Nino, el hombre que recorre Rosario en bicicleta llevando sus plantines a los barrios: "No tengo descanso"

En redes lo conocen como Nino Plantines y en la calle todos le compran. Con 71 años sigue trabajando porque aseguró que "el que mira al cielo y ve las nubes no va a prosperar”

19:50 hs - Martes 14 de Abril de 2026

No importa si llueve o si el sol raja la tierra, Nino sale. Con su bicicleta recorre Rosario. Tiene preferencia por algunas zonas, pero se presenta cada vez que puede. “Siempre digo que soy famoso, porque si a la gente no le hablas no te mira”, le dijo a La Capital mientras sostenía sus plantines, que son conocidos en toda la ciudad.

Nino Plantines tiene más de 20 mil seguidores en Instagram. Sin embargo, eso no lo hace conocido en Rosario. Es más, es una consecuencia de salir con su bicicleta, sus plantines y su carisma, que convence tanto a los amantes como a los reacios de las plantas.

Tiene 71 años y se llama Benigno Espinoza Buyón, pero todos le dicen Nino. “Así me siento más cómodo”, confesó a La Capital en uno de los bares amigos que tiene el jubilado. Nino Plantines se hizo famoso en plena pandemia, una vecina de la zona de Lamadrid y San Martín lo fotografío y pasó sus datos. Los medios se hicieron eco y “las ventas explotaron”, reconoció.

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Me traía plata en bolsas”, agregó Nino luego de su viralización. Con esta simple frase, el hombre dejó entrever que la cantidad de dinero no se mide en la nominación, sino en la cantidad de billetes, o bien, en cuántas manos se extendían para llevarse uno de sus plantines.

En ese contexto camina la vida o, mejor dicho, la recorre en bicicleta. En la punta de su lengua siempre está la frase “hay gente muy buena”. Lo utiliza como latiguillo. Y es la antesala para contar que luego de sufrir dos robos de bicicleta, un hombre le regaló una que tenía en el fondo de su casa.

Los primeros plantines los hacía en vasos de yogurt o latas de picadillo. Después revendía. Siempre por la zona de San Martín y Lamadrid. Más de 40 años siendo jardinero lo avalan y todavía recuerda a una clienta, con un alto puesto en el Poder Judicial, que le pide que regrese a cuidar de su jardín.

La historia de Nino

Nino es oriundo de Paraguay. Sin darse cuenta, recordó que comenzó a trabajar a los 8 años. Cruzaba con su padre hacia Corrientes a recolectar algodón en condiciones hostiles. Al mismo tiempo, reveló que su padre era español y su madre francesa. Y fue de ellos que aprendió la cultura del trabajo. “Mi papá decía que al que madruga Dios lo ayuda”, sentenció.

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A los 16 años emprendió viaje desde Paraguay junto con un tío. El destino era Rosario, donde finalmente se asentó. “Éramos pobres, como ahora, pero nos gustaban las proezas”, reconoció, y reveló: “No sabía adónde iba. Los inmigrantes tenemos una cabeza de buscar un lugar mejor. Llegué en 1975”.

Al poco tiempo consiguió su primer trabajo como mozo en el histórico bar Tránsito, de Moreno y 27 de Febrero. También viajó para trabajar en San Martín de los Andes de Neuquén, Buenos Aires y Mercedes en San Luis. Dijo sin el rencor de no tener la decisión que le ofrecieron ir a trabajar a Uruguay, pero no aceptó. Ayudó a los clientes en la puerta del supermercado La Gallega de la zona sur y también fue mozo por calle San Luis. En una época incursionó en la carpintería.

Pero la jardinería es su fuerte. A lo que le dedicó más tiempo en su vida. Logró formar una familia con numerosos hijos, pero las plantas están en un lugar predilecto en su vida.

Accidente como jardinero y plantines

Jardinero de los de antes. Era común que Nino pase horas y horas cuidando plantas, arbustos y árboles. Con una agilidad que hasta el día de hoy conserva se subía a escaleras y trepaba. Eso fue hasta el 2016.

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“Estaba haciendo un trabajo de jardinería en altura, dos pisos. Me caí a un lugar donde me tuvieron que rescatar los bomberos. No hay explicación para que esté vivo. Estuve en coma y me habían tirado la ropa porque pensaba que estaba muerto. Soy un milagro de Dios”, contó el jubilado con la memoria intacta.

A raíz del accidente no quiso volver a su trabajo, pero las plantas siguieron siendo su motor. Fue así como en plena pandemia salió a vender plantines. Todavía se acuerda aquella tarde que un hombre le compró 17 plantines y le regaló dos desayunos en un bar de Juan Canals y San Martín. Era un diciembre caluroso y la Navidad se aproximaba. Desde entonces entablaron una amistad.

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De todas formas, no es la primera amistad que Nino se hace en la calle. En la zona del Parque España, Pichincha, Pellegrini o San Martín al sur, cuenta con amigos. Repite intersecciones de calle con una precisión singular: “La Paz y Entre Ríos; Pasco y Sarmiento; Casablanca y San Martín; Moreno y Pellegrini y Alem y Pellegrini”. Todos tienen una mesa disponible para el hombre de los plantines.

“A la gente le digo que soy famoso, porque si no le decís nada no te miran”, apuntó como su secreto y luego sigue su speech. Nombre de la planta y cuál es su función. También sus cuidados y cómo hacer que perdure en el tiempo. “Todos los días salgo a vender plantines. No tengo descanso. El que mira al cielo y ve las nubes no va a prosperar”, sostuvo y transformó la oración, pero dejó intacta la enseñanza de su padre. Su último anhelo estar tener una porción de tierra para poder plantar en gran cantidad y se lo repite a cada persona que puede con la esperanza de encontrar solidaridad del otro lado.

Nino vive por y para las plantas. “Son vida”, afirmó. No puede elegir una especie en particular, le gustan todas. Es como si un padre eligiera a su hijo preferido. “Me pasan cosas, me hacen bien y me dan vida”, sentenció mirando el canasto de su bicicleta desbordado de los productos que vende día a día.