Sábado 30 de Octubre de 2021
Cuando aún no pasó un mes de ser condenado por ordenar balaceras contra objetivos judiciales y a solo horas de recibir una pena federal por narcotráfico, Ariel “Guille” Cantero suma una nueva causa. Es por instigar el crimen del empresario Andrés Lamboy en septiembre de 2018. Una serie de mensajes enviados a un joven condenado como uno de sus sicarios es la prueba que lo incrimina. Fotos de la víctima y su esposa, la dirección de la escuela de sus hijos, datos de su vehículo y la dirección de la estación de servicios donde desayunaba fueron remitidos desde un celular atribuido a Cantero, entonces preso en el penal de Ezeiza, dos semanas antes del atentado.
Guille iba a ser acusado el jueves como instigador de un intento de homicidio agravado por el uso de arma de fuego pero la audiencia se suspendió porque el jefe de Los Monos, por videoconferencia, pidió a último momento designar a un defensor público para que lo asista. A la audiencia había sido citado su abogado, Fausto Yrure, pero el profesional no asistió ante el cambio de pretensión de Cantero. En la audiencia Cantero fue consultado al respecto y dijo que una semana antes había presentado un escrito ante las autoridades de la cárcel de Marcos Paz, donde está recluido, solicitando un defensor público para esta causa. Luego de un breve receso, la Oficina de Gestión Judicial informó que ese escrito no estaba en el legajo. Entonces volvieron a consultar a Cantero y reiteró su opción por un defensor público.
Ante ello, la jueza Marcela Canavesio postergó la audiencia hasta que se designe un defensor oficial para el jefe narco que más condenas acumula en la provincia. Fue, en suma, otro acto sorpresivo del jefe de Los Monos a pocos minutos de iniciarse un trámite judicial. Como ocurrió a fines de agosto cuando abría el juicio por las balaceras contra objetivos judiciales y dijo que se dedicaba a “contratar sicarios parar tirar tiros a jueces”.
En ese juicio, Cantero fue condenado junto a otras seis personas. Le dieron 22 años de cárcel por instigar siete de las catorce balaceras contra edificios ocurridos en 2018 en Rosario. Este jueves se conoció otra pena: 12 años de prisión como organizador de una banda dedicada a recibir, fraccionar y vender drogas. Así, Guille suma más de 96 años de prisión en ocho sentencias (el tope legal de reclusión es de 50 años) que aún no fueron unificadas.
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Con la tinta de esas sentencias aún fresca, a Guille lo espera la imputación por instigar el fallido crimen de Lamboy, quien sobrevivió a nueve balazos el 18 de septiembre de 2018 frente al campo deportivo del colegio San Bartolomé, en Fisherton. Si bien en un comienzo el ataque se había vinculado con Mario Roberto Segovia, condenado por tráfico de efedrina a México desde un depósito que perteneció al ex suegro de Lamboy, el caso no tuvo acusados por tres años.
La pista que condujo al jefe de Los Monos surgió de un celular Huawei incautado a Matías César, un colaborador de Cantero condenado por las balaceras judiciales a 20 años de prisión como responsable de nueve hechos. El 11 de septiembre de 2018 fue detenido en una casa de pasaje Winter al 200, en el barrio Acíndar, donde dormía con su entonces novia Lucía Uberti, también condenada por los atentados a la Justicia.
En ese teléfono se encontró información clave sobre la logística de las balaceras: en sólo cuatro días de septiembre de 2018 César intercambió con Guille unos 400 mensajes de WhatsApp casi todos eliminados. Pero entre los que no se borraron se hallaron conversaciones entre el 6 y 10 de septiembre que aludían al atentado contra Lamboy. “Después de dejar a los pibes en el colegio toma café en una estación de servicios Axion”, dice uno de los textos que, según la acusación, envió Guille a César dos semanas antes del ataque. Por entonces Guille había sido trasladado desde la cárcel federal de Resistencia a Ezeiza en el marco de la causa Los Patrones. Apenas arribado, el 3 de septiembre, Guille contactó a César desde un celular con característica bonaerense. Le pidió que le reenvíe el número que había usado mientras estuvo alojado en la prisión chaqueña. César le remitió el contacto que tenía agendado como “Lokito”.
Luego, desde la nueva línea con característica 011, Guille le envió datos y una foto de Lamboy. El mensaje mencionaba la calle Wilde, la camioneta Dodge Ram negra de la víctima, el número de patente y datos del seguimiento al empresario. Tras ello César agendó a Guille como “Miljaus” (otro sobrenombre) ya que usa anteojos como el personaje de Los Simpsons, y eliminó varios mensajes posteriores pero la imagen del empresario subsistió.
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En un mensaje del 6 de septiembre Cantero envió el nombre del perfil de Facebook de Lamboy. Según consta en el fallo del tribunal que condenó a los acusados por balaceras, a las 23.13 de ese día Cantero escribió: “Andrés G Lamboy (face)”. A los dos días, el 8 de septiembre a las 22.32, envió un audio. “¿Qué onda Ma? Anoche me pusieron un resguardo estos. Me lo sacaron recién hoy”. “Ma” es, para los jueces Hebe Marcogliese, Rafael Coria y Pablo Pinto, la abreviatura de Matías César, quien respondió con un emoji tomándose la cabeza y le contó que había ido a comer con “gente sana”.
“¿Vos qué onda?”, preguntó César en el chat. El contacto agendado como Miljaus respondió con un mensaje que eliminó. Y a continuación César escribió, textual: “No, no me olvido. Ya anduve averiguando donde queda Kentoki”. En este diálogo, para los jueces, “a pesar del contenido eliminado pudo apreciarse que Cantero le hacía encargos a César y que éste los cumplía. Por caso, averiguar sobre el barrio Kentucky de Funes” donde vivía Lamboy.
El empresario fue atacado la mañana del 18 de septiembre en Mendoza y Wilde tras dejar a sus dos hijos en el colegio. Tres hombres lo esperaban en un Volkswagen Gol y le dispararon. La víctima alcanzó a refugiarse debajo de su camioneta Dodge Ram y se cubrió la cabeza pero fue alcanzado por nueve tiros en el tórax, el abdomen y las piernas y sobrevivió tras varias operaciones.
Al menos 20 vainas servidas se levantaron de la escena. El registro de cámaras de vigilancia mostró que los atacantes habían llegado a las 7.38 de aquel día y desde el VW Gol vieron cuando el empresario llegaba con sus hijos a la escuela sobre las 8. Lo atacaron cuando salió a las 9.20. Para entonces César ya estaba preso desde siete días antes, lo que descarta que haya sido el autor.
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La figura de Guille sobrevoló el caso hasta que, cerrada la causa judicial por las balaceras, el fiscal Luis Schiappa Pietra resolvió imputarlo como instigador en base a evidencia validada en ese juicio oral. Como en esa sentencia se consideró acreditado que quien hablaba desde el teléfono bonaerense era Guille, la prueba en su contra para la fiscalía es clara. “El juicio generó un nuevo contexto y una convicción muy fuerte sobre la instigación”, dijo una fuente. Y remarcó que, aunque el tirador no haya sido César, “el evento se cometió tal y como lo encargó Guille”.
El rol que se le atribuirá a Cantero es el de instigador, aunque no está claro el motivo ni el trasfondo del ataque. Se presume que alguien no identificado, con un conflicto personal con Lamboy, acudió a Los Monos para encargar el trabajo. Tampoco se conoce quiénes fueron los ejecutores materiales.
En el inicio se sospechó que el hecho podía estar relacionado con la causa por tráfico de efedrina seguida a Mario Roberto Segovia. Es que Lamboy fue testigo en esa causa y hasta 2007 fue director de South American Docks (Sadocks), depósito fiscal del barrio porteño de Barracas desde el que Segovia exportó a México efedrina en 2008. Ese depósito era de Rubén Alberto Galvarini, ex suegro de Lamboy, quien en ese expediente fue condenado a 7 años de prisión. Esa es una de las dos líneas que profundizó la investigación, pero no se encontraron elementos que la conecten con el caso.