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Elefante Blanco, el hospital que nunca funcionó, será demolido

Reflejo de los sueños rotos argentinos, fue pensado como el centro asistencial más grande de Latinoamérica y terminó en medio de una villa.

Domingo 09 de Julio de 2017

El Elefante Blanco, un enorme edificio de 14 pisos que en 1923 fue pensado como el hospital más grande de América latina, será demolido. Enclavado en la villa Ciudad Oculta del sur de la ciudad de Buenos Aires, el lugar es sinónimo de abandono, humedad y hacinamiento y testigo de los males de la droga, la violencia y las enfermedades.

Las obras del Elefante Blanco comenzaron en 1938 y se paralizaron definitivamente en 1955, con el derrocamiento del presidente Juan Domingo Perón. El proyecto atravesó a 38 gobiernos argentinos que no tuvieron la voluntad necesaria para cortar la cinta. Cuando se levantó la villa miseria, el fallido hospital se convirtió en una fastuosa vivienda social improvisada para cientos de familias.

En estos días, el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, anunció su demolición y la instalación de una sede ministerial.

Según explicó el funcionario, la idea es trasladar allí, en marzo de 2019, un edificio de tres pisos inteligente, sustentable y con un techo verde que llevaría 1.138 puestos de trabajo al siempre olvidado sur de la ciudad.

Se prevén luego obras de integración urbana para los más de 25 mil habitantes que tiene Ciudad Oculta.

Analía, una de las vecinas, desconfió: "Tengo 25 años y desde que nací dicen que van a urbanizar la villa. Para mí sólo van a hacer obras en el Elefante Blanco y se van a olvidar del resto del barrio".

Sobre cómo es vivir allí, la mujer contó: "Las ratas son tan grandes que te comen hasta los documentos, tenés que tener todo guardado".

La enorme estructura del Elefante Blanco, compuesta por siete naves y que en 2012 fuera escenario de una película dirigida por el director Pablo Trapero (ver aparte), se levanta entre la miseria como un monumento al absurdo.

El sitio pensado para curar enfermos no hace otra cosa que crearlos. Es allí donde la Liga Argentina contra la Tuberculosis comenzó a construir un instituto para pelear contra la enfermedad, muy generalizada a mediados del siglo XIX y virtualmente eliminada en la modernidad, pero que hoy hace estragos en Ciudad Oculta, en muchos casos por el consumo de pasta base de cocaína, la droga de los pobres.

La rampa de ingreso, por donde debían ingresar ambulancias, está hundida y agrietada. El agua se acumula cuando llueve y forma pequeñas piletas que permanecen durante días. El frente ya no conserva el blanco impoluto de todo hospital, sino que se convirtió en un jardín vertical en el que la humedad alimenta verdaderos árboles que salen desde los cimientos.

En los alrededores de la estructura se ven los escombros de las pequeñas casillas que ya no están. Muchas de ellas fueron levantadas con ladrillos que los pobladores sacaron de la misma estructura de 14 pisos, hoy en peligro de derrumbe. Ellos ya arreglaron una salida con las autoridades y abandonaron el lugar.

"Con cada una de las familias trabajamos individualmente, viendo qué necesitan y encontrando soluciones. Algunas veces son accesos a créditos habitacionales, en otros casos relocalizaciones a terrenos que las familias tenían previamente", dijo en una entrevista con el diario español El País la ministra de Desarrollo Humano y Hábitat de la ciudad, Guadalupe Tagliaferri.

Una de las que resisten es María Bernal, una mujer de 72 años que vive hace 15 en una casilla pegada al edificio. Cuida de dos nietos, uno de 26 con trastorno bipolar y otro de 14 que sufrió meningitis a los tres meses de vida y hoy es portador de VIH. Ella quiere vivir dignamente, con cloacas, agua potable, gas y electricidad, pero fuera de la villa, "aunque sea a tres cuadras".

María busca escapar de una realidad social nada ideal para la crianza de sus chicos. Le pidió ayuda a todos los gobiernos y a todas las oficinas. En el Instituto de la Vivienda le dijeron que su carta "no servía ni para papel higiénico".

"Vivir acá es muy difícil, no puedo quejarme de mis vecinos, son como mi familia, pero mi propia familia no quiere venir a visitarme y en el estado en que están mis chicos acá no pueden ni caminar", contó la mujer a El País.

"Yo no tengo miedo del desalojo, pero me recomendaron que agarre la plata que me ofrecen (unos 10.000 dólares a través de un subsidio estatal). Yo voy a pelear por los derechos de mis nietos hasta lo último", avisó.

Las puertas de ingreso al Elefante Blanco están cerradas con rejas y candados y custodiadas por un pequeño ejército de jóvenes que hacen las veces de seguridad, aunque sólo llevan por uniforme una gorra con visera. Responden a un tal Pocho, un nombre que todos repiten, algunos en forma amistosa y otros no tanto.

Una película con Darín lo hizo más conocido

La película argentina que lo usó de título y escenario, dirigida por Pablo Trapero, lo hizo visible para miles de argentinos que desconocían su existencia. Encima, el protagonista, Ricardo Darín, resultó un imán a la hora de atraer espectadores a las salas.

   El Elefante Blanco está en Piedra Buena y Eva Perón, desde 1939, cuando se construyó el esqueleto del que sería un hospital dedicado a atender principalmente a enfermos de tuberculosis. La iniciativa la impulsó el socialista Alfredo Palacios.

   El barrio Ciudad Oculta que se formó después se caracteriza por ser una de las villas que más resistieron los embates de la política.

   La razón, en gran medida, se debe a que muchos de sus habitantes trabajaron en el Frigorífico "Lisandro de la Torre", un sitio de resistencia popular a gobiernos democráticos y militares y cuyos obreros fueron de los primeros en ser considerados "subversivos" por las distintas dictaduras.

   Los pasillos de Ciudad Oculta fueron poblados por matarifes del Mercado de Hacienda de Liniers en los albores de la Argentina agroexportadora. Hoy, el mercado también espera ser relocalizado.

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