Enrique Piñeyro vuelve a Rosario: "Mucha gente venció el miedo a los aviones después de ver la obra"

El actor, director, productor y aviador presenta su espectáculo "Volar es humano. Aterrizar es divino", este sábado en el Teatro El Círculo

17:12 hs - Viernes 22 de Mayo de 2026

"Mucha gente me dijo que venció el miedo a los aviones después de ver la obra”, confesó Enrique Piñeyro. Y enseguida explicó una de las ideas centrales de “Volar es humano, aterrizar es divino”, el unipersonal que este sábado vuelve a tomar pista en Rosario. “La idea es cambiar miedos ¿Cuál es el momento más peligroso? Bueno, el trayecto de tu casa al aeropuerto", comentó en diálogo con La Capital.

Difícil de definir en una sola profesión, Piñeyro construyó una carrera atravesada por mundos muy distintos entre sí. Es piloto de avión, actor, director de cine, productor y también chef. Entre sus trabajos como realizador, aparecen películas como "Whisky Romeo Zulú" y "El Rati Horror Show". Además es dueño de Anchoíta, uno de los restaurantes más prestigiosos de Buenos Aires. Reconocido por su combinación de productos de excelencia, creatividad culinaria y una obsesiva atención al detalle, el lugar genera una demanda poco habitual: las reservas para todo un año suelen agotarse en apenas un día. A esa lista de actividades, sumó este año un nuevo proyecto: en abril formalizó la creación de Anchoíta Aviación en Argentina, destinada a vuelos privados, misiones especiales y ayuda humanitaria.

En medio de una agenda marcada por proyectos diversos e intensos, Piñeyro regresó a Rosario para hablar con La Capital sobre “Volar es humano. Aterrizar es divino”, la obra que aterriza en la ciudad por tercera vez. Se trata de un espectáculo donde combina humor, ironía y reflexión para desmontar algunos de los grandes mitos alrededor del miedo a volar.

La cita es este sábado 23 de mayo, a las 20.30, en el Teatro El Círculo. Allí, el actor desplegará una propuesta inmersiva que fusiona teatro y cine, sostenida por una impactante puesta en escena: la recreación en tamaño real de una cabina de Boeing 707, pantallas y un sistema de proyecciones envolventes de alta resolución que sumergen al espectador en la experiencia de volar.

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“La aviación, en principio, es un buen espejo de donde podríamos sacar muchísimas cosas para nuestra vida en superficie”, comentó el piloto. Y es justamente en este espectáculo donde Piñeyro reúne sus distintas facetas: la pasión por la aeronáutica, el lenguaje cinematográfico y su experiencia como actor sobre el escenario. Con una mirada crítica sobre la sociedad actual, toma a la aviación como un modelo de organización y profesionalismo para pensar otros ámbitos atravesados por la improvisación, como la política, la salud, la educación, la justicia y los medios de comunicación.

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El miedo a volar y la aviación como una forma de mirar la vida

Más allá del despliegue técnico, el actor sostuvo que su unipersonal es una manera de compartir una mirada sobre la vida construida a partir de décadas en la aviación: “Hay algo autobiográfico, no en el relato pero sí en forma de percepción. Cuando uno llega a una edad, empieza a devolver lo que vio del mundo, a devolverlo asequible y amable”.

El espectáculo gira alrededor del miedo a volar y retoma otros temores cotidianos. Desde el escenario, Piñeyro intenta trasladar la seguridad y la lógica que aprendió siendo piloto para desarmar algunos de esos miedos y volverlos más comprensibles. Para él, la aviación “es una fuente de conocimientos, sabiduría y respeto por la seguridad, por la vida, por la emergencia”. Explicó que ese universo combina disciplina, destrezas psicológicas y trabajo en equipo dentro de “un mundo despiadadamente productivo”.

Después de tantos años arriba de un escenario, Piñeyro sigue intentando entender por qué el avión continúa despertando tanta desconfianza. “Moverte en tres dimensiones ya te genera una crisis de conocimiento”, manifestó.

A eso, dijo, se le suma la sensación de encierro y las condiciones cada vez más incómodas de los vuelos comerciales: “Estar encerrado en un tubo da una claustrofobia. Ahora están sacando relleno a las almohadillas de los asientos. La cantidad de baños por pasajeros es inaceptable. Todo es un ámbito bastante agresivo“. “Obviamente, si vas en primera, todo eso cambia. Y empieza a ser un placer”, ironizó antes de rematar con humor: “Yo me hice piloto para no viajar en economy”.

Sin embargo, aseguró que gran parte del miedo aparece por la sensación de no tener el control: “Es comprensible que le tengan miedo, pero es medio incomprensible si uno lo compara con toda la casuística de las otras actividades”. En ese punto aparece otra de las ideas centrales de la obra: entender el miedo no como una debilidad, sino como una herramienta. Para Piñeyro, es “la forma que tiene el cuerpo de comunicarte cosas”.

En ese sentido, explicó que “la destreza psicológica del piloto es entender esa emoción, disociarla y poder seguir haciendo lo que uno tiene que hacer". Y fue más allá: “Yo no me subiría a un avión con un piloto que declare no conocer el miedo”.

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El piloto también se mostró entusiasmado por volver a la ciudad. “Siempre la pasé muy bien”, aseguró. Y sumó, sobre el vínculo construido con el público rosarino a lo largo de los años: “Hay gente que le divierte más la gestualidad, otra que le divierte más la actuación o el juego de palabras. Y eso pasa siempre. Y acá siempre me fue muy bien, todo fluye”.

Un espectáculo que se despega del stand up clásico

Con una cabina de avión recreada sobre el escenario y recursos audiovisuales cada vez más sofisticados, Enrique Piñeyro explicó que “Volar es humano, aterrizar es divino” está lejos de ser un stand up convencional: “El stand-up es un micrófono, una pared de ladrillo y un banquito. Acá tenemos un cruce con cine, tecnología de audio y de video, proyecciones”.

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La idea surgió, justamente, a partir de su recorrido por la industria cinematográfica y de su necesidad de encontrar otra forma de hablar sobre aviación sin caer en una charla técnica. “Yo hacía películas, pero me gustaba más la charla post película que filmar”, recordó. En ese proceso, descubrió que lo audiovisual podía convertirse en una herramienta potente para trasladar al escenario sensaciones y conceptos ligados al vuelo: “¿Cómo puedo hacer esto sin hacer una película que te demanda un esfuerzo demencial? Y ahí fue donde cayó la idea del teatro”.

Desde entonces, el espectáculo fue creciendo función tras función. “Está cada vez más inmersivo. Y cada vez más tratando de transmitir esa sensación de estar adentro del avión”, señaló Piñeyro sobre una puesta que ahora también incorporó tecnología 3D.

Aunque detrás de escena todo parece funcionar con la precisión de una cabina de mando, el actor aseguró que la obra también necesita espacio para el vuelo libre y la espontaneidad. “Detrás del escenario parece que estás en la Nasa por las pantallas y los cableríos, pero el show no está pautado. Tiene un poco de improvisación porque eso me da la libertad absoluta de interactuar con el público y sentirme suelto”, contó.

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Aun así, aclaró que esa libertad se sostiene sobre una estructura técnica extremadamente rigurosa, inspirada directamente en la lógica de la aviación. “Hay mucho equipo stand-by: si falla uno, falla el otro y fallan los tres”, explicó. Así, entre el rigor aprendido en la aviación y la flexibilidad del teatro, Piñeyro construye un espectáculo que, como un vuelo, necesita tanto control como capacidad de adaptación.