Tenía 26 años, había estudiado enfermería en Rosario y estaba a punto de recibirse de gendarme. Su familia reclama justicia. La investigación apuntó rápidamente hacia su marido, que fue detenido
19:07 hs - Martes 15 de Septiembre de 2026
Camila sentía una vocación por el servicio y por eso no dudó en anotarse para formarse como gendarme. Estaba a punto de lograrlo. Antes había estudiado enfermería en Rosario y sólo un puñado de materias la separaban del título oficial. Hace dos meses se había casado Carlos y lo que todo parecía una vida de ilusiones y futuro, terminó de con un terrible femicidio. Golpes y cuchillazos sobre el cuerpo de la joven fallecida fue la escena con la que se encontró la policía de San Juan cuando ingresó al lugar donde convivía la pareja. En medio de un torbellino de emociones la familia intenta conseguir justicia a más de 800 kilómetros de distancia.
Entre Rosario y la habitación de Camila y Carlos en Barreal, en la provincia de San Juan, hay poco más de 836 kilómetros en línea recta. Por ruta, el tramo más corto acumula poco más de 1.000 kilómetros. Desde la provincia de Cuyo hasta el litoral transitaron Camila Vecchiarello, de 26 años, y Carlos González Riveros, de 25 años y oriundo de Tartagal, Salta, para que la joven presente a su novio a la familia. Fue un encuentro normal. No había señales. Una pareja como otras. En el núcleo de la familia hoy se lamentan no haber sabido leer comportamientos, que aún hoy les cuesta identificar.
Camila y Carlos se conocían de antes de ingresar a estudiar gendarmería. La fuerza de seguridad los unió en San Juan. La pareja se formó y promediando el invierno decidieron casarse. A ella le iba bien, sorteaba los exámenes sin dificultad y estaba a punto de sumarse de manera oficial a la fuerza que protege fronteras y participa de misiones de seguridad. A él le iba mal, no podía conseguir las notas mínimas y había sido apartado por su bajo rendimiento. Una semana antes del crimen, ella había aprobado. Él no se había podido presentar.
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El domingo 13 de septiembre Emilio, el papá de Camila, recibió el llamado más aterrador y desde San Juan le comunicaron que la joven había sido asesinada en la madrugada de esa misma jornada. Además, le contaron que Carlos había sido detenido. La segunda información ya no le importaba. Su hija había sido víctima de un femicidio. No tardó en comunicárselo a sus cuatro hijos, todos mayores que Camila, y en pocas horas salió en busca del cuerpo de la chica de 26 años. La causa la está investigando el fiscal sanjuanino Adolfo Díaz.
La Fiscalía trabaja en la formalización del caso y deberá presentar ante el juez los elementos que ya reunió para explicar por qué considera a Riveros el principal sospechoso y cuál es la calificación legal que corresponde aplicar. Mientras tanto sigue detenido.
Una familia destruida
"Mi hermana fue violentamente arrebatada", afirmó Hernán Vecchiarello, hermano y por ahora portavoz de una familia destrozada. Este martes los restos de la joven regresaron a Rosario y familiares y amigos se reúnen a despedirla en la casa velatoria Pocho Bernardo.
Al hermano le llegó la misma versión que circuló en los medios. El agresor "teóricamente", agregó desconfiado, se quiso suicidar. "Parece ser más pantomima que otra cosa", planteó Hernán y hasta le restó importancia a la carta que Carlos escribió pidiendo disculpas.
Hernán señaló que existía una comunicación fluida entre la joven y su familia de Rosario. Lo intentaban por todos los medios, no sólo por la distancia sino también porque era la menor de una familia con madre, padre y cuatro hermanos varones. "Nunca hubo algo muy marcado o no lo supimos ver. No pudimos ver que la manipulaban", lamentó el hombre que hoy recibió llamados de todas partes del país y hasta perdió la cuenta de con quién habló y con quién no.
Una vez Camila y Carlos viajaron a Rosario. Estuvieron dos semanas y la familia no sospechó de situaciones violentas. Luego, con el aberrante asesinato, "uno saca cuentas y empieza a ver señales o síntomas", describió Hernán y aseguró que su hermana "tenía la confianza necesaria para una charla de hermano a hermana".
De todas formas, Hernán no anduvo con rodeos: "Nunca pudo dar señales porque la tenía trabajada de la cabeza". Algunos identificaron en publicaciones en las redes sociales señales que daban por desconfiar, pero no fue hasta después de conocer el terrible hecho que se ataron cabos. Según la familia, Carlos utilizó el celular de Camila para responder mensajes y realizar posteos en Instagram después del femicidio. Era una señal que no podía verse.
Camila Vecchiarello
A Camila no le costaba estudiar. Aprendía rápido y las notas correspondían con el esfuerzo que le dedicaba a su estudio. Primero en enfermería en Rosario, luego para ser gendarme en San Juan. La vocación por el servicio.
Le faltaba poco para recibirse de gendarme. Si todo salía bien a fin de año iba a poder brindar por sumarse a la fuerza. "Ella quería servir al prójimo, servir a su patria. Incluso también le faltaba poco para ser enfermera, dos o tres materias", aportó Hernán.
Siempre sonriendo y una alegría que contagiaba, Camila no era una más en donde le toque estar. De carácter fuerte, la joven siempre estaba al servicio para ayudar en sus grupos de bailes o para rescatar animales. El aire libre parecía ser su lugar en el mundo.
Enérgica como pocas, como deporte se volcó por la natación y formó parte de grupos de folclore argentino e italiano. "Durante mucho tiempo estuvo en la colectividad molisana", recordó Hernán. Su imponente sonrisa se hacía notar entre el grupo de bailarinas.
El pedido de justicia
Apenas 48 horas pasaron del trágico hecho. La familia aún procesa todo lo ocurrido, pero Hernán subrayó que existirá un reclamo de justicia hasta el último día. "Esto no puede quedar así. Por mi hermana, por todas las mujeres que pasan esto y para que sea visible lo que viven muchas en gendarmería", dijo el hermano de Camila.
Mientras reconstruye el hecho y espera por los avances judiciales, los Vecchiarello no logran entender qué pasó ni por qué se llegó hasta el desenlace trágico. Por ahora, despiden los restos de una enérgica joven que fue víctima de la violencia de género.