Casi cuatro de cada diez docentes universitarios pensaron en renunciar por la crisis salarial

Un estudio de investigadores de la UNR advierte sobre el impacto del deterioro salarial en la salud emocional y el futuro de la educación superior

06:10 hs - Lunes 28 de Septiembre de 2026

Casi cuatro de cada diez docentes universitarios consideraron seriamente la posibilidad de renunciar a su trabajo. El dato surge de una investigación que se desarrolla en la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y que busca dimensionar el impacto del extenso conflicto salarial sobre las condiciones de vida y la salud emocional de los profesores. Los resultados preliminares muestran un escenario preocupante: salarios que no alcanzan para cubrir necesidades básicas, docentes obligados a multiplicar sus empleos y niveles crecientes de ansiedad, estrés y desmotivación. Pero también plantean un interrogante que trasciende la situación económica actual: qué pasará con el futuro de la universidad pública si quienes hoy sostienen sus actividades comienzan a pensar en abandonarla.

El relevamiento es parte del trabajo que desde mediados de año viene realizando el Centro de Estudios Interdisciplinarios en Salud y Trabajo (Ceisyt) de la UNR y la cátedra de Psicología en el Trabajo B con el objetivo de analizar cómo la pérdida del poder adquisitivo y el conflicto salarial impactan en la vida cotidiana, la salud y las condiciones laborales de los docentes universitarios y preuniversitarios

El sondeo, realizado en forma digital, reunió las respuestas de 1.035 docentes universitarios, de facultades y escuelas medias preuniversitarias, de los cuales 784 pertenecen a la UNR. Ante la pregunta sobre si habían considerado seriamente renunciar a su trabajo en la universidad, el 14,9% manifestó estar muy de acuerdo y otro 23,5% respondió que estaba de acuerdo. En conjunto, el 38,4% reconoció haber contemplado esa posibilidad.

La cifra adquiere particular relevancia porque la encuesta no reúne exclusivamente a docentes que recién comienzan sus carreras. Por el contrario, predominan profesionales con trayectorias consolidadas dentro del sistema universitario: más del 54 % tiene una antigüedad superior a los 13 años y apenas el 15% lleva menos de cinco años en la actividad.

La mayoría de quienes respondieron tiene entre 30 y 60 años, se desempeña en categorías intermedias de la escala docente —como jefes de trabajos prácticos y profesores adjuntos— y cuenta con dedicaciones de entre 20 y 40 horas semanales. El 65,7% son mujeres.

Para la directora del centro de estudios, Alejandra Ballerini, los resultados constituyen una fotografía de un sector que acumula años de pérdida de poder adquisitivo y que, en medio de un conflicto salarial que no encuentra solución, comienza a manifestar consecuencias que van mucho más allá de las dificultades para llegar a fin de mes.

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Salarios que no alcanzan para vivir

Uno de los principales factores que explican el malestar de los profesores es el deterioro de los ingresos. Según los resultados preliminares del relevamiento, el 63 % de los docentes consultados declara percibir salarios por debajo de la línea de pobreza y otro 26,6 % asegura encontrarse muy cerca de ese umbral. Apenas el 10,5 % manifiesta que sus ingresos le permiten cubrir sus necesidades con holgura.

La situación se vuelve todavía más crítica cuando se analiza la capacidad de afrontar los gastos elementales: aproximadamente uno de cada tres docentes no logra cubrir el costo de la canasta básica alimentaria con su salario universitario.

La necesidad de complementar ingresos se convirtió, en consecuencia, en una condición habitual de trabajo. Apenas el 18 % de los encuestados se sostiene exclusivamente con su remuneración universitaria, mientras que el 82 % debe recurrir al pluriempleo. Algunos suman horas de enseñanza en escuelas secundarias o institutos terciarios; otros desarrollan actividades profesionales privadas. Incluso, un 11,5 % realiza trabajos comerciales ajenos a su profesión.

"Los datos económicos dejan claramente a la vista que la remuneración en la universidad dejó de cubrir necesidades elementales básicas para la mayoría de los docentes", señala la investigadora.

El relevamiento también indagó sobre las estrategias que desarrollan los trabajadores para enfrentar la inflación. La más frecuente es la reducción drástica del consumo familiar, una respuesta mencionada por la mitad de los encuestados. Otros debieron utilizar ahorros previos, solicitar préstamos o financiar sus gastos mediante tarjetas de crédito.

Pero uno de los indicadores más significativos es que, entre los docentes que se ubican por debajo de la línea de pobreza, el 57,60% manifestó que "frecuentemente" o "siempre" debe decidir qué deudas pagar y cuáles postergar porque sus ingresos no alcanzan para cumplir con todos sus compromisos.

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El costo emocional de llegar a fin de mes

La investigación también permite observar cómo las dificultades económicas se relacionan con la salud emocional de los docentes. Entre quienes declararon percibir ingresos por debajo de la línea de pobreza, el 67,7 % manifestó padecer frecuentemente insomnio o ansiedad. La situación se profundiza entre aquellos que se encuentran por debajo del umbral de indigencia, donde la mayoría reconoció experimentar habitualmente estados de estrés, ansiedad, insomnio y desmotivación.

El endeudamiento aparece como otro factor asociado al malestar. Entre los docentes que recurrieron a préstamos o debieron financiar los consumos de sus tarjetas de crédito, el 82% experimenta estas manifestaciones con mayor frecuencia que quienes no necesitaron utilizar esas herramientas. Muchos incluso señalaron que los síntomas están presentes de manera permanente.

Los investigadores también encontraron que, a medida que disminuye la necesidad de seleccionar qué compromisos económicos cumplir, se reducen progresivamente los indicadores de malestar. "Cuando cruzamos los indicadores de ansiedad, motivación y manifestación de síntomas, vemos que no aparecen de manera azarosa. Están vinculados a los ingresos, a la forma de sustentarse, a la precariedad de las condiciones laborales y a la falta de reconocimiento", explican.

Trabajar más no significa estar mejor

Uno de los hallazgos del estudio es que la posibilidad de sumar otros empleos no necesariamente reduce el malestar asociado a la pérdida salarial. Los docentes que desarrollan varias actividades laborales presentan mayores niveles de ansiedad y estrés que quienes trabajan exclusivamente en la universidad.

La situación resulta especialmente marcada entre aquellos que deben recurrir a trabajos ajenos a su profesión. En estos casos, a la sobrecarga horaria se suma una sensación de desvalorización profesional. También se registran niveles importantes de malestar entre quienes complementan sus ingresos universitarios con horas de enseñanza en escuelas secundarias o institutos terciarios.

Paradójicamente, advierte la investigadora, los docentes que no tienen otros empleos muestran menores indicadores de malestar que aquellos que necesitan multiplicar sus actividades. "Esto permite advertir que el pluriempleo no resuelve necesariamente las consecuencias emocionales de la precariedad salarial. Los docentes consiguen sumar ingresos, pero deben convivir con una mayor carga de trabajo, menos tiempo disponible y dificultades para sostener sus actividades académicas", señala Ballerini.

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La preocupación por los docentes más jóvenes

Aunque el malestar atraviesa a distintas generaciones, las investigadoras advierten que la situación resulta especialmente delicada entre los docentes más jóvenes, ya que a los bajos salarios se suman la inestabilidad laboral, la presión de los gastos fijos de subsistencia y las dificultades para continuar formándose.

En este punto, la gran pregunta tiene que ver con las consecuencias que esta situación puede imprimir sobre el recambio generacional de los profesores. "Esto nos obliga a pensar cuáles van a ser los impactos en el sistema universitario si la gente joven, que constituye el reemplazo generacional, está pluriempleada, desmotivada y con dificultades para seguir formándose", plantea la directora del centro de estudios y subraya que en este escenario, también aparece cuestionada "la posibilidad de sostener un modelo universitario basado en docentes con dedicación exclusiva, capaces de desarrollar simultáneamente tareas de enseñanza, investigación y extensión".

Una crisis que se acumula

Los resultados se conocen en medio de un conflicto salarial que se extiende desde el comienzo de la gestión del presidente Javier Milei y que continúa abierto pese a la sanción de la Ley de Financiamiento Universitario y las intervenciones judiciales que ordenaron su cumplimiento.

Para la responsable del estudio, el deterioro actual no puede analizarse de manera aislada, sino como parte de un proceso de pérdida de poder adquisitivo que se acumula desde hace años. "Esto puede considerarse una fotografía del sector docente en medio de una conflictividad que no se resuelve", destaca Ballerini y apunta que las dificultades económicas no se limitan a la imposibilidad de afrontar los gastos cotidianos. También condicionan la posibilidad de realizar proyectos personales, como tomarse vacaciones, arreglar la vivienda o planificar gastos a mediano plazo.

"La incertidumbre es un indicador muy severo. Si bien la Justicia ordena el pago de los aumentos, no sabemos cuándo, cómo ni cuánto nos van a pagar. Es una foto que muestra un hoy, pero viene de arrastre. Nuestros salarios ya venían con pérdidas", explica y se pregunta si "muchos docentes incluso están pensando en renunciar. ¿Qué va a pasar con la universidad pública en el país y con la educación de calidad que se pretende?".