Viernes 22 de Diciembre de 2023
Una lancha pasa por el Charigüe, una de las islas frente a Rosario, a una velocidad más alta que lo que se espera para esa zona y provoca un oleaje en este brazo del río Paraná que muestra sus aguas calmas a pesar del viento. El año pasado, el agua hubiese impactado contra la barranca de más de dos metros que se había formado por la bajante, pero hoy choca contra las botas de Juana y Beto, dos isleños históricos de la zona, que ven desde la puerta de su casa cómo el cambio repentino hacia un panorama de crecida vuelve a afectarlos, aunque esta vez sin posibilidad de reacción. El río, otra vez, está al ras del camino de sirga y se llega a meter en varias de las casas que están a orillas del curso de agua.
La situación se replica a lo largo de todo el Paraná Viejo y los distintos brazos que tienen viviendas, paradores y complejos de cabañas en sus orillas. Las imágenes de cruces a pie, barcazas quedadas en el medio del lecho del río y arena dominando el paisaje quedaron atrás. El agua volvió a cubrir todo y es la principal preocupación de los isleños.
Beto y Juana viven en la isla hace casi 60 años. Recuerdan que tras las bajantes después llegaron las crecidas. Pero de un cambio como el de esta vez, tan repentino, no tiene registros.
Cambio de panorama
Iniciar el viaje a las islas es diferente y salir de las guarderías es un desafío distinto al que se presentaba con la bajante. En la desembocadura del arroyo Ludueña, antes, había que ir despacio para no pegarle con la hélice al fondo del río, pero ahora se tienen que sortear camalotes y ramas.
Sin que haga falta cruzar, al norte, ya hay evidencias de la crecida. Varios pilotes del puente Rosario-Victoria están totalmente cubiertos, al igual que la toma de agua de la empresa Aguas Santafesinas que tuvo que recurrir, en su momento, a bombas especiales para extraer agua.
En el Remanso Valerio, el ingreso al barrio desde el río tiene una orilla mínima que separa al agua de las casas. Un cartel de “prohibido bañarse” casi tapado por el agua es la principal prueba de ello.
Enfrente, en la Isla de los Mástiles, los alisos y sauces muestran sólo sus copas, totalmente tapados por el canal principal del río Paraná.
Otras islas
El río Paraná lleva un ascenso sostenido en su altura desde mediados de septiembre. Marcó dos metros y nunca más bajó de esa medida, que llegó a estar en cuatro centímetros el verano pasado. Hoy, ese valor supera la multiplicación por 100.
Ese cambio repentino es lo que tiene preocupados a Beto y Juana, que tuvieron que subir muchas de sus cosas a su casa, sostenida sobre pilotes, ante la crecida. No pudieron salvar todo y una mesa bajo una enredadera, ideal para tomar mate al aire libre, está cubierta por el agua.
El cambio de fisonomía en las islas se ve en cada rincón y hasta los olores son diferentes. La ceniza que escocía fosas nasales cambió por una mezcla de vegetación con agua de río que se relaciona con el frescor de algo nuevo. Las flores lilas que nacen en las enredaderas en las costas aportan a esa sensación.
A la altura de El Pimpollal se ve la función del humedal en su máxima expresión. Atrás de las casas se refleja el agua acumulada en forma de pequeñas lagunas, que dan cuenta de cómo el territorio contiene los excesos que trae el Paraná.
Menos espacio
La ganadería se sigue practicando en la zona de islas y las postales de vacas comiendo con el agua al cuello se repite, sobre todo en sectores costeros.
Río abajo, en el Charigüé, el camino de sirga quedó acotado. Antes era ancho y en caso de acercarse a lo que era el cauce del río había que tener cuidado con la barranca que se había formado. Hoy, ese sendero está a ras del agua y cualquier oleaje mínimo lo tapa momentáneamente.
Algunas casas de la zona cuentan con pontones que hoy flotan, pero anteriormente estaban sobre la costa, apoyados en la arena. Y a metros de la casa de Beto y Juana, el barco Ciudad de Rosario sigue anclado aunque no en el barro, como pasaba a inicios de la pandemia.
Informes
La crecida del río Paraná se mantiene, por estos días, en torno a los 4,75 metros.
Las estimaciones del Instituto Nacional del Agua (INA) indican que para la semana que viene podría crecer hasta 4,80 metros (con un tope máximo que llega a 5,15 metros). La tendencia indica que, a 14 días, se verá una disminución en la altura del río.
De todos modos, el organismo, en su informe, aclara que en el tramo inferior del río Paraná (zona en la que se encuentra situada Rosario) “los niveles se mantendrán estables u oscilantes” entre aguas medias y aguas altas, con estabilizaciones.