Un jubilado de 82 años y la vida como precio para el cierre de un búnker
Celestino Benítez fue asesinado a balazos cuando estaba en su casa, lindera a un punto de venta de drogas que luego fue abandonado

Miércoles 26 de Abril de 2023

Un hombre de 82 años, jubilado del Swift y vecino de toda la vida del barrio Tablada, fue asesinado de varios balazos en la espalda mientras estaba en su casa de Patricias Argentinas al 4200. Los vecinos aseguran que el ataque estaba dirigido a la vivienda de al lado, un punto de venta de drogas ligado al clan Funes que luego del hecho fue abandonado e incendiado. Afirman que en la zona "está lleno de casas tomadas por los narcos".

"Podemos decir con certeza que mañana puede haber un homicidio en tal lugar, se puede pensar que habría que poner por cada búnker que hay en Rosario una patrulla, pero de dónde sacamos los efectivos", dijo hace diez días el ministro de Seguridad de la provincia, Claudio Brilloni. Fue en el marco de una nota con La Capital, consultado acerca de por qué no se previenen los hechos violentos, como homicidios o balaceras, en zonas que -tanto de manera oficial como por los vecinos- son conocidas como terrenos en disputa del narcomenudeo. Hacía pocos días habían matado a un chico de 15 años en inmediaciones de un punto de venta de drogas de Patricias Argentinas Y Garibaldi, a metros de donde este martes mataron a Celestino Benítez, de 82 años.

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Para cuando cayó la noche del martes ya hacía un rato que Celestino Benítez se había metido a su casa de Patricias Argentinas al 4200, sin intención de volver a asomarse a la calle. Una costumbre que, comentan los vecinos de ese sector de barrio Tablada, es colectiva ya desde hace años, cuando las tramas de la violencia ligada al narco se instalaron allí para permanecer hasta hoy. El hombre miraba la televisión cuando un par de balazos ingresaron por la ventana e impactaron en su espalda. Sus allegados lo llevaron en un auto al hospital Roque Sáenz Peña, donde pasadas las 22 se confirmó su fallecimiento.

Para la investigación del crimen, que quedó a cargo del fiscal Ademar Bianchini, ya hay algunos datos que describen la mecánica del hecho. Dos hombres que iban con las caras tapadas pasaron a bordo de una moto y gatillaron desde el vehículo en movimiento. En cuanto al contexto, el testimonio barrial señaló la casa lindera a la de Celestino como un punto de venta de drogas. Para cuando llegó la policía al lugar la misma ya estaba vacía, pero dentro se halló una escopeta calibre 12-70. En relación al ataque que acabó con la vida de Celestino, hallaron 8 vainas servidas calibre 9 milímetros.

Un búnker

Por fuera de los detalles de la versión preliminar del hecho, que brindan apenas una descripción genérica compatible con la mayoría de crímenes que ocurren en Rosario, hay un contexto que habla de la singularidad de lo que se vive en este sector de Tablada. A diferencia de lo que se ve en otros barrios, en esta ocasión los vecinos están al tanto de las broncas porque es algo que sucede hace mucho tiempo y tiene como protagonistas a familias conocidas. "Es un búnker de los Funes" , dijo un vecino. El trasfondo, aseguró, es una disputa por el narcomenudeo que del otro extremo suele tener a personas vinculadas a Matías "Pino" César.

Se trata de dos grupos ligados a pesos pesados del narcotráfico: los Funes a Esteban Alvarado y César a Los Monos. Todos están presos en cárceles desde donde, tal como indican distintas investigaciones judiciales, continúan operando. Sus puntos de venta se distribuyen, sobre todo, entre las calles Patricias Argentinas, Chacabuco y Esmeralda. La disputa, muchas veces, no es por ocupar un lugar que antes correspondía a otro grupo, sino directamente desterrarlo.

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En ese marco, los ataques a balazos contra puntos de ventas de drogas se ejecutan con el fin de "quemar" el lugar: se hará pública su existencia y se complicará, al menos por un tiempo, que siga funcionando. En esta ocasión fue literal: luego del crimen de Celestino Benítez, el búnker fue incendiado, aunque en el barrio nadie sabe quién prendió la llama.

"Se están disputando esta calle. Les sirve porque por acá se mueve muchísima droga y plata. Está lleno de casas tomadas por los narcos", agregó el vecino y enumeró dos viviendas en una cuadra. "Esto va a seguir así hasta que vayan contra todos los que viven de la droga, lo que pasa es que la policía y los políticos también viven de la droga. Si todos saben que la comisaría es muy corrupta, ¿por qué no hacen algo?", protestó en relación a la seccional del barrio.

Que los vecinos hablen no quiere decir que lo hagan sin temor. Lo hacen como si los atravesara cierta dualidad: o hablar y quedar expuestos, pero con la esperanza de que algo cambie, o callarse y continuar viviendo en una tranquilidad que cada vez es más relativa. "Hablando con vos estamos re expuestos, si nos ven que hablamos con alguien eso después se sabe", comentó un vecino. Las miradas de reojo abundan tanto como las voces bajas. "Nosotros hablamos y después a la noche tenemos tiroteada la casa", agregó.

Celestino

Este miércoles por la mañana había una mujer con una criatura en brazos parada frente a la casa de Celestino Benítez. Era su nieta, quien contó que el hombre tenía cuatro hijos de los cuales vivía con uno de ellos. La noche del martes miraba televisión cuando los balazos no le dieron tiempo a reaccionar, porque entraron por la ventana y le pegaron de lleno por la espalda.

La historia de Celestino grafica las últimas décadas de este punto del barrio Tablada sumergido en una desgracia permanente. Un trabajador del Swift que nació y creció en ese sector del barrio que hasta 2016 fue un asentamiento precario.

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Hasta entonces los búnkeres estaban a la vista entre los pasillos, con la antigua modalidad de construcciones precarias levantadas exclusivamente para la actividad del narcomenudeo. Luego, con la intervención del Plan Abre del gobierno provincial, la zona se urbanizó y se abrieron calles en obras que todavía hoy se sostienen. En ese marco la venta de drogas no cesó, sino que mutó a puntos de venta camuflados en casas de familia, aunque entre los vecinos continúan identificándolos como búnkeres.

Los allegados de Celestino contaron que el hombre, cuando comenzaron las tareas de urbanización, quiso quedarse en el barrio. Como su casa tenía que ser demolida le ofrecieron la vivienda de un vecino que sí había accedido a ser reubicado. Fue así que se instaló en la casa donde lo mataron este martes, en medio de un ataque a un búnker lindero con el objetivo de que dejara de funcionar. El costo, otra vez, fue una vida ajena a esos asuntos.

Zona roja

El crimen de Celestino es el cuarto que ocurre en barrio Tablada en lo que va de abril y el noveno en el transcurso de 2023. La mayoría de ellos ocurrieron con pocas cuadras de distancia entre sí y relacionados a las disputas por el narcomenudeo cuyo trasfondos están relacionados a nombres conocidos en el barrio.

El más reciente fue el asesinado de Walter Daniel Portillo, un hombre de 66 años baleado el 9 de abril en la puerta de su casa de Chacabuco y Seguí. Se trata de una zona referenciada con Lucas Smith, un pibe de 20 años que está preso, condenado por un robo y sindicado como líder de la banda “La Planchada”. Su grupo, según investigaciones judiciales, se dedica a la venta de drogas y está enfrentado a la banda liderada también desde la cárcel por Alejandro "Chuky" Monedita.

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Un día antes de ese crimen había sido asesinado Andrés Gustavo Filippi, de 15 años, en un ataque a balazos en el que también fue herido su hermano. Ese crimen ocurrió en la esquina de donde este martes mataron a Celestino Benítez, también en contexto de una bronca por el narcomenudeo.

Los demás homicidios en la zona son el de Eric Díaz, de 19 años, el 11 de enero en Ayacucho y Centeno. El de Jonatan Góngora, de 30 años, el 4 de febrero en bulevar Seguí al 300 bis. El de Marta "Chana" Bustamante, una mujer 50 años sindicada como vendedora de drogas asesinada el 13 de febrero en su casa de 24 de septiembre al 100. El de Maximiliano Bazán, de 28 años, el 4 de marzo en Chacabuco al 3400. El de Carlos Moreyra, de 42 años, el 26 de marzo en Biedma al 200. Y el de Alfredo Verón, de 36 años, el 1 º de abril en Colón al 3000. Salvo este último, que fue un crimen a puñaladas, todos los demás fueron asesinatos a balazos.