La conversión nacionalista de Milei y las apuestas de Pullaro en el exterior

El presidente encontró en Malvinas una oportunidad inesperada para retomar la iniciativa y alinearse con el sentimiento mayoritario. El juego de Trump y los próximos pasos. El gobernador usa grandes eventos como vidriera para atraer inversiones en sectores clave

06:00 hs - Domingo 06 de Septiembre de 2026

Como un ateo que se entrega a la religión en un momento crítico, Javier Milei dejó de lado todo lo que había dicho sobre las Malvinas y se abrazó a una de las pocas causas que unifican a los argentinos. Todo sea por ganar oxígeno y recuperar iniciativa política.

Con años de entrenamiento en el panelismo televisivo, Milei encontró en las ambigüedades de Donald Trump una oportunidad. Sentado en la Casa Blanca como un monarca del siglo XXI, el presidente de Estados Unidos se mostró dispuesto a revisar la postura estadounidense sobre las Malvinas.

No dijo que fuera a hacerlo, pero abrió un escenario impensado. Sin embargo, más que un gesto a Milei, lo que hay detrás es un juego de presión sobre Reino Unido.

Ofendido porque siente que lo dejaron solo en su aventura en Irán, Trump quiere que su aliado de la Otan abra la billetera, aumente el presupuesto en defensa y alivie la mochila de Estados Unidos.

En ese TEG, la Argentina no es un jugador, es una ficha. Ahí aparece el límite del alineamiento automático: si Washington mueve una pieza a favor de la Argentina será por su disputa con Londres, no por las Malvinas. La oportunidad depende de intereses ajenos.

Más allá de los intereses de Trump, el mensaje de Milei en cadena nacional marca un giro de 180 grados con su posición histórica. De reivindicar a Margaret Thatcher y defender la autodeterminación de los kelpers a la efervescencia nacionalista, la discusión entre Estados y la carta de sanciones para empresas que operen en las islas.

Forzado por las circunstancias, Milei se alineó con la posición que defendieron Raúl Alfonsín y los gobiernos kirchneristas. Apuesta a salir del lugar incómodo en el que quedó durante el Mundial y reconectar con una causa nacional.

El movimiento de Milei sobre las Malvinas es sobre todo correctivo: había quedado demasiado lejos del consenso argentino sobre la soberanía de las islas. El juego de presiones de Trump al Reino Unido le dio la chance de reposicionarse, al precio de ir contra sus creencias. En este terreno, la batalla cultural terminó con una rendición.

El efecto Malvinas y un largo camino al 2027

Con la derrota militar de 1982 grabada en la memoria colectiva y unas fuerzas armadas en crisis, Milei no tiene margen para ninguna intentona bélica. Con lo que tiene en su caja de herramientas puede amenazar con sanciones a empresas, pedir ayuda a sus aliados y exprimir la dosis de poder blando que generaron los jugadores de la selección al levantar el trapo después de ganarle a Inglaterra.

La pregunta es cuánto tiempo podrá sostener Milei el tema al tope de la agenda. Dependerá de cuán dispuesto esté a aplicar multas a compañías multinacionales, hasta dónde lo ayuda Trump y cuánta solidaridad recoge en los foros internacionales un líder alineado incondicionalmente con Estados Unidos e Israel.

A eso se suma el interrogante de si el gobierno tiene la voluntad de invertir en la base naval en Tierra del Fuego, un proyecto que fue víctima de la motosierra al comienzo de la experiencia libertaria y que, según advierte ahora la oposición, podría convertirse en un caballo de Troya para la expansión de EE.UU. en el Atlántico sur.

Si el gobierno no tiene avances para exhibir, el efecto Malvinas podría evaporarse rápido. Incluso, el tema podría convertirse en un bumerán.

Parece difícil que Milei logre un clima de unidad nacional como sí consiguió la dictadura en su fuga hacia adelante en 1982. Para la oposición luce más productivo no tanto señalar la incoherencia de Milei como interpelarlo a que sea consecuente con su nueva narrativa.

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El tema Malvinas sí le da a Milei la posibilidad de incorporar una fibra nacional sin renunciar a sus ideas y su programa económico. Esos registros conviven en el mismo Milei, quien en poco más de 24 horas mostró al menos tres versiones.

El jueves se presentó en Chile como un referente de la derecha internacional e incluso se animó a reivindicar el derrocamiento de Salvador Allende y el legado de la dictadura de Augusto Pinochet. En la cadena nacional de ese día buscó el tono institucional de un jefe de Estado. El viernes, en Misiones, volvió a ser el profeta de la ortodoxia, dispuesto a perder las elecciones antes de traicionar sus creencias.

El problema es que las elecciones quedan demasiado lejos, la economía no repunta y la impaciencia crece. Incluso, entre quienes acompañan el rumbo del gobierno.

El Día de la Industria dejó una alerta. Martín Rappallini, presidente de la UIA, admitió que la estabilización es fundamental, pero pidió mirar más allá de la inflación. Con la producción fabril 10 % por debajo de 2022, el reclamo ya no proviene de los enemigos del modelo sino de empresarios que acompañaron el rumbo y ahora piden actividad y crédito. Hasta los dirigentes empresarios más amigables con el gobierno tienen que hacerse eco del malestar de sus bases.

Algo similar ocurre en el Congreso. Los aliados frenaron el Súper Rigi en el Senado y exigieron cambios para proteger a los proveedores nacionales. En Diputados, sectores dialoguistas amenazan con dar quórum a la sesión sobre morosidad y discapacidad, temas ligados al malestar social. El desafío del gobierno es desactivarla o evitar otra derrota. Otra ronda de negociaciones contrarreloj.

Encima, el gobierno suma nuevos frentes de conflicto en el plano internacional. China convirtió el posteo del influencer libertario y funcionario Juan Pablo Carreira (alias Juan Doe en Twitter) sobre la riada en Nepal en un conflicto diplomático formal.

El incidente llega después de que el embajador de Estados Unidos, Peter Lamelas, presionara para excluir a Huawei del ecosistema de Vaca Muerta. Más allá de las afinidades ideológicas de Milei, China es un actor decisivo para la Argentina.

Beijing no sólo es el segundo socio comercial del país —con fuerte peso en el complejo agroindustrial, con lo que eso significa para Santa Fe— sino también uno de los salvavidas financieros de Milei: hace un mes los bancos centrales renovaron por cinco años el swap de monedas, que le permite a la Argentina sumar 20 mil millones de dólares a las reservas del Banco Central.

Modelo for export

Mientras Milei intenta reposicionarse con el tema Malvinas, Maxiliano Pullaro construye una proyección internacional desde la gestión. Una especie de diplomacia provincial con instrumentos propios.

El Business Forum y los Juegos Suramericanos son más que eventos. Forman parte de una estrategia para mostrar una Santa Fe conectada, exportadora, organizada y capaz de sentarse con actores internacionales sin pedir permiso a Buenos Aires.

En la Casa Gris consideran que el foro de negocios realizado en La Fluvial ya se convirtió en una marca. En el gobierno piensan en la edición del año próximo, que será poselecciones. Además de las rondas de negocios imaginan una especie de coloquio de Idea del interior, con consultores económicos, especialistas en opinión pública y analistas políticos.

Antes de eso, los Suramericanos, que comienzan el sábado próximo, serán una prueba para la provincia y la ciudad. Pueden simbolizar el fin de una Rosario asociada a la violencia y el comienzo de una nueva etapa.

En el entorno más próximo al gobernador apuestan a que después de una fuerte inversión pública y resultados en seguridad consolidados fluya el capital privado. “Eso es lo que va a cambiar la piel de la ciudad”, dicen.

A la espera de esas inversiones, en la provincia proyectan grandes obras urbanas para los próximos cuatro años, como el tren urbano y desarrollos inmobiliarios en el aeropuerto, la cabecera del puente a Victoria y el sur de Rosario. En esa zona históricamente postergada se construirán para los Juegos Panamericanos Junior 2029 diez edificios que luego se venderán a sectores medios.

Ese modelo atrae a sectores políticos y empresarios lejanos al kirchnerismo y que están cada vez más escépticos con Milei. Allí entra la visita de Eduardo Duhalde, recibido este sábado con honores por Pullaro en la Casa Gris.

Aunque esta semana confirmó que no será candidato a presidente, eso no significa que renuncie a su lugar nacional. Pullaro busca hacer de Santa Fe la plataforma de un centro federal, con gestión y seguridad como credenciales.

El futuro político de Pullaro está en Santa Fe. Irá por la reelección, aunque no quiere adelantar su definición. La sociedad está en otra frecuencia y sería regalarle la oportunidad a sus adversarios para largar la campaña antes de tiempo.