de volver a ser ocupado. La cortada conservará uno de sus espacios más reconocibles y, si el proyecto logra concretarse, el Berlín podrá tener una nueva vida sin dejar de ser parte de la historia de la noche rosarina.