Martes 13 de Diciembre de 2022
Héctor Chinche Medina había estado preso desde los 17 años y hasta pocos días antes de cumplir los 22. El 5 de octubre de 1982, pese a la prohibición del gobierno de movilizarse, entró junto a su compañero Tito, también ex detenido, a la cochera de la esquina de Córdoba y Paraguay llevando plegados en la mochila caños encastrables y la histórica bandera que decía "Familiares de Detenidos Desaparecidos por Razones Políticas". A metros, en la plaza, la gente se iba reuniendo en un espacio que estaba "totalmente rodeado por servidores del orden fuertemente armados", como se leyó horas más tarde en la edición del Diario La Capital. Medina y su compañero armaron la bandera adentro de la cochera y desde ahí aparecieron para dar inicio a la que fue la marcha "Por la vida y los derechos humanos", una convocatoria que se realizó simultáneamente en diferentes ciudades del país y que se plantó frente a la dictadura cívico militar en reclamo por los detenidos desaparecidos.
"Fue emocionante el aplauso que hubo, cómo la gente se concentró y cómo inmediatamente la motorizada intentó reprimirnos partiendo la movilización en dos", relata Medina, que aún recuerda con precisión cómo, pese al hostigamiento constante de las fuerzas de seguridad, los manifestantes lograron llegar hasta la sede de los diarios La Capital y Rosario, en una protesta que se extendió hasta pasadas las 21 de ese día.
Esa no fue la primera movilización que Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, organismos de derechos humanos y familiares de detenidos desaparecidos realizaban en Rosario; sin embargo, la convocatoria lanzada para ese día en la plaza Pringles sí fue de las primeras realizadas simultáneamente en diferentes ciudades del país (desde Capital Federal y Córdoba hasta Mendoza, Tucumán y Neuquén) para plantarse frente a un régimen, ya más debilitado tras la derrota en la guerra de Malvinas, pero que seguía ejerciendo la represión férrea ante las denuncias y reclamos públicos. Una protesta que fue un hito y que este martes, a las 9.30, quedará inscripta en el espacio público rosarino.
A 40 años de ese hecho, la Secretaría de Género y Derechos Humanos del municipio y el Concejo Municipal señalizarán el que fue en ese momento el punto de partida de la protesta: la plaza Pringles, más específicamente la esquina de Paraguay y Córdoba. Una marca que recordará a todo el que pase por allí esa convocatoria lanzada por la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), el Movimiento Ecuménico, la Liga Argentina por los Derechos Humanos (LADH) y Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas de toda Argentina, a la vez que hará visible el rol que esa acción tuvo en el proceso de exposición pública y de denuncia del terrorismo de Estado, así como en el debilitamiento del régimen instaurado en el país en marzo de 1976.
En Buenos Aires, donde la movilización, según la prensa gráfica, alcanzó unos 10 mil participantes encabezada por las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y referentes como el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, el objetivo planteado era alcanzar la plaza frente a la Casa de Gobierno e incluso entregar un petitorio. Una meta que quedó trunca por el accionar policial.
En Rosario, como en el resto del país, la marcha no había sido autorizada y tal es así que la tapa del Diario Rosario del mismo 5 de octubre tituló "Marcha prohibida". Así y todo, ese día la movilización se llevó adelante y tuvo a la plaza céntrica como punto de partida.
Ana Moro, ex detenida desaparecida del Servicio de Informaciones, militante por los derechos humanos y familiar de detenidos desaparecidos recuerda que ya en el 78 y 79 se habían realizado en Rosario "algunas movilizaciones por la peatonal Córdoba", pero señala que ese día no participó, pero sí llegó a ver en el centro el inicio de la marcha .
"En esos días era el cumpleaños de mi sobrino de 8 años y el de mi hijo, de 5, además tenía una bebé de meses y tenía algo de miedo", dice a La Capital sobre esa tarde. Recuerda que fue al centro a comprar algunos regalitos para los chicos y llegó a ver a Esperanza Labrador, histórica Madre de Plaza de Mayo de la ciudad, que los llamaba a sumarse.
"Ese año ya había sido lo de Malvinas, en agosto había estado en Rosario Pérez Esquivel y fue la primera vez que sacamos la bandera las Madres, que también nos lo habían prohibido", dice dando cuenta del clima de época. Es que si bien con una dictadura debilitada y a poco de haber salido en libertad, lejos estaba de poder hacer y decir sin temores.
El centro, escenario de protesta
Silvia White, otra histórica militante por los derechos humanos en la ciudad, recuerda que en la previa de la marcha habían "trabajado mucho" y agrega: "Salíamos a hacer pintadas, repartíamos volantes y todo lo que se hace para difundir y para que ese día la gente estuviera presente y se movilizara, por eso había mucha gente, más que otras veces".
Ahí estaban, entonces, las Madres de Plaza de Mayo, los familiares que reclamaban por los detenidos desaparecidos, los ex presos políticos, en momentos que algunos aún seguían tras las rejas. "Había empezado en ese momento a haber una mayor movilización", dice en relación a esos años que siguieron a la derrota de Malvinas.
"Fuimos unos privilegiados", afirma sin dudar de esos momentos y continúa: "Fue un grupo muy compacto de compañeras y compañeros trabajando unificadamente, APDH, familiares, la liga, las Madres. A medida que nos íbamos encontrando nos íbamos sumando, todo el que se acercaba era bienvenido".
Aunque prohibida por las autoridades, White no duda en señalar que el hecho de que la movilización se llevara adelante en todo el país le daba otro volumen y ayudaba a combatir los miedos. "Eso nos unificaba más, psicológicamente nos daba más fuerza saber que se hacía en todos los lugares donde habían ocurrido estos hechos tan terribles y eso nos mantuvo unidos allí y después también, porque fue siempre el afecto y el respeto el que nos hizo sobrevivir y salir adelante", agrega.
Medina es quien tiene grabadas las imágenes en detalle de lo que sucedió en las calles del centro rosarino desde el preciso instante en que él y su compañero aparecieron en la plaza con la bandera y durante las siguientes cinco horas en las cuales, partidos en diferentes grupos, hicieron frente a la represión policial cantando el Himno Nacional y esquivando las unidades de la motorizada que se les iban encima.
"Apenas aparecimos, la motorizada intentó partirnos, una parte logró ir por la peatonal Córdoba y otra se metió en la plaza y a partir de ahí se producen dos grupos: el que va por Córdoba y marcha hacia La Capital, donde llegan varias horas después para hacer una sentada y donde ya estaban otras compañeras", dice antes de comenzar a rescatar los nombres de quienes allí estaban: su mamá Elisa Medina, las Madres, Mariana Hernández Larguía, LIliay Echegoy, Delia Rodríguez Araya, Alfredo Bouvier, Graciela Diez y algunos más.
El segundo grupo marchó por Paraguay hasta San Luis y Corrientes, donde logró reagruparse en la plaza Sarmiento. "Todo el tiempo siendo reprimidos por la motorizada que se nos tiraba encima, pero después logramos marchar hacia el diario Rosario, en Buenos Aires y Montevideo, donde nos costó muchísimo llegar y hacer lo mismo que los otros compañeros en La Capital; una sentada y cortar la calle", dice.
Medina recuerda que la movilización llevó horas. "Nos reprimían, pero no nos detenían y eso nos permitía avanzar y cuando ya estuvimos frente a los diarios, cuando nos querían reprimir nos sentábamos a cantar el Himno", cuenta y recalca el convencimiento que sostenía en ese momento en que "sí o sí era tiempo de salir a la calle".
Versiones oficiales, en los diarios
"Movilización por los desaparecidos. Se realizó pese a la prohibición" fue la tapa del Diario Rosario a la mañana siguiente de la marcha, junto a una crónica de los hechos. El relato habla de algo más de 250 personas y de un inicio de movilización marcado por intensos aplausos y los cantos: "Libertad, libertad", "Los desaparecidos, que digan dónde están" y "Que se vayan, que se vayan".
Más fiel que La Capital, que para nada hace referencia a los hostigamientos que sufrieron los manifestantes, la crónica del Diario Rosario relata cómo los agentes policiales enrollaban las pancartas de los manifestantes, que al instante volvían a levantarse.
Según continúa, a través del megáfono se escuchó al jefe del Comando Radioeléctrico decir "esto no va más" y afirma que en ese momento los efectivos comenzaron a cargar las pistolas lanza gases y las granadas, mientras quienes marchaban comenzaron a cantar el Himno.
Una amenaza de gases que se repitió más tarde en otro sector del centro de la ciudad y a la que La Capital, en su artículo titulado "Efectuóse una marcha por los derechos humanos", tampoco hizo mención.
"La policía nunca nos dejó tranquilos, siempre estuvieron cerca nuestro; en ese sentido siempre sabíamos que estaban alrededor y entre medio, espiando, en las marchas, pero también en los actos y en todos lados, porque el aparato represivo nunca se disolvió", dice White recordando aquellos hechos.
La marca de la memoria
La señalización de la llamada "marcha ilegalizada", que en palabras de Medina "fue fruto de la resistencia fenomenal que un grupo de jóvenes sostuvo durante horas", fue una propuesta que él mismo acercó a la concejala justicialista Norma López y que acompañaron sus pares Silvana Teisa, María Fernanda Gigliani y la socialista Susana Rueda.
Ahora en la plaza no solo estará la información de lo que allí sucedió, sino que además pasará a formar parte del Programa de Marcas de Memoria de la Dirección General de Derechos Humanos y Memoria de la Municipalidad. La ceremonia se llevará adelante este martes, a las 9.30, con la presencia de autoridades, militantes y referentes de organismos de derechos humanos.
“Esta marca de memoria recupera la importancia que tuvieron las luchas del movimiento de derechos humanos para desafiar el poder de la dictadura. Una nueva señalización que dialoga con otras, como los nombres de todas las Madres de Plaza 25 de Mayo o la primera casa donde funcionaron los organismos de derechos humanos en Rosario", explica la directora de Derechos Humanos y Memoria, Cecilia Vallina, y recalca además que las señalizaciones en el espacio público "contribuyen a inscribir las luchas y las disputas sobre las que se sigue construyendo la democracia”.