Miércoles 09 de Febrero de 2022
Los ataques a balazos y las extorsiones que se multiplicaron a partir de la pandemia en todos los barrios de la ciudad recrudecen. La modalidad delictiva parece estar en un pico y ya no hay zona donde no se denuncien amenazas, ya no sólo contra viviendas sino cada vez más contra comerciantes. Esta semana impactaron dos noticias cuando un carnicero con dos locales en la zona oeste decidió cerrar uno, al igual que el dueño de una agencia de autos que sufrió dos balaceras en 72 horas y también bajó sus persianas.
Ataques como estos son investigados por una unidad especial de fiscales que si bien logran identificar a sospechosos e imputarlos, eso no resulta suficiente para que los hechos dejen de proliferar. Por ejemplo, el jueves pasado el fiscal Pablo Socca imputó a dos hombres por intentar extorsionar a un comerciante peruano de zona oeste. Dan Natanael C. S., de 29 años, y Oscar Jesús D., de 24, le exigían al comerciante 15 mil dólares bajo la amenaza de balearle su local de Liniers al 700. Si no aceptaba, lo amenazaron, dispararían contra el local con la intención de matar a algún cliente.
La víctima hizo la denuncia, acordó pagarles 200 mil pesos y se acordó una entrega controlada en una estación de servicio donde los sospechosos fueron detenidos. El juez Héctor Núñez Cartelle les dictó prisión preventiva por dos meses. Si bien ese caso se esclareció en menos de una semana, no siempre resulta así.
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En el 2021 se registraron más de 1.500 ataques denunciados y en los que se abrieron causas. La persona extorsionada debe dirigirse a un Centro Territorial de Denuncias, que habitualmente están en los Distritos Municipales, de allí la denuncia pasa a Fiscalía y allí se adjudica un fiscal y se confecciona un expediente con la causa.
Bajando las persianas
La carnicería que cerró está ubicada en Seguí y Lavalle. Fue el segundo atentado en poco más de una semana. Sergio, el propietario, anunció el martes que decidió cerrar, cansado del hostigamiento que viene sufriendo y porque no quiere que su emprendimiento, que lleva 12 años en el barrio, se transforme en escenario de una tragedia. El miércoles ya estaban las persianas bajas. “Me amenazaron con que la próxima vez iban a tirotear cuando el local estuviera abierto”, contó.
“Hablé con todo el mundo, con el 911, con la comisaría y me dijeron que no pueden dejarme todo el día un móvil en la puerta del negocio. Me tirotearon dos veces cuando estaban las puertas cerradas. Después me amenazaron con que iban a pasar a balearme con el local abierto. Entonces decidí cerrar, no tengo garantías de protección”, remarcó el carnicero.
Los extorsionadores le pidieron a Sergio que pague cien mil pesos por mes para dejarlo trabajar tranquilo. “Ni por asomo puedo pagar esa cifra, pero nadie debería aceptar ese apriete, no corresponde pagar. Los alquileres de los locales subieron y la carne se vende poco. La venta bajó un 50% y ahora con los tiros cayó otro 30%. Hace un mes que se ve esta violencia en Rosario, delincuentes que envían notitas con amenazas y no veo al intendente ni al gobernador hablando sobre cómo ocuparse de esto. Ninguno da la cara, están escondidos”.
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Otro que anunció su cierre, tras sufrir dos balaceras en una semana, fue el titular de una agencia de autos de bulevar Oroño al 5500. “Tengo que cerrar, ganan ellos siempre porque no hay nadie que los agarre”, dijo David Firpo luego de que los extorsionadores le advirtieran por mensajes telefónicos que “no iba a poder estar tranquilo”. El comerciante fue tajante al decir que no trabaja para “mantener delincuentes“ y agregó: “Tengo que cerrar, se queda sin laburo un montón de gente. Rosario está complicado”.
Cincuenta tiros a una casa
Los apremios a comerciantes, que crecen en estos días, tampoco hicieron que las extorsiones contra vecinos se terminen. Una familia de barrio Magnano, en zona sur, fue víctima de dos ataques en el frente de su casa, en la ochava de Lozia y Marco Polo, donde se acumularon cincuenta balazos en el frente. Hace más de 60 años que la familia de Angélica vive allí donde la mujer tuvo seis hijos _dos mujeres y cuatro varones de entre 25 y 40 años_ y enviudó hace un tiempo.
Walter uno de sus hijos contó: “El martes de la semana pasada un auto se paró en la esquina y baleó la puerta de acceso de la casa de mi madre, descargaron unos treinta tiros. No tenemos ni idea de lo que motivó esto. Somos gente de trabajo, mi madre es jubilada, no debemos nada a nadie ni sacamos créditos raros. No tenemos familiares adolescentes, que a veces uno puede suponer que podrían tener algún lío, pero tampoco”.
“No sabemos qué hacer —agregó el muchacho—, mi mamá se fue de la casa por unos días y tenemos custodia policial, pero nos avergüenza mucho. La gente pasa y mira el móvil y piensa que hicimos algo. Me llegaron varias versiones sobre lo que pudo pasar y la más fuerte es que se confundieron con otra casa; por ahí una banda que quiere algo del barrio”.
Walter agregó que cuando fueron a hacer la denuncia por el primer ataque no se la quisieron tomar. “Nos quedamos intranquilos pero dentro de todo creímos que no iba a pasar nada más. Pero el lunes fueron veinte tiros más y dos impactaron en una pared de la habitación de mi madre”.
Los vecinos de barrio Magnano también se solidarizaron con la familia, así lo expresó Marcela, que vive frente a Angélica: “Es una familia que vivió siempre acá. Ella es un amor. En el barrio estamos muy preocupados. Por acá no hay gente que venda drogas ni nada de eso. Es un misterio por qué los balearon”, la vecina lo cuenta tranquila en la esquina de Lozia y Marco Polo, algunos vecinos ya se aprestan a sacar la reposera a la calle ver pasara a la gente, a charlar con su otro vecino. Pero ahora están preocupados por esta amenaza, por no saber de donde sale y que buscan.
Más ataques
En la semana hubo además varios ataques a tiros en distintos lugares. Alrededor de las 22 del lunes un almacenero de 46 años que tiene su negocio en Esmeralda y Gaboto escuchó disparos que provenían de un Peugeot 308 negro, fueron contra su negocio. El resultado: seis impactos en al fachada. El auto fue captado por cámaras de la zona. Otro atentado contra una vivienda ocurrió el martes a la noche en avenida del Rosario al 3600. Los autores iban en una moto roja y dispararon al menos cuatro veces sobre el frente.
Entre la noche del martes y la madrugada del miércoles se registraron más ataques: en Somoza al 3100 gatillaron contra una casa. Un vecino vio a los agresores y los delató, la policía logró capturar a un menor de 17 años y a su cómplice de 20 años y les secuestraron un revólver calibre 22 con cuatro vainas servidas. En Gallardo al 1400 cuatro hombres a bordo de un auto efectuaron detonaciones contra una vivienda. De la escena secuestraron dos vainas servidas calibre 9 milímetros.
En tanto, otra amenaza se registró en Copérnico al 3900, allí vive Rita con sus hijos. “El lunes me dejaron una nota y una bala. Decía que debía entregar 200 mil pesos o me iban a balear y también atacarían a mis hijos. Yo ni por asomo tengo esa plata. No tengo deudas ni problemas con nadie. Ahora estoy con mucho miedo”.
Tanto comerciantes como vecinos de los barrios periféricos están en alerta, todos los días se enteran de alguna extorsión, de otra balacera. Ignoran si son ordenadas desde la cárcel o de bandas que rodean las zonas y asuelan los barrios. Sólo esperan que esto termine, que la vida vuelva a la normalidad de la vereda compartida y el trabajo decente.