Lunes 11 de Abril de 2022
La violencia callejera en Rosario tiene distintas maneras de ser retratada. Están los relatos habituales sobre las bandas criminales y sus disputas vinculadas a la venta de drogas, también protagonizadas por grupos más chicos. Tantos ataques y venganzas, gran parte de los 66 homicidios registrados en lo que va del año, se explican en esa trama. Pero también están las otras formas de describir lo que pasa en la ciudad: una de ellas es, por ejemplo, la situación que vive por estos días una familia del barrio Empalme Graneros que está despedazada tras el asesinato de Marianela Orellana, una chica de 18 años baleada el sábado pasado.
Marianela, "Male" para sus seres queridos, era la única hija de Elizabeth, una mujer de 34 años que siente —y lo expresa como puede— que le arrancaron la vida. También era una nieta consentida por sus abuelos, con quienes vivía en la casa de Cullen al 700 bis. Además era alumna de la escuela técnica 660 y se proyectaba como estudiante universitaria con el deseo de ser contadora. "Un año le faltaba, le quitaron todos los sueños y me la sacaron", lamentó su mamá.
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Todo eso se rompió el sábado pasado, en plena tarde, cuando Marianela fue asesinada a balazos a metros de su casa. Minutos atrás estaba con un chico de 17 años en el parque Scalabrini Ortiz, ella quiso ir al baño y él se ofreció a llevarla en auto hasta su casa. A pocos metros de llegar fueron baleados desde un vehículo en movimiento. Los balazos ingresaron por el lado del conductor, que recibió algunos disparos. A Marianela una bala le entró por la zona de la axila y por la gravedad de esa herida llegó muerta al Hospital Alberdi.
Dos días después de ese homicidio, del cual entre datos oficiales y testimonios de vecinos no se sabe prácticamente nada, la familia recibió a La Capital en su casa ubicada al fondo del pasillo que se abre en calle Cullen al 700 bis. La visita fue sin aviso y aún así la familia se dispuso a conversar, no solo para contar quién era Marianela sino también para explicar cómo se vive en algunos sectores de Empalme Graneros. Entre los motivos de su necesidad de hablar estaba el hecho de que ningún funcionario de la fiscalía o de la policía se había acercado hasta entonces a ponerse a disposición de la familia. Ni siquiera estaban al tanto de qué funcionario está a cargo de la investigación.
Otro crimen por error
"Marianela pagó por otro. Le querían tirar a él. Ella estaba en el parque con esta persona, quiso venir al baño, él la trajo y pasó esto. Estaba en el lugar equivocado. Él habrá tenido algún problema, pero no sabemos nada", dijeron los familiares de Marianela. De esa forma aseguraron que se trató de un crimen por error, algo que se ha vuelto habitual en los últimos años.
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El Observatorio de Seguridad Pública del Ministerio de Seguridad provincial establece en sus informes una categoría que podría comprender estos hechos. Se trata de aquellos casos en los que las víctimas no fueron "principales destinatarios de las agresiones" y que en lo que va de 2022 en los 66 homicidios registrados comprenden algo más del 6%.
En este caso, tal como aseguran sus familiares, Marianela estaba con su amigo en el parque cuando cerca de las 17 él se ofreció a llevarla hasta la casa de ella para que pudiera ir al baño. Al llegar a la zona de Cullen al 700 bis fueron atacados a balazos, según algunos testigos desde un auto color gris. El Volkswagen Fox quedó perforado con seis balazos en la puerta del conductor, uno de los cuales hirió de muerte a Marianela. La investigación, que está a cargo del fiscal de Homicidios Ademar Bianchini, deberá esclarecer si los homicidas siguieron el auto y si el conductor del vehículo, de un color turquesa llamativo y distinguible, fue el blanco principal del ataque.
Dos mundos que conviven
En su intento de despegar a Marianela del posible trasfondo que pudo haber motivado el ataque a balazos contra el joven que conducía el auto, una allegada a la víctima planteó la idea de "dos mundos". "Esta no es una familia que pertenece a ese mundo", dijo en referencia a las disputas que se dirimen a balazos y homicidios. "Marianela era una nena de su casa, no andaba en cosas raras", agregó.
"Este es un barrio de gente trabajadora y también de gente que se dedica a otras cosas. Entonces hay chicos que juegan en la calle, gente grande que se sienta en la vereda. Pero también están los que pasan en moto o auto y tiran, no les importa nada", contó la mujer. En esa descripción aquellos "dos mundos" se acercan tanto que queda en evidencia que se trata del mismo.
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La mujer reparó en cómo la ciudadanía, a grandes rasgos, decodifica lo que pasa en las calles rosarinas cuando trasciende la noticia de un asesinato. "Se busca culpar a la víctima, o a su familia, dicen 'uno menos' o 'que se maten entre ellos'. Pero esta familia no es de ese mundo", dijo. "Nosotros conocemos gente de ese mundo, nos criamos con gente de ese mundo, pero no pertenecemos a ese mundo. Ni siquiera nos juntamos con amigos de toda la vida, porque ahora están en esa vida", agregó.
"Tierra de ellos"
El crimen de Marianela explica un fenómeno afirmado y posiblemente en crecimiento: no es requisito integrar una banda criminal para quedar en medio del peligro que implica la violencia utilizada como medio con el que estos grupos disputan sus intereses. Alcanza con tener un familiar o un amigo que tal vez tampoco integra una banda pero sí lo roza algún conflicto, y entonces el peligro está tan solo en ir a su lado. Es que los protagonistas de la violencia no son extraterrestres: son pibes del barrio, familiares, amigos, compañeros de escuela o trabajo, e incluso funcionarios como es el caso de policías que integran bandas criminales. Entonces no hay "dos mundos", sino uno -tan estallado- que pareciera partido no en dos sino en mil pedazos.
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También sobran los casos testigos que sugieren que vivir en ciertas zonas de la ciudad es un peligro tácito: ahí donde abundan las balaceras aparece como un riesgo el caminar por la vía pública. Así lo describen quienes habitan en estos lugares y se vieron obligados a modificar su forma de vida. En el relato de los familiares de Marianela, por ejemplo, aparece muy naturalizado el hecho de que la chica no salía sola, que la acompañaban a la escuela que está a pocas cuadras de distancia. No por el temor al arrebato, que puede ser generalizado en la sociedad, sino por el miedo de quedar en el camino de las balas.
"Estamos en peligro. Es falta de autoridad, se sabe dónde está la gente mala y las autoridades no hacen nada. Cómo van a dejar que tantos chicos caigan en la delincuencia", dijo una allegada a Marianela. En ese sentido apuntaron las críticas a la policía en general y en particular a las distintas comisarías de la zona, sobre las cuales no sienten confianza ni seguridad. "Acá se ven los patrulleros custodiando los búnker. ¿Quién protege a la gente si denuncia? Esto no es tierra de nadie, es tierra de ellos", agregó.