En un mes se quemaron más de 600 hectáreas de la cuenca del Carcarañá
El área protegida sufrió el paso devastador del fuego en medio de una alerta roja contra incendios. A la tristeza de la naturaleza arrasada se le suma la indignación de que al menos dos de los focos más grandes fueron intencionales

Sábado 14 de Enero de 2023

El área protegida del Carcarañá se volvió cenizas. La sequía extrema, con baja humedad y el calor agobiante incubaron la trágica combinación que arrasó con más de 600 hectáreas de verde a la vera del zigzagueante río marrón. En un mes, el fuego se convirtió en protagonista y la preocupación por el área natural protegida invadió la región aguas abajo. El dato escalofriante es que de acuerdo a las pericias, al peor escenario se llegó con quemas intencionales.

La provincia de Santa Fe está en alerta roja de acuerdo al informe nacional de peligro de incendios de vegetación del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación, lo que determina el riesgo potencial para que un foco se inicie, se propague y provoque daños. En ese dramático contexto, la demanda del trabajo de bomberos voluntarios, zapadores y de la brigada forestal provincial son incesantes.

En las costas del Carcarañá uno de los mayores llamados de atención llegó a finales de diciembre, cuando se generó un incendio forestal dentro del área protegida del circuito natural de mountain bike de Pueblo Andino. Duró tres días y pese al trabajo de los cuarteles de voluntarios locales, de Serodino, Oliveros, San Lorenzo y Fray Luis Beltrán, con apoyo de zapadores de San Lorenzo, en apenas 72 horas, más de cien hectáreas de verde se volvieron gris.

Incluso afectó campos linderos y fueron los mismos vecinos y chacareros los que se sumaron y ayudaron a hacer cortafuegos con sus máquinas para evitar que el rastrojo siga siendo consumido por las llamas. Fueron jornadas de trabajo muy duras y un gran desafío para el incipiente cuartel del pueblo, último en la zona en conseguir la operatividad. Quienes sin dudas demostraron con mucho sacrificio estar a la altura de las circunstancias.

Pocas jornadas antes otra alarma había sonado. Fue en la zona de Fortín Timbó, entre Timbúes y Oliveros, donde el paso del afluente es el eje que divide las jurisdicciones. Los primeros en llegar fueron los bomberos voluntarios de Oliveros, y guiaron con su experiencia los trabajos de sofocar el fuego.

Los focos se generaron el 17 de diciembre y estuvieron encendidos hasta el 21 inclusive, mientras la atención del país estaba puesta en la final del campeonato del mundo que se disputó en Qatar. Trabajaron para contenerlo las dotaciones de voluntarios de Oliveros, Pueblo Andino, Serodino, la Brigada Forestal Regional 12, Zapadores de San Lorenzo y Brigada Bape de Protección Civil de Santa Fe. La labor fue intensa, contra reloj y con la particularidad de que al tratarse sobre todo de monte nativo, la accesibilidad fue baja o nula y el riesgo de multiplicarse muy alto.

En la misma semana surgió una nueva convocatoria, esta vez en Villa La Ribera, en la zona de La Olla. Una familia detectó que las llamas comenzaron a tomar fuerza. Lo abordaron los agentes de la Guardia Urbana de Timbúes, donde el cuartel de voluntarios está en formación. Los efectivos tomaron las primeras medidas que ayudaron a los bomberos de Oliveros y Andino. En total, se convirtieron en cenizas casi seis hectáreas de vegetación.

Avanzando en la línea cronológica, el fin de semana pasado fue clave para visibilizar el último gran incendio forestal. Pese a que se inició alrededor del 17 de diciembre, casi en simultáneo con el otro, tomó grandes dimensiones en la primera semana de enero. El cielo de Oliveros se cubrió de densas nubes de humo blanco y se acercó a la zona poblada lo que permitió por primera vez ver registros fotográficos y fílmicos. La indignación no tardó en aparecer.

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En muchos lugares, las llamas se produjeron en los márgenes del río

En total fueron 200 hectáreas las que sufrieron el paso voraz de las flamas y el hollín negruzco del área natural protegida se comenzó a viralizar. Además, para el domingo dos campos habitados en jurisdicción de Oliveros tenían fuego. Otra vez voluntarios de Oliveros y Pueblos Andino le hicieron guardia y lograron sofocarlo.

Para entonces y en un mes, más de 600 hectáreas de naturaleza fueron arrasadas.

Autoconvocados y preocupados

Uno de los campos afectados en el último incendio fue clave para movilizar la sensibilidad social. Allí vive una familia que habita el monte con mucha responsabilidad ambiental, apuestan a estudiar y conocer las plantas nativas resguardando el ecosistema con su flora y fauna para compartir los aprendizajes.

Al llegarle las llamas, todo el proyecto se puso en jaque y en paralelo fueron espectadores del enorme daño ecológico que pudieron registrar. Inmediatamente el repudio comenzó a tomar forma de reclamo y una veintena de vecinos autoconvocados acudieron a la sede comunal en la mañana del lunes para pedirle al presidente de Oliveros, Alfredo Chiminello, que arbitre los medios para que la justicia investigue cómo se iniciaron las quemas.

Esa misma noche la autoridad local radicó la denuncia en la comisaría 12. Mientras, y en paralelo, los vecinos comenzaron a organizarse. Entre nostálgicos, conocedores y curiosos compartieron la consigna: el mayor potencial de la localidad está en su flora y fauna, lo que lo convierte en un pueblo turístico y le da calidad de vida a sus residentes. Entonces, debían cuidarlo.

El enojo fue una constante, al igual que las teorías de los intereses que podrían estar detrás de los incendios.

Pruebas de intencionalidad

Fueron dos de los feroces episodios que llamaron la atención de las autoridades. Ambos en jurisdicciones de Oliveros y Timbúes e inclusive en los que interviene el Ministerio Público de la Acusación (MPA) a pedido del Ministerio de Medio Ambiente. Ya que las pericias deducen intencionalidad.

Protección Civil provincial monitoreó todas las acciones. El secretario del área, Roberto Rioja, enfatizó: “Cuando se trabajó se encontraron bidones y fue sospechosa la forma en la que se seguía encendiendo. Por eso se le dio intervención a la policía y a Medio Ambiente para que se investigue”.

Según el funcionario “en Oliveros se dieron los casos más sospechosos, fuimos recogiendo datos y notamos algo llamativo entre particulares. Hicimos los informes correspondientes, que nos pasaron bomberos, y se lo entregamos a Medio Ambiente para que actúe y sancione”, enmarcó.

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El humo denso de las quemas fue otro factores de irritación.

Cierto es que la complejidad de las zonas afectadas achican las probabilidades de contar con testigos para demostrar la culpabilidad: “No encontramos a nadie, pero las pruebas marcaron que algo raro sucedió”, arremetió. Y trazó un paralelismo con la quema de las islas del Delta del Paraná: “Cuando logramos detener a personas sospechosas, mermaron en un 70 por ciento de los incendios. Indudablemente, y desde mi criterio, significa que los estaban provocando”.

Sanciones millonarias

Por su parte, la directora de Conservación y Regeneración de la provincia, Clara Mitchell, confirmó las sospechas y el avance en las investigaciones: “En el caso de los focos a la vera del Carcarañá por ser una reserva hídrica comenzamos con la investigación del proceso sancionatorio y además presentamos algunas denuncias en el MPA debido a que creemos que hubo intencionalidad”.

Y detalló que se trata de los dos incendios de magnitud en la zona de fortín y Campo Timbó. En ambos casos las pericias de bomberos zapadores en el lugar fueron contundentes visibilizando acciones que serán trasladadas a la justicia. Luego, aseveró: “Las pericias de los informes son muy precisas. Se puede determinar los puntos donde se inició, si fue uno o fueron varios, y si hubo algún acelerador como combustible”.

Al concluir, Mitchell destacó: “Desde mi punto de vista lo mejor es que la Justicia determine la culpabilidad o no, quién fue el que encendió y que tenga sus consecuencias”.

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Las sanciones están regidas por la ley de fuego y en caso de culpabilidad determinan una “multa equivalente a un valor que irá desde 50 hasta 10 mil sueldos básicos de la categoría inicial de la Administración Pública Nacional”. Es decir entre 1,7 millón y 340 millones de pesos. Asimismo, destaca que “el producido de estas multas será afectado específicamente al financiamiento de las acciones de protección ambiental de la jurisdicción correspondiente”.

En el ambiente este mes no sólo se percibió humo, sino que el ardor de ojos y garganta se convirtió en malestar. Un malestar que no fue sólo físico sino que invitó a reflexionar. En medio de una alerta roja, con los cuarteles de bomberos agobiados, la naturaleza pide ayuda a gritos. Será la misma que en semanas más, demostrará majestuosa y perfecta, con sus primeros brotes, que es posible renacer en conciencia. Nos interpelará una vez más y volverá paciente a preguntarnos si aprendimos la lección. Si pudimos conectar, contemplar y disfrutar de lo que nos regala cada día.