Dillom en Movistar Arena: un artista desgarrándose para entretener

A estadio lleno, el joven artista presentó su segundo álbum, "Por Cesárea". Lali y Wos fueron los invitados de lujo que se subieron al escenario

Martes 27 de Agosto de 2024

Dillom sigue presentando "Por Cesárea", su segundo disco, que lanzó este año. Luego de dos shows sold out en junio en el Luna Park, pasó al Movistar Arena -espacio donde se duplica el público y un poco más-, y también agotó dos fechas en apenas pocas horas. La convocatoria es mucha, y todavía es un artista con pocos años de trayectoria; sin embargo, genera y sostiene este momento con una obra que presenta un nivel de complejidad artística poco frecuente en los consumos masivos en tendencia.

Se trata de alguien que puede hacer un show entretenido, venderlo bien, captar la atención durante una hora y media, con contenido teatral, con un montón de información musical, sin tocar dos de sus mayores hits (no hizo "Opa" ni "Sauce"), mientras lo que está contando es una historia desgarradora. Claramente rompe los cánones de las tendencias, donde la mayoría de las propuestas que explotan las taquillas responden a las pautas de la época donde todo sale más procesado, en clave fast food: efímero, rápido y eficiente.

Tampoco abunda en los consumos masivos eso del artista desgarrándose para entretener. Por Cesárea (y su disco anterior, "Post Mortem") describen historias poco simpáticas. Dillom entendió -o simplemente es lo que le sale- el clima de época, en el sentido de que no todo es alegría y diversión, y también existen personas que necesitan que le canten la posta con un lenguaje poco lavado, que impacte, que te la dé en la pera.

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En ese sentido, durante el show el público recibió estímulos irrefrenables, transferidos en forma de pogos, cuerpos rozándose, un campo que se movió constantemente en ollas humanas a punto de ebullición entre pequeñas cabezas danzantes, como si fueran gotas a borbotones en hervor. Rondas que se abren y se cierran, se empujan y saltan y gritan y cantan. Viven, sienten, seducidos por alguien que está dejando todo y está utilizando otro leguaje.

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A estadio lleno, este fin de semana el joven artista presentó su segundo álbum, "Por Césarea"

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Además, sin ser conservador ni condescendiente, se adivina que deglutió muchos de los elementos tradicionales de la cultura pop, lo cual también atrae al público adulto.
Durante el show, también existieron posturas clásicas y hasta estereotipos del rock (el Gringo tiene todo el look de un violero heavy metal) con guiños a Guns n'Roses, Ramones y Depeche Mode, y por supuesto conceptos visuales vinculados al suspenso y al terror. Así, el espectáculo transita por momentos agresivos, amables, tristes, felices, que puedan dar miedo, y también seguridad.

La presencia de un corazón -que también parece un nido-, latiendo, colgando sobre el público, delante del escenario, es escalofriante. Y si bien los invitados fueron muy grosos, ni Lali en "La Carie" ni Wos para hacer "Cabezas Cromadas", se llevaron los momentos más conmovedores del concierto. Los climas más excitantes se dieron cuando Jonas, el hermanito de Dillom, irrumpió en escena representando a la niñez del personaje, que cuando ya es grande entona en “Últimamente” una de las letras más perturbadoras del disco. También en “Muñecas”, donde Dillom apareció con una máscara que oscila entre el arte de tapa de "Por Cesárea" y "El Fantasma de la ópera", y terminó vestido de mujer, suicidándose, cayendo al piso.

Otros momentos destacados se dieron con "Cirugía" y el público iluminando el estadio. "Rili Rili", "Ola de suicidios’ y "Buenos Tiempos", desafiaron el nivel de pogo. Es reduccionista ponerle una etiqueta, porque no se cierra a nada. Los artistas K4, Broke Carrey e ill quentin también fueron parte de la presentación, que del mismo modo tuvo a las cuerdas del Cuarteto Divergente en una destacada presencia climática, visual y musical en el escenario.

Bravísimo show de Dillom, con un final desapareciendo de escena cual fantasma, que interrumpió la emoción y rompió el catálogo establecido de cómo debe finalizar un show: si la norma indica que hay que cerrar bien arriba, con pirotecnia y bises, Dillom lo terminó con una canción reflexiva ("Reiki y yoga"), entre humo blanco, sumergiéndose en la superficie y desapareciendo su cuerpo en fantasmagórica figura.