¿A qué juega Amalia Granata?

La diputada sigue dando que hablar con sus apariciones incendiarias. Su juego para 2027 y su rol dentro de el ámbito legislativo

Jueves 05 de Marzo de 2026

“Sigue el reclamo”, escribió Amalia Granata junto a una placa de una burda IA en la que se invitaba a un nuevo reclamo policial contra el gobernador Maximiliano Pullaro, como hace un mes calentó la política provincial. Un mensaje de tres palabras. Escaso para organizar, suficiente para fogonear las brasas policiales que siempre coquetean con la sedición.

En ese punto ardiente está la diputada provincial que ingresó en 2019 bajo el empujón de la causa celeste y que terminará su mandato en 2027. Parece mucho tiempo, pero no lo es. No parece haber posibilidad de que no compita el año próximo: tiene un partido político y hasta una fundación. Nada menor para sus ambiciones electorales.

Se podría especular si renovará un tercer mandato en Diputados, lo que ya la empezaría a calificar de vitalicia en su idioma, o apuntar al Senado de la Nación, donde resbaló feo en 2021. O hasta gobernadora, difícil si no arregla con los libertarios, lo que es cosa más difícil aún.

Amalia Granata, diputada

Tiene un método. Cada tanto agita la Legislatura con discusiones fuertes, algunas con criterio y planteos potables e incómodos para el resto; otras plagadas de acusaciones, en su mayoría infértiles, que levantan polvareda durante unos días y se apagan. Al tiempo vuelve a iniciar el círculo.

Parece que su búsqueda es destapar la hipocresía y las contradicciones de la política, sin admitir ni el margen que se entiende como regla del juego político. Eso la separa del resto de la política.

Hay algo claro: es la única con el traje de opositora. Tendrá menos peso, poca estructura, su daño será estético, lo que sea, pero la vehemencia la hace ser mosca para un gobierno provincial que tiene despejado ese casillero.

Descansa en su millón de seguidores en Instagram, 1,7 millones en X (ex-Twitter) y 260 mil en Facebook. “Hacen mucho ruido. En mis redes no hay forma de callarme”, dijo hace unos días como forma de denunciar un supuesto silenciamiento en los medios. Curioso, usted está leyendo una nota sobre ella.

Vive camino a la ciudad de Buenos Aires la mayor parte de la semana, lo que genera cuestionamiento de sus colegas por la poca inmersión en las cuestiones del día a día santafesino. De hecho, no está en la agenda política diaria sino en la legislativa. Para defenderse, va a los papeles: preocúpense por el trabajo que hago en Diputados, dice.

“Voy y vengo”, aclara sobre la residencia. Con Javier Milei también. Eran amigos de los medios y se distanciaron, no se sabe bien por qué. “Alguien que le avise que ya no es más panelista de Intratables”, escribió durante la apertura de sesiones del Congreso en las que el presidente buscó una pelea intensa, casi vergonzosa, con la oposición.

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No es mileísta, al menos no de Milei, pero sí rima con algunas formas y pensamiento: va contra la cultura feminista, lo woke, el kirchnerismo y la casta. Incluso, coincide en haberse peleado con aliados, algo que dura hasta estos días.

“No vamos a permitir que la casta inmunda de esta provincia ponga los dedos en esta Constitución y les arruine la vida a los santafesinos”, dijo durante la Convención reformadora.

Pero se tragó su propio veneno: “Qué lástima, porque era una oportunidad histórica de demostrar otra cosa”, afirmó sobre la violenta exposición del presidente en el Congreso. La nueva Constitución santafesina también lo era. A su bloque lo desnudó la reforma por sus diferencias internas (hoy apenas mantiene tres de los siete iniciales), lo que demuestra falencia de conducción, y también con la fallecida Alejandra Locomotora Olivera.

En la reforma apostó a detonar. Dijo que el proceso estaba viciado desde que se aprobó la ley de necesidad de la reforma constitucional por haber sido un trámite a las apuradas para semejante labor. Igual, no estuvo aquella noche histórica porque viajó a Roma para visitar al Papa Francisco.

Estilo ofensivo y permanente

Tiene un estilo de confrontación ofensivo y permanente, de denuncia a los políticos, hasta de impunidad discursiva. Lo lleva adelante como nadie porque comenzó su carrera en el plano mediático, donde los llamados códigos no son parte del juego y romperlos no asume responsabilidades. También puede decirse que se ajusta al estilo agresivo de figuras políticas de hoy, desde Milei hasta Donald Trump, quienes combaten sin importarles a quien tiene enfrente.

Le dice monarca a Pullaro. En alguna oportunidad había contado que era uno de los que más la ayudaron en su primer año en Diputados y el ahora gobernador apenas diseñaba su plan para la Casa Gris. Le dice rey y varias cosas más a Felipe Michlig, a quien ha tomado como su rival en la Legislatura. El senador enardece.

Lo que viene

Al poco tiempo de ser diputada, derrumbó los prejuicios existentes por venir de otro mundo totalmente opuesto. Se lo ganó. Si bien se la conoce desde hace más de dos décadas, es joven para la política con apenas 45 años. Pero queda la sensación que le falta el empujón para no quedar solo, y sola, en ese rol antagonista. "No tiene un auto", grafican.

El primer paso fue la causa celeste antiaborto, la segunda plegarse a las ideas de Milei. Le falta la tercera y nueva faceta y oportunidad. Pero políticamente está peleada con todos y eso no le da territorio y cierra puertas. "No te da espacio para negociar", explican en la legislatura. Dicen que está preocupada con la ley electoral nueva que piensa Unidos.

Hace una carrera a pulmón, con los asesores justos, más algunos externos coyunturales, como seguramente en el caso del reclamo policial, sin mecenas ni padrinazgos a la vista. Mantiene sus dos corazones celestes en su perfil de X, como una suerte de recuerdo de su inicio y para mostrarse consecuente en un ámbito que cree que no lo es, pero continúa en él.