"A los chicos les cuesta mucho enfocarse, nada los asombra, todo los aburre"

En "Hackeando la educación tradicional", Laura Lewin propone una forma distinta de captar la atención de los chicos.

Jueves 20 de Junio de 2024

Cuando comenzó a diseñar la estructura de su último libro, "Hackeando la educación tradicional" (Editorial Bonum), la especialista Laura Lewin lo pensó como una clase. Con teoría y con práctica. Con secciones que inviten a reflexionar sobre la educación de los chicos en un mundo hiperconectado, pero con otras que hagan reír y emocionar. Con historias que inspiran y actividades. "Hoy el docente está muy complicado, por un montón de situaciones, a sentarse a planificar con creatividad, así que me encanta poder ayudarlos con más de 500 ideas para el aula", dice.

Autora de "Aulas motivadas", "Las sillas no son para sentarse, son para pensar" y "La nueva educación", Lewin es traductora y profesora de inglés, oradora TEDx y consultora educativa. "Muchas veces el docente se capacita, lee un libro, va a una conferencia o se ve una charla TEDx. Pero si después esa información no llega al aula no estamos transformando la educación. Por eso siempre digo que el conocimiento no es poder, sino que el conocimiento aplicado es poder", afirma la autora en diálogo con La Capital.

—¿Por qué elegiste el término "hackear" la educación?

—Porque hackear tiene que ver con repensar en atajos, sugerencias o consejos que nos ayuden a llegar a mejores enseñanzas y aprendizajes. No se trata de implosionar todo, sino de pensar en soluciones prácticas que nos ayuden a mejorar las prácticas áulicas. Los chicos hoy aprenden de una manera diferente a como aprendíamos nosotros hace mucho tiempo atrás. Hoy están viendo un TikTok y si no les interesa se van a ver otro. Hay un tema que tiene que ver con el foco y la concentración. Y de la misma manera que los chicos aprenden de formas diferentes por la sobreestimulación tecnológica, los docentes también. Por eso me gustó pensar en un formato que no fuera de capítulos largos sino de hacks, consejos rápidos para poder activar esta información.

—En ese debate que planteás respecto de la capacidad de atención, ¿qué debe hacer la escuela para incorporar esas dinámicas sin que termine compitiendo con TikTok?

—Lo que está clarísimo es que estos chicos aprenden de maneras diferentes, porque son tecnoadictos. Les cuesta mucho enfocarse, concentrarse, nada los asombra, todo los aburre. Entonces cuando el docente puede salirse del rol de persona parada delante del pizarrón transmitiendo contenido y puede convertirse en un facilitador, alguien que ayuda a aprender, entonces cambiamos la lógica del aula. Ahí pasamos a trabajar con un aprendizaje activo, que significa que el alumno está en el centro de la escena, debatiendo, colaborando y desarrollando pensamiento creativo.

—Otra de las ideas que planteás es que innovar no significa solo incorporar tecnología.

—Innovar significa agregarle valor a la propuesta pedagógica, que no siempre pasa por la tecnología. Desde trabajar con metodologías activas o una evaluación auténtica. Hay un montón de ejemplos de los que podríamos hablar que apuntan justamente a generar una transformación en el aprendizaje, que el alumno no tenga que escucharnos sino que quiera escucharnos. No que tenga que estar en el aula sino que quiere estar allí. Y otra cosa que hay que entender es que el pasado es un lugar de referencia y no de permanencia. Tenemos que trabajar para adoptar estas nuevas técnicas pedagógicas que nos van a ayudar muchísimo a lograr más interés en el aula. Ahí podemos hablar de un montón de conceptos que tienen que ver con las metodologías educativas a las que podríamos mirar: desde aula invertida a la gamificación, el aprendizaje basado en resolución de problemas, el microaprendizaje o la pedagogía de la pregunta. Hay un montón de metodologías que tenemos que empezar a incorporar y para eso se necesita coraje para transformar la educación, porque no todo es sencillo. Los docentes están atravesando situaciones muy complicadas, que tienen que ver con sueldo, donde es muy difícil ser creativo si estás corriendo de un colegio al otro. Pero la realidad es que el corazón de una escuela vibrante y próspera tiene que ver con la felicidad de los docentes, así que hay que trabajar mucho también el bienestar de los docentes.

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Educación socioemocional

—¿Qué implica no relegar la cuestión socioemocional de los chicos?

—Sin seguridad emocional no hay aprendizaje. Si un chico se siente expuesto, humillado o piensa que el docente no lo quiere no va a poder desplegar todo su potencial creativo. Un buen docente trabaja mucho el concepto de un aula sana, un lugar en donde nadie puede interferir con el aprendizaje de un compañero, donde naturalizamos y desdramatizamos el cometer errores, entendiendo que el cometer errores es parte del proceso de aprendizaje. Eso no significa tolerarlos sino capitalizarlos y aprender de ellos. Un aula sana tiene que ver con un docente que es custodio de la autoestima de sus alumnos.

—En los últimos tiempos varios informes advierten sobre la comprensión lectora de los chicos. ¿Cuál es tu lectura de ese fenómeno?

—Claramente la educación necesita una gran transformación. Tenemos muchos docentes que enseñan como ellos aprendieron y para un mundo que ya no existe. Estos son chicos que tienen que aprender de maneras diferentes y va a ser muy difícil que puedan comprender un texto de mediana dificultad o resolver un problema de matemática si no les enseñamos a desarrollar el pensamiento crítico. Va a ser muy difícil que puedan generar proyectos personales si no los ayudamos a desarrollar el pensamiento creativo. Hay que trabajar habilidades que son importantísimas y para eso tenemos que empezar a personalizar la educación un poco más, porque no es un taller único. Tenemos que dejar de enseñar en serie y hacerlo en serio. Enseñar en serie servía hace muchísimo tiempo atrás en la era de la Revolución Industrial, ahora estos chicos que te eligen qué playlist escuchar o qué serie de Netflix ver necesitan un aula más alineada con su manera de vivir la vida. Eso significa que haya más elección, que podamos personalizar lo que pasa en el aula. No para preparar 35 clases diferentes, sino trabajar con el aprendizaje basado en proyectos y respetar los tiempos de aprendizaje de los chicos.