Alexis Lobos afronta un pedido de prisión perpetua por una masacre a mazazos durante una operación cambiaria en Capitán Bermúdez. Él acusa a tres encapuchados
06:15 hs - Miércoles 27 de Mayo de 2026
¿Qué pasó la madrugada del 12 de enero de 2024 en una casa de Capitán Bermúdez donde tres hombres terminaron degollados y asesinados a mazazos en la cabeza? Esa es la pregunta que, desde mañana, intentará desentrañar un juicio oral en San Lorenzo. Por la triple ejecución está acusado el dueño de esa casa de barrio Posta, Alexis Ezequiel Lobos, un soldador de 27 años que además se dedicaba a la compraventa de dólares, quien enfrenta un pedido de prisión perpetua. Lo acusan de haber matado a las víctimas para saldar una deuda, pero él afirma que un escuadrón de encapuchados entró a la casa buscando a uno de los hombres que terminaron muertos, que estaba prófugo por narcotráfico.
Dos años después se sabe que las víctimas acudieron esa noche en dos grupos separados para hacer intercambios de dinero, pero algo salió mal. La hipótesis de fiscalía es que Lobos mató con una motivación económica a los jóvenes —dos eran amigos suyos— porque les debía plata. El acusado dirá que tres desconocidos irrumpieron buscando a uno de los fallecidos y mataron para dejar un mensaje mafioso.
Diagrama de juicio
El duelo de versiones recorrerá el juicio ante los jueces Eugenio Romanini, Marisol Usandizaga y Ariel Jesús Cattaneo. La fiscal Luisina Paponi, quien interviene en el caso desde el comienzo, pedirá perpetua para Lobos como autor de un triple homicidio criminis causa con fines de robo. El defensor Ezequiel Torres planteará que su cliente es inocente. Dice que no hay pruebas de que haya sido el autor del ataque múltiple y pedirá la absolución.
Las audiencias de doble jornada previstas hasta el miércoles 3 de junio, fecha probable del veredicto, serán seguidas de cerca por los familiares de Emiliano Saucedo, de 31 años, Eber Ramos y Santiago Ochoa, ambos de 25. Los crímenes ocurrieron entre las 22 y la medianoche de aquel sábado en una casa de 13 de Marzo al 300 en el barrio Posta de Capitán Bermúdez donde Lobos había pactado dos encuentros para intercambios informales de divisas.
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Primero llegaron Ochoa y Saucedo, compañeros de trabajo desde hacía seis meses en la terminal portuaria Cofco. Ambos eran padres de familia. El primero hacía operaciones con Lobos con cierta frecuencia —habían jugado juntos al fútbol en un club— y le pidió a su amigo que lo acompañara. Más tarde llegó Ramos, amigo de la infancia de Lobos que tenía pedido de captura en una causa por venta de drogas y había escapado tres veces de la policía. Lo acompañaba Luciano Palacios, a quien detuvieron en la casa junto a Lobos tras la masacre.
Un ataque brutal
Fue la pareja de Ochoa, preocupada porque no regresaba, quien condujo a la policía hasta la casa. Cerca de la 1.30 de aquel sábado, contó en la comisaría 2ª que su pareja había salido a las 22 hacia ese lugar. Dijo que se había presentado en ese domicilio para preguntar por él y que dos hombres la atendieron y respondieron con evasivas. Antes de irse notó que en el pasillo de la casa estaba la moto Honda Wave blanca de Ochoa. Su última conexión al celular había sido a las 22.40.
La policía tomó la denuncia por averiguación de paradero y agentes del Comando Radioeléctrico fueron al lugar, donde el dueño de casa adujo que los dos amigos se habían retirado en una Honda Wave blanca. Pero la joven se quedó frente a la casa donde creía que estaba su novio, frustrando cualquier plan posible por deshacerse de los cuerpos. A las 3 regresó la policía, mientras los familiares de las víctimas se agolpaban en la puerta.
Lo que se encontró dentro de la vivienda de zaguán amarillo fue macabro: los cuerpos destrozados a golpes y cuchilladas sobre un baño de sangre. Se incautaron 441 mil pesos, otros 55 mil con manchas de sangre y, en la vereda, una mochila con 4,3 millones de pesos. Lobos, dueño de casa, quedó detenido junto a Luciano Palacios, el acompañante de Ramos, quien fue imputado como coautor de las muertes pero en febrero pasado fue condenado por encubrimiento a 6 años de prisión. Esto, por llevarse de la escena de los asesinatos el celular del narco prófugo y la moto Honda Wave de Ochoa.
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La investigación de la fiscal Paponi reconstruyó que aquella noche Ochoa llegó junto a su compañero de trabajo Saucedo a buscar 891 mil pesos más intereses que extendían la suma a 1.265.000 pesos a cambio de 990 dólares que días antes le había entregado a Lobos. Ramos, en tanto, buscaba 4 mil dólares que Lobos le había prometido por la entrega de 4.400.000 pesos realizada al anochecer del día anterior.
Dos versiones sobre la masacre
Para la Fiscalía, Lobos intentó quedarse con el dinero de las víctimas y para ello las atacó con la maza y un cuchillo. Según la acusación, a esa teoría la refrendan evidencia obtenida en celulares y declaraciones del acusado a conocidos, a quienes esa noche les dijo que se vio obligado a defenderse porque Ever le había querido robar.
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El acusado da otra versión. Asegura que estaban las tres víctimas dentro de la casa cuando irrumpieron tres encapuchados con armas buscando a Ramos, mientras Palacios lo esperaba en la puerta. Subieron el volumen de la música, preguntaron por el dueño de casa y lo llevaron a buscar herramientas a un cuartito del fondo de donde sacaron una maza. Luego obligaron a arrodillarse a Ramos, a quien acusaban del robo de una carga de droga, y lo ejecutaron. Y mataron a los otros dos trabajadores de Cofco al pensar que eran de su entorno, pese a que no lo conocían.
Antes de partir, según esa versión, amenazaron a Lobos con matar a sus familiares, que vivían en la parte trasera de la propiedad. La teoría de la defensa es que Ramos fue “entregado” y lo mataron en un crimen con fuerte impronta mafiosa. Eso explicaría que los criminales despreciaran 4 millones 700 mil pesos que había sobre la mesa.
“Lobos fue detenido sin un rasguño ni un golpe en la cara ni en las manos. Era la única persona dentro de la casa al momento del ataque. ¿Cómo hubiera podido asesinar él sólo a tres personas sin obtener resistencia?”, planteó su abogado, e indicó que su cliente pedirá declarar en el juicio para relatar una situación que hasta aquí silenció por temor a represalias.