Martes 06 de Julio de 2021
Frente a la tira 46 del Fonavi de Laguna del Desierto y Avellaneda vivía Erminio A., un carpintero de 50 años, en una vivienda muy humilde. Allí, pasadas las 20 del domingo, se detuvo un auto del que bajaron cuatro hombres —uno llevaba un bidón de nafta— que rompieron la reja e ingresaron. Una vez adentro rociaron con combustible tanto la vivienda como a su ocupante y prendieron fuego. Anoche al cierre de esta edición Erminio seguía internado con casi todo su cuerpo quemado y lo que era su casa era un horno aún caliente.
La casa había sido baleada cuatro meses atrás cuando alguien dejó una carta en la que le “pedían” que se fuera. “La vamos a dejar así como está, toda quemada y sin techo. Si los narcos la quieren que por lo menos la reconstruyan”, decía ayer un familiar de Erminio mientras removía una heladera quemada, una cama, una cocina, escombros chamuscados y lo poco que había quedado.
Las primeras versiones indicaban que Erminio fue atacado a golpes, rociado con combustible y prendido fuego por cuatro hombres. La policía y la Justicia investigan ahora si el ataque fue porque se negó a abandonar su vivienda ante la pretensión de bandas criminales para utilizarlas como kioscos para vender droga. La fiscal de Homicidios en turno Marisol Fabbro ordenó relevar las cámaras de la zona y la toma de testimonios, entre las medidas para iniciar la investigación. La orden será difícil de cumplir para los agentes de Homicidios de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) ya que el barrio no habla.
Gritos y miedo
Eran las 20 de un domingo en una zona populosa y a metros de Avellaneda al 4400, con gente en la vereda y negocios abiertos frente a la casa de Erminio. En las tiras de los Fonavi todo se sabe y al encenderse la casa de material todo fue gritos. Varios vecinos vieron el auto, escucharon la probable discusión y el posterior pedido de auxilio desesperado, incluso ayudaron apagar el incendio, pero ayer nadie había visto nada.
“La gente tiene miedo, a mí tampoco me contaron bien qué pasó”, contó Denis, un hijo de Erminio que vive en otro barrio con su familia.
A las 20.45 del domingo en el sistema 911 se recibieron no menos de diez llamados de vecinos que avisaban del incendio y advertían que un hombre estaba atrapado en el fuego. Al hijo de Erminio también lo llamaron y cuando llegó se metió como pudo en la casa. Entre varios vecinos le ayudaron a extinguir el fuego a baldazos.
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“Cuando entramos —recordó Denis— buscamos a mi papá en el comedor y en la pieza, pero no estaba. Entonces escuchamos que alguien pedía ayuda desde la cocina; mi viejo estaba en un costado, detrás de una mesita toda quemada, el humo y el olor eran fuertes. Lo quisimos tocar pero estaba todo quemado y parece que había bebido antes. Siempre tomaba las tardes de domingo. A un costado de donde él estaba había un bidón de nafta vacío”.
Una vez dentro de la casa el hijo y otras tres personas intentaron sacarlo por la puerta, pero el fuego que aún trepaba parte de la pared y sectores del techo y el machimbre hacían imposible salir por la puerta. “Lo sacamos rompiendo una ventana de atrás. No hablaba, estaba inconsciente ya”, dijo uno de los vecinos que ayudaron en el rescate.
Una vez que la víctima estaba fuera de la casa llegó una ambulancia del Sies, que lo trasladó al Hospital de Emergencias Clemente Alvarez (Heca) donde le diagnosticaron quemaduras en el 100% del cuerpo. Minutos después los bomberos terminaron con el fuego y al ingresar a la casa efectivos de la AIC hallaron el bidón de nafta.
Erminio trabaja como carpintero de obra y vive solo en esa casa que compró hace unos seis meses: dos habitaciones y una cocina pequeña en Laguna del Desierto al 3800. “Hace cuatro meses balearon la casa, uno le dijo a mi papá que se tenía que ir, pero él le dijo que había comprado, que no se iba”, contó Denis.
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Con el transcurso de las horas el auto del que bajaron los atacantes tomó un color. “Era un auto rojo, iban cuatro hombres jóvenes con gorrita, uno llevaba el bidón. Dicen que el señor estaba borracho y que no pudo defenderse”, contó uno de los pocos vecinos que decidieron relatar lo visto.
El hijo de Erminio también habla poco. Dice que su padre no tenía deudas ni problemas con nadie, que en estos días nadie lo amenazó puntualmente y que es muy posible que ahora usurpen la casa: “Ahora nos vamos y la dejamos así”, dice Denis a modo de triste revancha.