La ciudad

Blindajes, llaves inteligentes y puertas de reja, los nuevos escudos antirrobo

Vivir encarcelados. Cada vez más gente busca protegerse de entraderas, escruches y ataques “rompepuertas” reforzando aberturas y cerrojos. Los herreros no dan abasto.

Domingo 25 de Enero de 2015

Al ritmo de la especialización del robo que en Rosario popularizó términos como escruche y entradera, la consigna es aumentar las condiciones de seguridad como sea y cada cual de acuerdo a su presupuesto. En los barrios humildes, se sueldan chapas, recortes de hierro y hasta alambres gruesos para reforzar el acceso a la vivienda, quede como quede. En los de más recursos la protección se le encarga al herrero, un oficio que volvió a cotizar. El pedido generalizado ya tiene nombre propio, la “puerta reja”: un doble ingreso al hogar, mejor aún si es de metal desplegado porque “impide el manoteo”, que está empezando a cambiar la fisonomía urbana. Si se dispone de más dinero la puerta blindada es otra opción en alza (hasta por los inquilinos) sobre todo para departamentos, al igual que la “puerta búnker” para casas de mayor valor, como muchas de las que pueblan los countries. Y hay otro dispositivo de seguridad que en los últimos dos años duplicó su demanda: el control de acceso o llave electrónica, que permite identificar cada ingreso con santo y seña. “En tres años no va a quedar un solo consorcio sin ese dispositivo”, afirma un instalador.

   “Vivimos de la desgracia ajena”, ironiza Damián Núñez, uno de los dueños de Herrería Rosario.

   Dobles puertas y portones de hierro macizo, externas y hasta en el interior mismo de las casas. Cerramientos y rejas que techan patios, envuelven balcones, aseguran ventanas y sectorizan pasillos. De barrotes, “artísticas”, en cuadrícula, en rombos, de metal desplegado. Con una, dos o tres cerraduras. Con cerrojos o candados. Con bisagras reforzadas.

   “La gente pide de todo, pero lo que más sale por estos días es la puerta reja”, cuenta Núñez, una opinión unánime entre todos sus colegas consultados por La Capital.

   “Sobre todo por las entraderas, ¿vio?, porque los que tienen puerta de madera hoy están temblando. Si hasta yo la rompo de una patada...”, dice Tomás Alberto Maidana, 63 años de vida y 50 trabajando con el metal.

   Los herreros dicen tener más trabajo que nunca, a pesar de que muchos vecinos se “dan maña” por sí solos y protegen sus casas con soldaduras caseras. “En mi barrio, que es medio pobretón, cualquier cosa meten delante de la puerta por el miedo que tienen”, afirma Maidana. Y su colega Rubén Moyano lo confirma: “En los barrios más pobres hacen cualquier zafarrancho con tal de quedar más seguros”.

   De hecho, instalar una puerta reja adelante de la puerta de calle cuesta entre 1.600 y 4 mil pesos. Todo depende del modelo, las dimensiones y el material que se use: si es hierro macizo o no, o si se prefiere metal desplegado. También varía según vaya con una, dos o tres cerraduras (hay que calcular unos 300 pesos por cada una).

Adentro. Como novedad, Núñez señala que ahora las puertas reja también se instalan al interior de los domicilios y no sólo a la calle. “Este fin de semana, por ejemplo, coloqué una adelante de un dormitorio, aparte de la que ya tenían al ingreso”, relata. Sin contar con las que aseguran salidas a patios, terrazas y balcones. “Si no, cubrís la vanguardia y te entran por la retaguardia”, grafica Moyano.

   El “efecto contagio” es innegable. “Estamos poniendo una reja y ahí nomás se acercan un par de vecinos: después siempre alguno te llama para que le hagas lo mismo”, dice Julio García.

   “¿Pero es verdad o no que la reja solamente es para el dueño?”, pregunta este diario. Los herreros se ríen. Invulnerable, inexpugnable, inviolable, absolutamente seguro “no hay nada”, admiten.

   “Simplemente, si estás adentro te da tiempo para llamar al 911, y si la casa está sola les va a llevar más tiempo y a van a hacer bastante más ruido como para que oigan los vecinos”, se sincera García.

   Moyano da un consejo. “Aunque salga un poco más caro, yo siempre recomiendo que pongan metal desplegado porque así un choro no puede meter la mano ni el brazo, y no te puede manotear el pelo ni la ropa”.

   Básicamente, la protección de rejas reduce la posibilidad de ser víctima de un robo en las modalidades de escruche o entradera (especialmente en la variante “rompepuerta”) que muestran un crecimiento alarmante en la ciudad.

En edificios. Hay, por supuesto, métodos más sofisticados, y más costosos, para proteger los ingresos. Entre ellos, lo que hoy se conoce como “controles de accesos”, especialmente diseñados para reducir el riesgo de “escruches”.

   Con variantes, se trata de cerraduras con llaves computarizadas o electrónicas, tarjetas de proximidad y hasta sistemas biométricos (por reconocimiento de las huellas dactilares) que cada vez más consorcios van adoptando en reemplazo de la vieja Acytra.

   “En los últimos dos años se duplicó la instalación de llaves inteligentes”, afirma Ariel Alcántara, de Servicio Integral en Sistemas de Seguridad (Siss). “De acá a tres años no va a quedar edificio sin tener control de acceso”, coincide desde la competencia Gabriel Barbero, de Cerrajería Mendoza.

   Se trata de una “llave electrónica inteligente, que está grabada en un equipo donde constan el nombre, el apellido y el DNI de quienes la usan, inscriptos además en una planilla que autoriza la administración del consorcio”, explica Alcántara. Si también la posee personal contratado por los departamentos o el edificio, puede incluso tener “restricción horaria” y en caso de ser utilizada fuera de término el equipo reporta un “evento: de ese modo se puede saber quién quiso entrar sin autorización” .

   Además, dice Barbero, si alguien pierde una llave se puede anular sin necesidad de que todo el consorcio cambie su juego. ¿Cuánto cuesta todo el sistema? Unos 10 mil pesos, “pero nunca más requiere mantenimiento, ni cambio de cerradura, ni abono”. Por semana, sólo la cerrajería Mendoza instala unos cinco equipos.

   Y por supuesto, las puertas blindadas —el 80 por ciento de ellas, colocadas en departamentos—siguen siendo una opción. En los últimos tres años, cuenta Alcántara, de Siss, la instalación creció un 80 por ciento.

   En Pentablind también dicen que 9 de cada 10 puertas se venden para proteger departamentos “por la gran cantidad de escruches que ha habido últimamente en el centro, más en vacaciones”.

   El dueño de Olimpia Puertas Blindadas coincide en que en los últimos años “hubo mucha mayor demanda”, incluso entre quienes alquilan un departamento (a veces, señala, los propietarios reconocen la mitad del costo). Y entre los “hijos de la soja” que vinieron a estudiar a la ciudad, la protección fue un “must”.

   ¿Cuánto cuesta una puerta de departamento blindada ? Según las firmas, entre 6 mil y 11 mil pesos. Más caras son las llamadas “puertas búnker” para casas, “completamente hechas de metal”, que se compran mayoritariamente en los countries.

"Simplemente, si estás adentro te da tiempo para llamar al 911, y si la casa está sola les va a llevar más tiempo y a van a hacer bastante más ruido como para que oigan los vecinos", se sincera García.

Moyano da un consejo. "Aunque salga un poco más caro, yo siempre recomiendo que pongan metal desplegado porque así un choro no puede meter la mano ni el brazo, y no te puede manotear el pelo ni la ropa".

Básicamente, la protección de rejas reduce la posibilidad de ser víctima de un robo en las modalidades de escruche o entradera (especialmente en la variante "rompepuerta") que muestran un crecimiento alarmante en la ciudad.

En edificios. Hay, por supuesto, métodos más sofisticados, y más costosos, para proteger los ingresos. Entre ellos, lo que hoy se conoce como "controles de accesos", especialmente diseñados para reducir el riesgo de escruches.

Con variantes, se trata de cerraduras con llaves computarizadas o electrónicas, tarjetas de proximidad y hasta sistemas biométricos (por reconocimiento de las huellas dactilares) que cada vez más consorcios van adoptando en reemplazo de la vieja Acytra.

"En los últimos dos años se duplicó la instalación de llaves inteligentes", afirma Ariel Alcántara, de Servicio Integral en Sistemas de Seguridad (Siss). "De acá a tres años no va a quedar edificio sin tener control de acceso", coincide desde la competencia Gabriel Barbero, de Cerrajería Mendoza.

Se trata de una "llave electrónica inteligente, que está grabada en un equipo donde constan el nombre, el apellido y el DNI de quienes la usan, inscriptos además en una planilla que autoriza la administración del consorcio", explica Alcántara. Si también la posee personal contratado por los departamentos o el edificio, puede incluso tener "restricción horaria" y en caso de ser utilizada fuera de término el equipo reporta un "evento: de ese modo se puede saber quién quiso entrar sin autorización" .

Además, dice Barbero, si alguien pierde una llave se puede anular sin necesidad de que todo el consorcio cambie su juego. ¿Cuánto cuesta todo el sistema? Unos 10 mil pesos, "pero nunca más requiere mantenimiento, ni cambio de cerradura, ni abono". Por semana, sólo la cerrajería Mendoza instala unos cinco equipos.

Y por supuesto, las puertas blindadas —el 80 por ciento de ellas, colocadas en departamentos— siguen siendo una opción. En los últimos tres años, cuenta Alcántara, de Siss, la instalación creció un 80 por ciento.

En Pentablind también dicen que 9 de cada 10 puertas se venden para proteger departamentos "por la gran cantidad de escruches que ha habido últimamente en el centro, más en vacaciones".

El dueño de Olimpia Puertas Blindadas coincide en que en los últimos años "hubo mucha mayor demanda", incluso entre quienes alquilan un departamento (a veces, señala, los propietarios reconocen la mitad del costo). Y entre los "hijos de la soja" que vinieron a estudiar a la ciudad, la protección fue un "must".

¿Cuánto cuesta una puerta de departamento blindada ? Según las firmas, entre 6 mil y 11 mil pesos. Más caras son las llamadas "puertas búnker" para casas, "completamente hechas de metal", que se compran mayoritariamente en los countries.

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