Miércoles 17 de Noviembre de 2021
El año electoral que concluyó el domingo dejó al socialismo santafesino dos certezas en su memoria y balance de 2021. Una es su capacidad de sobrevivir a derrotas electorales y la muerte de Miguel Lifschitz, y la otra, que el futuro lo obligará a tomar decisiones difíciles de procesar. Mientras tanto, su ¿ex? socio Pablo Javkin empezó a emitir señales hacia todo el espectro opositor.
Como hermano mayor de un Frente Amplio Progresista por el éxodo de la corriente NEO a Juntos por el Cambio, el PS cerró de manera decorosa un 2021 marcado por una interna partidaria en donde se reafirmó su núcleo dirigente y, sobre todo, el fallecimiento de su líder y, por lejos, mejor candidato.
Con unas legislativas dominadas por la grieta nacional, después de 2013 –la última gran elección nacional del progresismo en la provincia– el PS preservó a sus mejores jugadores para las elecciones a gobernador. Lifschitz era la excepción: el plan era usar 2021 como tanda de clasificación y ubicarse en la pole position para volver al poder en 2023.
En la cocina del PS aseguran que, pese a todo, el último plato electoral les dejó un gusto dulce en la boca. “Estamos contentos y conformes”, dijo a La Capital un integrante de la primera línea del Partido Socialista. Y argumentó: “Ya en la interna tuvimos una parada difícil, con una candidata con mucho desconocimiento, con el intendente de Rosario jugando para el otro candidato, y con el partido en duelo por lo de Miguel. Después nos propusimos que Verónica entre el Concejo, que Mónica sea diputada nacional y dejar posicionada a nivel provincial a Clara con dos años para trabajar, y lo conseguimos“.
En la planilla de Excel del laboratorio socialista resalta que Clara García duplicó la cantidad de votos entre las Paso y las generales, y que sacó 18 puntos porcentuales en Rosario. En el PS se entusiasman con el almanaque: ven que tienen dos años para seguir con la instalación de cara a unas elecciones en las que, creen, los electores se inclinarán por quienes puedan exhibir experiencia de gestión.
Clara García, una de las principales apuestas del socialismo para 2023. Foto: Sebastián Suárez Meccia / La Capital
En esa carrera de fondo en la que dicen participar verán en 2022 y comienzos de 2023 “para qué está” la presidenta del bloque del FAP en la Cámara de Diputados y viuda de Lifschitz. “Puede ser para intendenta, gobernadora o incluso vice, no hay que olvidarse de que empieza a jugar la ley de paridad”, indicaron desde el campamento socialista.
Sin embargo, el horizonte aparece lleno de nubarrones para el partido. Sin Lifschitz, que era el último dique local contra la polarización, el peronismo y Juntos por el Cambio ocupan casi todo el escenario. En este marco, las terceras fuerzas quedan más relegadas y con menos chances de dar el zarpazo.
Opciones
Rápido de reflejos –aunque un poco a contramano del humor social dominante, que pide a los políticos concentrarse en las urgencias de la ciudadanía–, al día siguiente de las generales Javkin subió una foto con el senador electo por Juntos por el Cambio Dionisio Scarpin y planteó la necesidad de armar “nuevos frentes”.
Después de la crisis de 2001, cuando implosionó el radicalismo, el principal vehículo político de las clases medias, y especialmente tras la emergencia del PRO y Juntos por el Cambio, en el espacio progresista compiten tres grandes hipótesis, que generaron experimentos de resultado diverso.
La primera es la ideológica, defendida a fines de los 2000 por el ex diputado nacional Jorge Rivas y el grupo del socialismo bonaerense: como el PS es un partido de izquierda democrática, postula, su hábitat natural es el campo nacional popular, donde dominaba –y domina todavía– el kirchnerismo.
La segunda, la sociológica, es la hoja de ruta de Roy Cortina y el socialismo porteño. Plantea que como la base electoral del partido son los sectores medios, hoy representados por Juntos por el Cambio, se trata de construir la pata progresista de esa coalición.
La tercera –pongamoslé la etiqueta de “autonomista”– es la que llevó adelante la conducción nacional del partido, hegemonizada por el socialismo santafesino: frente a los grandes polos de la grieta, tratar de transitar los carriles del centro, aunque sean cada vez más angostos.
Riesgos
Con un Frente de Todos liderado en la provincia por Perotti, que expresa un peronismo más moderado y amigable con los mercados (sobre todo, con el mundo agropecuario), las opciones que podrían sumar más adeptos son la dos y la tres.
De todos modos, un cambio brusco de dirección puede ser difícil para quienes tienen el timón partidario en sus manos. La línea partidaria, que es lo que mueve sobre todo a la militancia y los simpatizantes, acota el margen de maniobra de los dirigentes. Mucho más, cuando nadie cuenta con el capital político de un Lifschitz, o un Hermes Binner para liderar un giro de 180 grados e imponer condiciones a los eventuales socios de una nueva alianza.
Javkin, Schmuck y Scarpin, en una foto que sacudió el avispero al día siguiente de las elecciones
Así, la conducción del partido se enfrenta a dos alternativas riesgosas: una política audaz, pero que implique una subordinación y el desdibujamiento del perfil propio en una nueva coalición (e, incluso, la ruptura del partido), o una política más cauta, pero que acentúe la irrelevancia y el drenaje de sus recursos de poder.
Mientras tanto, otros grupos internos advierten que en el camino hacia 2023 habrá un congreso partidario que definirá la política de alianzas: “Ahí irán los delegados y cada uno expondrá su visión de dónde tiene que estar parado el partido”.
Aunque para ese momento parece faltar una eternidad, quienes se sientan en la mesa del PS ya ojean un menú con pocas opciones, y donde todas –por algún motivo u otro- son difíciles de masticar.