Continúa el legado religioso del evangelismo de su padre, Oscar, quien buscó en vano que el Estado le abra las puertas para complementar el trabajo social en barrios y cárceles. Recién ahora pudieron hacerlo
14:25 hs - Miércoles 13 de Mayo de 2026
David Sensini es de una generación de pastores evangélicos que logró romper el prejuicio del Estado y lograr que se los tome como complemento en la asistencia social en barrios vulnerables y cárceles. Después de décadas y gobiernos, las congregaciones lograron un espacio para ser parte de la baja de violencia en estos tiempos.
El gobernador Maximiliano Pullaro vio su potencial cuando era candidato y se les acercó. “Nos pidió que evangelicemos y nos dio una inyección de adrenalina para hacerlo”, cuenta en una entrevista con La Capital. Desde entonces, trabaron un vínculo fuerte que le sirve al Estado para pacificar los ámbitos violentos.
Toda la labor que emprende desde su iglesia Redil de Cristo, más el trabajo con el Estado, lo cuenta en su libro "Dios en el Caos", que presentará este viernes en el Hotel Alvear, a las 19, donde irán algunas autoridades provinciales, concejales e instituciones.
Entrevista con David Sensini
¿Qué es lo que busca transmitir con este nuevo libro? No parece ser solo una cuestión de mostrar la palabra de Cristo.
Busco contar un poco quiénes somos y qué hacemos. Mi papá lleva 40 años trabajando en las cárceles y ha pasado por diez gobiernos diferentes sin que le presten atención. Muchas veces, con cada cambio de gestión, teníamos que volver a presentarnos porque no nos conocían o no nos dejaban entrar. El libro busca describir nuestro trabajo frente a tanto que se ha hablado sobre el tema.
¿Se refiere a que el evangelismo tuvo que luchar contra prejuicios?
Sí, muchos. El principal es que nos miran solo como una religión, y esto es un estilo de vida. Mucha gente piensa que queremos sacar dinero u obtener algún beneficio de los presos. No es así. Sin embargo, la iglesia ha mostrado su trabajo y hoy somos protagonistas y pioneros con resultados donde otros no llegan.
Justamente, en el libro escribe que “la iglesia llega a la villa donde no entra el patrullero, o a la celda donde no entra el psicólogo. ¿A qué alude con ese límite estatal?
Son trabajos distintos, porque el Estado llega de una manera y la iglesia llega de otra. El Estado puede enviar un psicólogo, dar una pastilla o un alimento, pero nosotros convivimos con la persona y somos sus asistentes espirituales. Por ejemplo: si alguien tiene un impulso suicida a las 5 de la mañana, enviamos a un grupo para acompañarlo de inmediato dentro de su casa. Ese nivel de cercanía y acompañamiento constante el Estado no lo puede realizar.
¿Qué cambió con el gobierno actual de Maximiliano Pullaro?
Lo que cambió fue el respeto y la visibilidad. Es la primera vez que un político, antes de ser electo, se sentó en nuestra iglesia a escuchar y a hacernos preguntas reales sobre qué pasa en los barrios y las cárceles. Ya siendo gobernador electo, nos pidió explícitamente: "Evangelicen, porque ustedes pacifican territorio". Eso nos dio una inyección de adrenalina. No tenemos un compromiso político ni somos parte del Estado, pero sí hay un diálogo y un reconocimiento de nuestro trabajo.
O sea, buscan complementar al Estado.
Claro, por eso digo que tenemos que estar sentados en la mesa. No para gobernar, no para ejercer poder sino para dialogar. Podemos colaborar en distintas áreas del Estado desde los barrios.
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¿Usted pretende ingresar formalmente a la política?
No, no lo veo mal para nada, pero yo no. Creo que habrá más gente cristiana con valores ocupando cargos políticos. No sé si la figura de pastores, más allá de que quizás hay muchos que están buscando un pastor. Veo más bien a aquellos congregantes que estudiaron, se capacitaron los últimos años, y la iglesia los debe apoyar porque son nuestros valores.
¿Tiene alguna valoración sobre la aparición de Dante Gebel?
No sé cuáles son sus intenciones porque todavía no fueron claras.
En el libro menciona que el objetivo de la iglesia es "transformar" a las personas. ¿Qué significa exactamente?
La transformación es un cambio completo de mentalidad que ocurre cuando Cristo llega al corazón. Muchos de los que están en la cárcel vienen con "patrones rotos" de paternidad, sin familia y sin valor por la vida. Es fácil que una persona diga: "Yo cambié". Y la verdad es que debe demostrarlo con resultados.
¿Un ejemplo?
El delincuente suele pensar que va a morir joven y es un gran problema. La transformación hace que ese joven empiece a desear un proyecto de vida: casarse, tener hijos, trabajar. Ya no es su propia voluntad o el impulso de la delincuencia sino la voluntad de Dios lo que guía sus decisiones.
¿En la cárcel es así?
Sí. Por ejemplo: en el penal de Coronda, ni bien ingresa el detenido que llega de la comisaría o de traslado, se le pregunta si quiere buscar a Dios. Si quiere, se queda en el pabellón cristiano y, de lo contrario, pasa a otro pabellón. Les preguntamos si quieren un cambio verdadero, porque no todos quieren ni todos pueden. No es sencilla esa transformación.
¿Cuál es el mapa del evangelismo en las cárceles?
Somos cerca de 300 asistentes espirituales que están ingresando a todas las cárceles de la provincia de distintas congregaciones, pero es una sola iglesia. Nuestra congregación Redil de Cristo tiene presencia en Coronda, sobre todo en dos pabellones de 200 personas cada uno. En esos pabellones hay unos 60 líderes que hacen todo el trabajo y, además, asistentes externos que colaboran dos o tres veces por semana.
¿Cómo es el día a día en un pabellón evangélico?
Es un lugar de mucha disciplina, un pabellón de conducta. Se levantan a las 7 a orar, deben limpiar sus habitaciones, trabajar con oficios y estudiar la palabra de Dios. No todos aguantan.
¿Hay posibilidades de que algún interno pueda intentar camuflarse en el pabellón para no estar en otro que es más violento?
El que intenta camuflarse para estar tranquilo, pero no quiere cambiar de verdad, suele pedir el traslado al mes. Insisto, no aguantan. No estamos para aliviar la condena judicial de nadie sino para romper la atadura espiritual de la violencia y la autodestrucción.
Se va a abrir la de alto perfil en Piñero. ¿Van a trabajar allí?
No sé después, ahora no nos permiten hacer trabajo en esos sectores.
¿Les hizo ruido la denominación El Infierno del nuevo penal de alto perfil, algo que fue cuestionado?
Bueno, lo hablamos con distintas áreas. No sabemos por qué está ese nombre, pero la verdad es que nos hubiese gustado otro. No nos gusta usar la palabra infierno en la Tierra porque es como lo llamás, y la palabra tiene poder. Pero no es nuestra decisión.
¿Tienen datos sobre la reinserción social de quienes pasan por estos pabellones?
Es difícil, pero estimamos que un 20% logra una reinserción segura donde nunca más vuelve a delinquir. El problema es que la sociedad y los empresarios, a menudo, no les dan trabajo por sus antecedentes, lo que los empuja de nuevo a la calle. Nuestro objetivo es que, cuando salgan, ni ellos ni sus hijos vuelvan a generar desastre en la sociedad.
En el libro narra una historia muy fuerte sobre una madre y sus dos hijos. ¿Podría resumirla?
Fue un caso muy impactante. Una mujer, a la que cuatro años antes habían matado a uno de sus hijos, me buscó al terminar la misa. Nerviosa, me reveló que al ver el identikit del sospechoso del crimen del colectivero de esa saga de cuatro asesinatos de trabajadores se dio cuenta de que el asesino buscado era su otro hijo. Es decir: pasó de ser víctima a madre de un victimario. Le aconsejé que él debía entregarse para cortar esa "maldición", ella lo convenció y coordinamos con el ministro de Seguridad para que se entregara. Lo hizo al otro día.
Con el aumento de fondos y convenios con el Estado surgieron sospechas sobre la transparencia de algunas organizaciones religiosas. ¿Qué considera al respecto, porque hubo algunas denuncias incluso?
Es algo que hablamos mucho en el Consejo de Pastores y en Aciera (Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la Argentina). La necesidad de crear asociaciones y fundaciones es para ordenarse legalmente si vas a trabajar con el Estado. Nosotros, durante 40 años, trabajamos solos con los diezmos y ofrendas de la gente. Quien trabaje con recursos públicos debe ser transparente y rendir cuentas. Esa suspicacia siempre va a estar y hay que estar dispuesto a mostrar todo.