La comedia, una de las más vistas de calle Corrientes, vino a la ciudad en mayo para arrancar su gira nacional y ahora vuelve en octubre
10:43 hs - Jueves 10 de Septiembre de 2026
Una profesora de yoga y un médico retirado se conocen en la sala de espera de un dentista. Lo que comienza como un simple cruce derivará en una insospechada montaña rusa emocional. Esa es la trama de "Empieza con D, siete letras", obra teatral de Juan José Campanella, que tras lucirse en la porteña calle Corrientes y arrancar en mayo en Rosario una gira nacional, volverá a la ciudad en octubre.
La comedia, protagonizada por Eduardo Blanco y Victoria Almeida, se presentará el sábado 3 y domingo 4 de octubre en el Teatro Astengo. Las entradas pueden adquirirse en la boletería del teatro o Ticketek.
La obra ya se consolidó como uno de los grandes éxitos del teatro argentino. Luego de permanecer más de un año en cartel en Buenos Aires y superar las 300 funciones ininterrumpidas, el espectáculo se posicionó entre los diez más vistos del circuito teatral porteño. Desde su estreno en enero de 2025 convocó a más de 100.000 espectadores, con seis funciones semanales, y llegó a ubicarse en el quinto puesto de recaudación anual según el ranking de la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales (AADET). En 2026, además, fue declarada de Interés Cultural por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.
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La gira de "Empieza con D, siete letras" encuentra a Campanella en un gran momento laboral. Este año dirigió episodios de "La Ley y el Orden", estrenó la versión cinematográfica de "Parque Lezama", y avanza con la adaptación animada de "Mafalda".
“Los proyectos que más me gustan son aquellos que te pasean por todas las emociones. El gol de media cancha es cuando el espectador está riendo y llorando al mismo tiempo”, resumió el director sobre el espíritu de la obra en diálogo con La Capital. En diálogo se registró cuando la obra vino en mayo a la ciudad, como puntapié de una gira federal.
El éxito inesperado de una historia íntima
“Se trata de una historia muy común. A veces el arte o las historias nos ayudan a ver nuestra propia vida desde otro ángulo o a mirarla desde afuera. Mucha gente se vio reflejada en esto de las segundas oportunidades, de las segundas parejas, especialmente cuando, como en el caso de los dos personajes, vienen de relaciones tan profundas. Uno es viudo de un matrimonio de 40 años y la otra es una separada de un matrimonio de 10 años. Los dos están con la sensibilidad a flor de piel”, detalló el director sobre la obra que ya vino y ahora vuelve en octubre a Rosario.
Campanella confesó que el éxito de “Empieza con D, siete letras” tomó por sorpresa incluso a su propio equipo. Después del fenómeno teatral de "Parque Lezama", el director sabía que no sería sencillo volver a lograr una conexión tan fuerte con el público.
“Fue una cosa que la verdad nos sorprendió”, contó. “Con Eduardo veníamos de Parque Lezama y decíamos: va a ser difícil encontrar una historia que conecte así emocionalmente. Y desde las primeras semanas era la misma reacción: aplausos de pie, aplausos a telón abierto”.
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Entre la escritura compartida y la química en escena
Según contó el director, “Empieza con D, siete letras” comenzó a gestarse hace varios años a partir de una idea de Cecilia Monti, su esposa desde hace más de 20 años. “Yo siempre escribo en colaboración porque me gusta rebotar ideas. En este caso es una historia originada por ella, que trabajó durante bastante tiempo. Al principio yo hacía de lector y opinador, pero después empezamos a trabajarla juntos”, explicó. El proceso creativo fue largo: “Estuvimos casi cinco años desde que empezó el proyecto hasta que terminamos la obra”.
Para Campanella, el elenco también fue fundamental para que la historia encontrara su tono. En ese sentido, la elección de los protagonistas no fue aleatoria: ambos son figurita repetida en las producciones del director.
Con Eduardo Blanco, por ejemplo, la relación se remonta a comienzos de los años 80, cuando ambos trabajaban en proyectos filmados en "Super 8". Con el paso del tiempo volvieron a coincidir en distintos trabajos, entre ellos el éxito teatral "Parque Lezama". En tanto, con Victoria Almeida ya es la tercera vez que trabaja. Antes compartieron proyectos como la serie "El hombre de tu vida" y la comedia teatral "Qué hacemos con Walter".
“Siempre me han dicho que tanto Ricardo Darín como Eduardo Blanco son actores fetiche. Y ‘fetiche’ suena como amuleto, como si los eligiera por cábala”, comentó entre risas. Sin embargo, rápidamente aclaró: “No es por cábala. A mí me gusta contar historias con mucho humor, pero manteniendo siempre el sentido de la verdad, sin caer en lo farsesco. Esa sensibilidad es muy difícil de dirigir: el actor la tiene o no la tiene”.
Por eso valora especialmente a intérpretes capaces de moverse con naturalidad entre la comedia y el drama. “Es como el baile de Fred Astaire. Si el actor tiene ese talento, puede hacerte reír mucho y al mismo tiempo sorprenderte con algo más profundo. Cuando lo tienen, como Eduardo y Victoria, es un premio”, detalló.
La obra se sostiene justamente en el vínculo entre esos dos personajes y en la evolución de ese encuentro inesperado. Pero incluso con actores experimentados hay un factor que sigue siendo imposible de prever, lo que el director define como “una lotería”: la química entre ambos.
“No lo ves hasta que los ves en escena, o en una película hasta que los ves en pantalla”, dijo el director. En ese sentido, recordó: “Me ha pasado trabajar con parejas que no se hablaban, y también con gente que era pareja en la vida real. Y la química no tiene nada que ver con ninguna de las dos cosas. Puede ser una pareja que se ame y que en el escenario no pase nada, o pueden ser dos personas que casi no se hablan y cuando ves la obra terminada decís: esta gente se ama desde toda la vida”.