Cambio imperial: China desplazó a EEUU de Latinoamérica
En las últimas dos décadas, China pasó a ser el mayor socio financiero y comercial sudamericano, efectuó préstamos por unos 140 mil millones de dólares en la última década, creciendo su incidencia en Latinoamérica. Argentina abrió un nuevo consulado

Miércoles 26 de Julio de 2023

China ha logrado incrementar significativamente su posición en una multiplicidad de ámbitos que van desde lo financiero, lo económico-comercial, lo político, lo científico-tecnológico y lo cultural. Argentina, Brasil y Chile son ejemplos de estas relaciones diplomáticas y comerciales con el gigante asiático y con el pasar los años se puede apreciar en Latinoamérica como los países fueron cambiando de color, o sea de socio comercial estratégico.

El último ejemplo fue en marzo pasado cuando la República de Honduras establece relaciones diplomáticas con la República Popular China, produciéndose en consecuencia la ruptura de relaciones formales con Taiwán, de conformidad con el reconocimiento del principio de “una sola China” defendido por el gobierno continental, el cual implica aceptar la posición de que la única China existente tiene como gobierno legítimo a Pekín.

Este hecho, lejos de ser un caso aislado, se suma a una lista que ya cuenta con una asistencia casi perfecta de países latinoamericanos en producir tal viraje, y es una muestra más de los esfuerzos del gigante asiático por afirmar su cada vez mayor influencia en Latinoamérica.

Pero la construcción de esta influencia que hoy da tales frutos dista de ser nueva, lleva al menos dos décadas.

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Año 2017, visita de Argentina a China, se saludan los presidentes de ambas naciones.

Un gigante financiero

Para analizar el fenómeno, podemos comenzar hablando del relacionamiento financiero, entendido como un punto clave de acercamiento entre ambas regiones ya que mediante créditos bilaterales, inversiones directas y financiamientos dirigidos hacia una multiplicidad de ámbitos que abarcan desde obras para energía hasta desarrollos del sector exportador, el gigante asiático destinó préstamos por casi 140 mil millones de dólares sólo en la última década para América Latina y el Caribe, una cifra muy difícil de emular para otros países.

En sintonía, y con vistas a posicionarse como un actor financiero internacional, China también ha profundizado la internacionalización de su moneda, el yuan. Quizás el mejor ejemplo de ello se vislumbra en la cantidad de swaps multilaterales y bilaterales que a partir de la crisis de 2008 se han firmado con una multiplicidad de países, entre los que se encuentran muchos casos latinoamericanos, como los de Argentina, Brasil o Chile. Este intercambio de monedas fue muy bien recibido por los bancos centrales de los países de la región, en tanto representa una posibilidad de ampliar las reservas brutas con las que cuentan y, en el caso argentino, de transformar estos yuanes en reservas netas a una tasa menor que el valor de colocación de deuda en los mercados internacionales.

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Por otro lado, debemos destacar la influencia de proyectos de mega inversión como es la Nueva Ruta de la Seda, sello personal por excelencia del actual presidente chino Xi Jinping. El proyecto, que trata de resurgir la tradicional ruta comercial que promovía el comercio entre Oriente y Occidente, utilizada hasta el siglo XV, reivindica el papel de importancia central que China ostentó y busca reasumir.

Esta iniciativa representa un estímulo al flujo del comercio y las inversiones, uniendo en su transcurso a China con Europa, África y, ahora, como novedad, a América Latina, otorgando generosos préstamos y desarrollando importantes obras de ingeniería a su paso, Argentina ratificó su adhesión en febrero de 2022 durante el viaje de Alberto Fernández a Pekín, uniéndose así a los 13 países latinoamericanos ya presentes y manifestando su adhesión a la creación de instituciones globales alternativas a las ya vigentes.

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Año 2001, visita a Argentina del presidente de China, Jiang Zemin, recibido por el presidente de entonces, Fernando De La Rúa.

El ámbito económico

En materia económica, el papel de China en la esfera global no pasa desapercibido. Las famosas tasas de crecimiento chino de dos dígitos dieron como resultado que hoy por hoy el gigante asiático sea la segunda economía mundial en términos de PIB y esté camino a posicionarse como la número uno en los próximos años, superando a los Estados Unidos (EE.UU.) y convirtiéndose en un nuevo núcleo capitalista dinámico que desplace al epicentro económico de la Cuenca del Atlántico. Si para mediados de la década de los 90 China representaba el 2 por ciento de la economía global, en nuestros días su participación roza el 20 por ciento. Por supuesto que ello tiene su impacto en América Latina, donde el comercio con el país se ha incrementado significativamente, posicionándose hoy en día como el mayor socio comercial de Argentina, Brasil, Uruguay, Chile y Venezuela, entre otros.

Los tradicionales agentes comerciales regionales o extra regionales se ven así desplazados por el tentador mercado chino que no sólo arriba como demandante de materias primas con bajo valor agregado, sino también mediante la oferta de manufacturas sumamente competitivas en términos de precio.

Pero no todo lo que reluce es oro: a pesar del clima optimista, debemos marcar que, como contracara, en el comercio con China nos enfrentamos como región a un patrón de primarización económica, con claras dificultades para lograr una diversificación exportadora y, en algunos países, generando un marcado déficit comercial bilateral, como es el caso de Argentina.

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Año 2012, el Mercosur en Argentina debate sobre el acuerdo de libre comercio con China. Presidentes (de izq a der): CFK, Pepe Mujica, Dilma Rousseff, Sebastián Piñera y Evo Morales.

La presencia política

No obstante, crecimiento no necesariamente es sinónimo de poder, sino que esta emergencia económico-financiero imperiosamente viene acompañada por políticas, intereses y objetivos estratégicos propios. De esa manera, China incide sobre la gobernanza global con una política exterior mucho más ambiciosa y asertiva, lo que la lleva a competir con EE.UU.

Específicamente, el territorio latinoamericano, tradicional marco de influencia estadounidense, se vio en pocos años comprometido por un nuevo actor extra regional que se comporta con lógicas distintas a los acostumbradas, prometiendo políticas de construcción de un mundo armonioso en base a tendencias win-win (de beneficio mutuo) y que tiendan a un desarrollo pacífico en el sistema internacional, patrones que difieren a los que la región está acostumbrada.

Su llegada se impone no sólo bilateralmente mediante la firma de múltiples memorandos de entendimiento que resuenan en el norte, a través de un creciente involucramiento con un gran número de instituciones multilaterales de la región, siendo admitida como observadora de la Organización de Estados Americanos (OEA) en el año 2004, incorporándose al Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en 2009, y por iniciativa propia potenciando el foro de cooperación en las rondas China-Celac, institución en la que EE.UU. y Canadá brillan por su ausencia.

Una carrera tecnológica

La llegada de una nueva era de innovación tecnológica a partir de fenómenos a los que actualmente asistimos como son la cuarta revolución industrial o la construcción de comunidades digitales, ha generado fuertes cambios en las sociedades actuales y ha derivado en que América Latina vea la necesidad de subirse al “tren de la modernidad” al cual el mundo está arribando.

La transformación tech, lejos de constituirse como capítulo aparte en el proceso de desarrollo relativo de los distintos actores del sistema internacional, se presenta como decisoria en una multiplicidad de áreas.

En particular, el gobierno chino ha entendido a esta revolución y a este proceso como cruciales, por lo que ha invertido gran parte de sus fuerzas productivas en su desarrollo, buscando transformar al país en un líder tecnológico mundial para el año 2049. En relación a ello, América Latina se presenta como un terreno prometedor para el futuro despliegue de tecnología china, pero, como contraparte, también se muestra como un espacio de competencia geopolítica.

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La cooperación en este ámbito se ha ido acrecentando en los últimos años, específicamente con Latinoamérica en lo referente a áreas como la biotecnología, el desarrollo espacial y la energía nuclear. Pero hay un área específica que ha provocado un mayor recelo internacional, y es el área de las comunicaciones, donde la carrera por el despliegue de la nueva red 5G de China por parte de la empresa Huawei llega a nuestros días como un tema de agenda.

Pekín ha liderado el desarrollo de la tecnología 5G, y EE.UU. ha salido a dar batalla y a tratar de frenar esta ventaja, aludiendo a los problemas de seguridad nacional que podrían producirse en caso de delegar el manejo de información valiosa en manos de compañías que, como señalan, responden al gobierno chino.

Una adopción rápida de esta tecnología 5G en Latinoamérica se presenta crucial en términos económicos, en búsquedas de mantenerse como una opción competitiva en la vertiginosa economía internacional y en las cadenas globales de la producción, permitiendo así una rápida modernización y evitando el estancamiento económico. Tímidamente, países latinoamericanos como Argentina, Brasil, Colombia, Chile o México han realizado pruebas 5G en sus territorios, instalado prototipos a pequeña escala y programado futuras licitaciones. No obstante, tarde o temprano la región tendrá que decidir entre alinearse con Washington, haciendo caso a las críticas de seguridad, o con Pekín, optando por una tecnología china más barata y con mayor capacidad de despliegue.

Debemos destacar las rondas celebradas en la Cumbre de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) que han tratado de poner la cuestión en la mesa y de desarrollar ciertas políticas comunes como forma de enfrentar el problema desde una perspectiva homogénea en la región. Sin embargo, a pesar de sus resultados (que no dejan de ser modestos), no existen hoy en día instancias concretas de coordinación política en el asunto, y el Foro China-Celac se limitó únicamente a reafirmar la necesidad de no perder el tren de la modernidad en la región, así como a recomendar a los países miembros a eliminar los obstáculos en dicha meta.

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Nuevo escenario: crece la incidencia de China en Argentina y toda Latinoamérica.

El peso de la cultura

El ascenso de China en el escenario internacional en general y en Latinoamérica en particular debe ser también visto a partir de otros ámbitos menos tangibles, como puede ser la cultura. Evidenciamos una clara estrategia china en vistas a la construcción de influencia, buscando generar confianza y apoyo para sus objetivos. Esto se cristaliza, por ejemplo, en la cantidad de institutos Confucio de enseñanza de idioma chino y promoción cultural que desde el año 2004 se han abierto en más de cien países, pero que han encontrado particularmente una acelerada apertura y promoción en las ciudades latinoamericanas, o en la extensa promoción china del desarrollo e intercambio académico en el contexto universitario.

Como podemos ver, América Latina y China se encuentran insertas en un sólido proceso de interrelación y cooperación que incluye una multiplicidad de ámbitos y que responde no sólo a que la potencia asiática es un global player y a la creciente preponderancia que ha ido ganando a lo largo y ancho del mundo, sino también a una mentada oportunidad que los países de la región identifican al poder interrelacionarse con un gigante del que queda mucho por explorar, y, si bien las voces de alerta suenan con fuerza, hasta ahora Latinoamérica ha avanzado sin demasiado titubeo en su acercamiento.

(*) Adriel Lorenzatti integra el GECHINA (Grupo de Estudios sobre China y Argentina de la FCPolit de la Universidad de Rosario) …