El músico español regresa a la Argentina en el marco de su gira “Nuevas mutaciones tour 2026”, luego de publicar un disco donde incluye tango y folklore argentino.
06:30 hs - Viernes 05 de Junio de 2026
Enrique Bunbury nació en Zaragoza, tiene 58 años y es uno de los músicos españoles vinculados a la cultura rock más destacados de la historia. Comenzó su carrera en la década del 80, y en los 90 y al frente de la banda Héroes del Silencio, cobró notoriedad en Latinoamérica y el resto del mundo. Sin embargo, resulta reduccionista vincular su música solo al universo del rock.
Desde finales del siglo XX, su etapa solista atraviesa múltiples musicalidades, sin que eso signifique falta de personalidad. Por el contrario, Bunbury es un artista atravesado por la curiosidad y el gusto por diferentes músicas, que se conjugan en un estilo propio. En el 2025 publicó un disco titulado “Cuentas pendientes” y en este 2026 un nuevo material que se llama “De un siglo anterior”.
En entrevista con La Capital, confiesa que este “es un disco que nace de la experiencia del anterior” y especifica que se refiere a la experiencia humana con un equipo de personas con quienes se generó una relación maravillosa durante el proceso de grabar canciones. Y agrega: “también pensaba que el disco anterior era una mirada hacia el folklore, hacia la música popular latinoamericana e hispana y me parecía que era muy pronto para irme a otro lado. Con ‘De un siglo anterior’, cierro este ciclo”.
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El título proviene de una canción, pero es una especie de provocación que Bunbury suelta en un momento en el que todavía conviven quienes han vivido y trabajado en ambos siglos: “Quienes recordamos cosas que se están empezando a diluir, formas de vivir, de convivir, de relacionarnos, que parece que están destinadas al olvido. Estamos viviendo, principalmente, un cambio tecnológico que nos está llevando a otra forma de vida. Y me parecía interesante rescatar la mirada de los que todavía estamos y podemos hablar de cómo se hacían las cosas en un siglo anterior”.
- Hace muy poco, Rafael cumplió 83 años. Paul McCartney acaba de publicar un disco y los Rolling Stones están en eso. ¿Son una excepción o hay gente interesada en vivir los consumos culturales como en el siglo anterior?
La verdad es que yo me encuentro mucha gente de las nuevas generaciones interesadas por formas concretas, tecnológicas principalmente, del siglo anterior. Gente interesada en la fotografía, o técnicos e ingenieros que me hablan de las bondades de grabar en cinta. Entonces, esa reivindicación de ciertos formatos sí que la veo, el interés por las nuevas generaciones por comprar vinilos o incluso cassettes. ¿Es mayoritario? No, no es mayoritario. La mayoría se zambulle en las nuevas tecnologías como si fuera la única opción y como si fuera obligatorio, un progreso, algo que mejora nuestras vidas. Y hay veces que sí y hay veces que no.
Bunbury, folklore y tango
- “En el arcén” es un tango que compusiste vos e inmediatamente después viene “Zamba para olvidar”, de Daniel Toro, muy conocida en nuestro continente y en Argentina en particular. ¿Cómo es tu relación con nuestro folklore?
Bueno, mi pasión por el tango principalmente es lo que a mí más me emociona, aunque también me gusta la música campesina, pero el tango, que tiene un componente más urbano, siempre me fascinó musicalmente, también por los textos. He cantado tangos a lo largo de mi carrera, en alguna ocasión he grabado alguno, pero también quería componer. Mi interés por la música popular argentina viene de mis visitas a tiendas de discos, principalmente en Buenos Aires, donde me iban recomendando amigos de la ciudad. He hecho mis pequeños descubrimientos, en su momento desde mi perspectiva de joven rockero que se asomaba a las tiendas con interés y con humildad.
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- ¿Te costó componer un tango?
Pues, sí. Y cantarlo, porque realmente es posible que sea la canción que más veces canté en este disco, hasta que le encontré, digamos, el flow y me metí. Mi cantante de tangos favorito de siempre es Roberto Goyeneche. Para mí es como Dylan, como Sinatra. Tiene un fraseo, una forma de meter las palabras, que bailan, se retrasan, se adelantan con una capacidad rítmica tan compleja. Me parecía lo más difícil ubicar mi voz en algo rítmicamente semejante. Sé perfectamente que me estoy lanzando a una piscina en la que puedo salir un poco dañado. Y que hay gente que puede tomárselo de forma ofensiva. Espero que se note que lo he hecho con muchísimo respeto y muchísima admiración.
¿Charlaste con colegas tuyos argentinos sobre cómo hacerlo? Pienso en Andrés Calamaro, que ha compuesto sus propios tangos.
No, porque si hablo con Andrés de esto, me revienta y no escribo ningún tango, no me atrevo y digo “ok, tiro la toalla”. Entonces, acepté el reto de intentarlo y de hacerlo desde mi punto de vista e intentando dejar mi impronta personal, aceptando mi españolidad también.
Muchos autores dicen que componer una canción es un dolor. ¿Qué te parece este concepto?
Entiendo perfectamente lo del dolor, que al final acaba convirtiéndose en un placer, cuando ya has pasado por todo el proceso de escribir el texto, de enfrentarte a la música y de parir con dolor. Pero una vez que está escrita, cuando la grabas en un estudio, para mí es un inmenso placer el ver que hay algo ahí, que ese periodo de enfrentamiento contigo mismo ha dado un buen resultado, uno digno de ser compartido.
Ese enfrentamiento contigo mismo, ¿es como sacar de adentro tuyo algo que no sabías que tenías?
Sí, bueno, incluso de pelearlo, con el pudor. Hay veces que te enfrentas a hasta qué punto quieres desvelar cosas, hasta qué punto quieres mostrarte desnudo delante del público.
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Para este disco escribiste “Los recuerdos se van a borrar, la memoria se podrá adaptar”. ¿Por qué?
Bueno, la memoria, al final, es muy tramposa. La adaptamos a según nuestras propias necesidades. Es cierto que tenemos momentos dolorosos que guardamos en nuestra memoria, pero cuando los músicos miramos hacia el pasado y hablamos de las cosas que nos han ocurrido, tendemos a engrandecerlas y tendemos a adornarlas y a parecer más legendarios de lo que realmente somos. Creo que eso nos ocurre también en cualquier aspecto de la vida. Nos hacemos trampas recordando. Hay veces, incluso, que cuando hablamos de recuerdos de la niñez, en realidad no son del todo nuestros recuerdos, sino anécdotas que nos han contado. No tenemos ese recuerdo, pero ya ahora pensamos que es un recuerdo nuestro cuando rememoramos nuestra infancia.
Antes mencionaste a Dylan. Sus crónicas, que resultaron hermosas, a la vez dan a pensar que inventó todo. No se puede acordar de cuando tenía cuatro años con el detalle y la narrativa con la que lo escribió.
Él hizo literatura, y en la literatura, como en las canciones, somos también mentirosos. Adaptamos las cosas para embellecerlas y para entregárselas al oyente de forma que tengan algo con lo que conectar. Y yo le agradezco enormemente a Dylan ese libro, porque me parece un maravilloso libro de crónicas en el que, posiblemente, la mitad de las palabras sean literatura y sean mentira, y no estén basados más que en su idealización de un momento concreto.
¿Cómo es el show que traes a Argentina en Movistar Arena?
No es la gira de “Un siglo anterior”. Lo que voy a hacer es meter este disco en mi carrera, es una gira en la que reviso, con un formato electroacústico y muy orgánico, una banda de diez músicos, canciones de todo mi repertorio, desde Héroes del silencio hasta aquí. Mostrando canciones, algunas que no he tocado nunca, algunas que he interpretado muy pocas veces, y algunas con arreglos, con estas nuevas mutaciones que las desubican un poco de su lugar. O sea, es una gira para mí muy interesante porque el setlist creo que va a sorprender y va a emocionar.