El debate ambiental interpela al agro por las emisiones de sus cadenas productivas, el cambio de uso del suelo y los impactos sobre la biodiversidad y la salud de la tierra. Frente a esos cuestionamientos, los referentes del sector plantearon que Argentina debe demostrar sus ventajas con indicadores verificables, reconocer los problemas pendientes y avanzar en prácticas que reduzcan su impacto.
Desde el sector agropecuario advierten que Argentina sólo tiene una participación del 0,85% en las emisiones globales de gases de efecto invernadero y tiene una oportunidad para posicionar su producción en un contexto global cada vez más atento al impacto ambiental. El desafío es demostrar cómo produce, reconocer los problemas pendientes y conseguir que los esfuerzos por cuidar el ambiente se traduzcan en mejores condiciones.
Durante el panel “Hacia sistemas productivos más sostenibles. El futuro ya llegó: producir de manera sostenible” realizado en el marco de la Semana del Clima Rosario, Marcelo Torres, presidente de Aapresid; Fernando de Nevares, presidente de Crea; y Pablo Palazzesi, decano de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), hablaron sobre los desafíos para la salud del suelo y la biodiversidad y el negocio agropecuario.
“Lo peor que podemos hacer es no dar estas conversaciones”, advirtió Torres, al tiempo que destacó que el agro argentino debe participar del debate con evidencia sobre su huella de carbono, el uso del agua, la biodiversidad y su aporte al desarrollo económico y social de las regiones.
Según los números que presentó, el agro argentino representa menos del 40% de las emisiones nacionales, equivalente a aproximadamente el 0,35% del total mundial. Dentro de ese universo, ubicó las emisiones vinculadas al cambio de uso del suelo en torno al 0,17% global. En ese sentido, considero que los datos permiten discutir con mayor precisión, aunque no reduce la responsabilidad de actuar. “Esa cifra no nos exime de nuestra responsabilidad y allí radica la gran oportunidad”, sostuvo durante el panel que contó con la moderación de Diego Sueiras, presidente de la FNGA.
El presidente de Aapresid dijo que la extensión de la siembra directa, los modelos ganaderos de base pastoril y la articulación entre productores, instituciones científicas y fabricantes de maquinaria constituyen fortalezas que el país necesita respaldar con mediciones y comunicar mejor.
Torres también cuestionó la dinámica de las negociaciones internacionales. A partir de su participación en cumbres climáticas, señaló que las disputas geopolíticas muchas veces desplazan a la ciencia y dificultan los acuerdos. En cambio, dijo encontrar mayores posibilidades de avanzar en los intercambios entre asociaciones de productores, certificadoras, empresas y organismos de crédito. Por eso, reclamó una articulación público-privada capaz de posicionar a las cadenas argentinas frente a las exigencias ambientales. La oportunidad, explicó, incluye tanto la comercialización de alimentos como el reconocimiento económico de los servicios ecosistémicos que se gestionan en los campos.
Una agenda propia, con mediciones
De Nevares, por su parte, coincidió en la necesidad de construir una agenda ambiental que responda a los desafíos argentinos. Identificó la salud del suelo y la biodiversidad como prioridades y remarcó que las respuestas deben considerar las particularidades de cada territorio. “No es lo mismo producir en Rosario que en Santiago del Estero o Neuquén”, señaló.
En se sentido, explicó que las diferencias entre suelos, actividades y amenazas ambientales impiden aplicar una receta única y obligan a sostener una conversación entre productores, técnicos e instituciones.
El presidente de Crea recordó que la organización nació para enfrentar un problema ambiental: la erosión eólica de los suelos del oeste bonaerense. Aquellos productores encontraron en el intercambio de experiencias una forma de buscar soluciones que no podían alcanzar solos. Según detalló, la red reúne hoy a 2.500 empresas organizadas en 250 grupos Crea.
La lógica de trabajo colectivo en Crea se mantiene en la medición de indicadores y en el estudio de la biodiversidad de los ecosistemas productivos. Conocer las especies y sus funciones, sostuvo, permite preservarlas y fortalecer el equilibrio de los sistemas frente a los cambios ambientales. También vinculó la eficiencia productiva con el desempeño ambiental. Según explicó, empresas más eficientes pueden generar menores emisiones por unidad de producto, por lo que la mejora de los modelos de negocio debe formar parte de la discusión.
Sin embargo, advirtió que las exigencias externas requieren rigor técnico y transparencia. “La cuestión ambiental no debe convertirse en una excusa o barrera paraarancelaria”, planteó, al cuestionar que los países desarrollados utilicen esos requisitos para restringir las oportunidades de crecimiento de otras economías.
Cuidar el suelo sin comprometer al productor
La viabilidad económica fue uno de los puntos de mayor coincidencia del panel. Palazzesi, en tanto, sostuvo que existen prácticas probadas para producir de manera sostenible, pero que el desafío es integrarlas en sistemas que también permitan sostener a quienes trabajan en el campo. “No vamos a lograr cuidar el suelo fundiendo al productor”, afirmó, al tiempo que aclaró que preservar la rentabilidad tampoco puede justificar el deterioro de la tierra por erosión.
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El decano explicó que las sequías y los resultados económicos adversos pueden llevar a abandonar prácticas de conservación. Por eso, reclamó la participación del Estado y destacó al Observatorio Santafesino de Suelos como una herramienta para acompañar el cuidado del recurso.
Además del clima, el suelo y el agua, Palazzesi incorporó una dimensión social: el arraigo, la convivencia con los espacios periurbanos y la continuidad de las nuevas generaciones. La sostenibilidad, planteó, debe contemplar todas esas dimensiones.
En ese sentido, De Nevares sumó la gobernanza de las empresas y la integración entre generaciones como parte de ese proceso. También cuestionó el impacto de los derechos de exportación sobre la rentabilidad y el desarrollo territorial. “No hay sostenibilidad ambiental ni social posible si no hay sostenibilidad económica y desarrollo federal”, sostuvo.
Del dato del campo al valor comercial
Sobre el cierre del panel Torres propuso que una de las tareas centrales es digitalizar y ordenar la información productiva. Propuso avanzar hacia bases de datos estructuradas y georreferenciadas que permitan calcular indicadores ambientales a partir de los registros de gestión, sin exigir al productor trámites repetidos.
Esa información, explicó, también resulta necesaria para que la industria mida las emisiones asociadas a su cadena de valor, conocidas como emisiones de alcance 3. El objetivo es conectar lo que ocurre en el establecimiento con las exigencias de las empresas y los consumidores.
El dirigente señaló que Aapresid trabaja con compañías alimentarias y con el sector financiero para que los productores con buenos indicadores ambientales accedan a condiciones comerciales y crediticias diferenciales. También identificó oportunidades en los biocombustibles y en la transformación local de los granos en productos de mayor valor agregado.
Desde la universidad, Palazzesi sostuvo que el conocimiento científico disponible permite avanzar, pero que todavía es necesario acelerar la adopción de las prácticas. Para ello, destacó el trabajo conjunto con Crea y Aapresid y el papel de las redes de experimentación para validar resultados.
“Si logramos conectar lo que sucede en el campo con los datos duros, la tecnología, la ciencia y el consumidor, Argentina liderará la producción sustentable a nivel mundial”, resumió Torres.