Jueves 10 de Febrero de 2022
Sin un liderazgo ordenador tras la muerte de Miguel Lifschitz ni una posibilidad visible de construir una alternativa propia con chances de llegar al gobierno en 2023, los distintos sectores que componen el socialismo santafesino discuten su integración –o no– a un eventual frente de frentes que reúna a los sectores no peronistas con una convicción: la experiencia acumulada en 12 años de gestión en la provincia y los cuadros que le dieron forma son un capital fundamental con el que hoy no cuentan los actuales integrantes de Juntos por el Cambio.
De todos modos, no hay una posición única. A grandes rasgos se podría decir que el sector del exgobernador Antonio Bonfatti, que volvió a activarse políticamente, empuja que su partido dé el paso para una nueva construcción política, mientras que los dirigentes que eran más cercanos a Miguel Lifschitz y hoy conducen el partido prefieren no apurar definiciones.
Del otro lado –sobre todo el del radicalismo– ya pusieron la mesa, bajo la lectura de que el socialismo no tiene margen para ir solo. Pero también de que, a la vez, su presencia en un frente de frentes es fundamental para ganarle la provincia a un peronismo que tras la derrota electoral del año pasado, y las dificultades que enfrenta en la gestión, comenzó a trabajar fuerte para volver a unir las partes que llevaron a Omar Perotti al triunfo en 2019.
Un nuevo mapa político
El resultado electoral de 2021 redefinió el mapa político provincial. Marcó, entre otras cosas, el fin de los tercios en que, votos más votos menos, se dividieron las preferencias en anteriores comicios y que de alguna forma pusieron a Santa Fe en un lugar diferente al de la grieta.
Pero además, consagró a la UCR –con el triunfo de Carolina Losada y el segundo lugar de Maximiliano Pullaro dentro de la interna de Juntos por el Cambio– como el referente articulador del espacio opositor.
El fin del escenario de tercios es lo que empuja al socialismo a ir hacia una nueva construcción opositora, si es que –argumentan los sectores "frentefrentistas" del partido– quiere evitar ser una referencia más testimonial que de gobierno. El hecho de que sea el radicalismo y no el PRO –el PS solía decir que el límite era Macri– quien vaya a liderar esa nueva coalición es lo que le allana, le facilita, el acercamiento: las conversaciones son constantes.
Sin embargo, el sector que tiene entre sus principales dirigentes a Clara García cree que aún no es tiempo de caminar en esa dirección, pues falta un año para la presentación de listas y tanto el escenario provincial como el nacional son inciertos y cambiantes. “Nadie hoy puede decir quién va a ser el próximo gobernador ni el próximo presidente; es algo inédito desde el 83”, graficó una fuente del grupo que conduce el partido consultada por este diario.
En ese sentido, la postura que expresan es que el socialismo debe fortalecer lo propio y llegar a fin de año con opciones: una sería ir al frente de toda la oposición, la otra sostener el Frente Progresista en lugar de ir a una alianza con la UCR y el PRO y se sustenta en que el socialismo, desde su punto de vista, tiene identidad y apoyo electoral para hacerlo. En ese sentido, sostienen que la cosecha de Clara García el año pasado –cerca del 13 por ciento– es un piso lógico para una elección de medio término, muy influenciada por la polarización nacional.
La pregunta es si la de ser una "tercera opción" es una estrategia real, una apuesta a futuro más allá de la elección de 2023 –con recambio generacional incluido–, o solo buscan estirar la negociación para subirse el precio.
Una alianza histórica
Desde el año 95 el PS y el radicalismo son las partes fundamentales de sociedades políticas que le dieron origen al Frente Progresista, la alianza que llevó a Hermes Binner en 2007, a Bonfatti en 2011 y a Lifschitz en 2015 a la Gobernación. Por esa misma fuerza llegó Pablo Javkin a la Intendencia.
Es decir, hay una larga historia –aun con tensiones– de trabajo conjunto. Y eso incluye a varios de los actores llamados a protagonizar el proceso político que culminará con el recambio electoral de 2023, como Maximiliano Pullaro –que fue ministro de Seguridad durante los cuatro años de gobierno de Lifschitz–, Julián Galdeano, el propio Pablo Javkin, Clara García, María Eugenia Schmuck, Dionisio Scarpín.
¿Carolina Losada? Más allá de si es o no candidata, es difícil pensar que no tenga un rol importante en las campañas que vienen. Su discurso acaso sea el más complejo de digerir para el “progresismo” local.
“No es momento de hablar de nombres sino de cómo será la construcción política y de programas”, patean la pelota para adelante los socialistas más proclives al frente de frentes. Que, acuerdan desde todos los sectores que lo impulsan, tendría un nombre diferente a Juntos por el Cambio y no obligará a sus integrantes a seguir el mismo alineamiento a nivel nacional, algo que ya pasó en el Frente Progresista y que se ve favorecido porque las elecciones provinciales van desdobladas de las nacionales.
Siempre la grieta
En las últimas horas hubo dos hechos que marcaron, de alguna forma, el inicio del año de la rosca política que se pondrá sobre el plato en el 2023: las reuniones del presidente del PJ santafesino, Ricardo Olivera, con representantes de los distintos sectores internos, y el encuentro en el que los titulares de la UCR, el PRO y la Coalición Cívica llamaron a construir “una coalición que sea alternativa de gobierno en la provincia”.
La grieta llegó a Santa Fe y parece que para quedarse. Ningún socialista hubiera deseado ese escenario y cómo plantarse ante el mismo genera hoy por hoy fuertes discusiones internas. Pero por ahora, es lo que hay.