"Era para otro", aseguran sobre el cuarto crimen en dos meses en barrio Godoy
La sombra de una disputa por narcomenudeo vuelve a asomarse como contexto en un nuevo homicidio ocurrido en la misma zona en la que este lunes mataron a una chica de 19 años

Jueves 17 de Marzo de 2022

Apenas había anochecido cuando, pasadas las 20 del miércoles, Salvador Vigo Agüero fue asesinado en su casa ubicada en barrio Godoy. Vecinos y familiares aseguran que el hombre, de 36 años y albañil, no tenía problemas con nadie. "La verdad, era para otro", dijeron sobre este nuevo crimen. "Hay uno que está haciendo desastres", dijo un joven que sugirió un posible contexto al hecho: en el mismo pasillo en el que vivía la víctima hay un punto de venta de drogas y tanto este como los otros tres homicidios que hubo en la zona en los últimos dos meses responderían a una disputa por el territorio.

Salvador Vigo Agüero llegó a Rosario hace poco más de un año, junto a su pareja y sus seis hijos, uno de ellos de apenas un año. Antes habían vivido en Buenos Aires, adonde habían llegado ya hace varios años desde Paraguay, de donde la pareja es oriunda, al igual que las familias de ambos. Él se dedicaba a la albañilería, estaba trabajando en la construcción de un edificio. Ella atendía una despensa en la misma casa en la que vivían, sobre un pasillo sin salida que se desprende de la calle 1711 al 7800.

Pasadas las 20 del miércoles, al menos dos personas llegaron en moto al ingreso de ese pasillo, al cual se metieron a pie. Caminaron varios metros hasta el almacén que la familia Vigo Agüero atiende por una pequeña ventana. La pareja de Salvador estaba preparando supremas, que a esa hora del día es lo que más se vende, por lo cual le pidió al hombre que atendiera él porque ella tenía las manos sucias. Nadie sabe, al menos por ahora, si mediaron palabras: uno de los tipos que estaba parado afuera apuntó a Salvador y le dio un certero balazo en el pecho. El hombre se desplomó y en la espera de que lo asistieran apenas alcanzó a suspirar.

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Un vecino lo subió a su auto y lo llevó de inmediato al Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (Heca), donde los médicos lo pasaron directamente a quirófano. Mientras esperaban su evolución, los familiares de Salvador supieron que si llegaba a sobrevivir iba a quedar cuadripléjico porque la bala le había alcanzado las vertebras. Luego le diagnosticaron muerte cerebral y, al cabo de dos horas, sobre las 22.30, se confirmó el fallecimiento.

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La mañana del jueves por la zona de calle 1711 algunos vecinos decían no estar enterados del homicidio, tal vez por desconocimiento o por desinterés de conversar sobre el tema. Pero a algunos metros de distancia, cerca del ingreso del pasillo en el que vive la familia Vigo Agüero, los vecinos marcaron con precisión el lugar. Así como también aseguraron que Salvador era un laburante, que no tenía problemas con nadie. Que incluso la familia es muy tranquila y casi no se relaciona con el resto del barrio. En esos testimonios la distinción de las nacionalidades parece configurar los vínculos. "Los paraguayos son re tranquilos. Ese hombre no molestaba a nadie, laburaba todos los días", dijo un vecino refiriéndose a la familia Vigo Agüero y puntualmente a Salvador.

Ya dentro del pasillo en los alrededores de la casa de la víctima había varios integrantes de la familia, entre ellos algunos niños, que acompañaban a la pareja de Salvador. "La verdad, era para otro", dijeron con pesar. "Se equivocaron de persona, vinieron, llamaron y lo mataron. Él nunca atiende el negocio, se asomó y le dispararon", dijo una hermana del hombre. Luego contó que Salvador había llegado al barrio hacía un año, luego de que su madre, que vivía en la misma casa, se volviera a Paraguay. Durante el aislamiento obligatorio por la pandemia de Covid-19 él había comenzado a trabajar en Rosario, y luego de encontrar en la ciudad más posibilidades que en Buenos Aires habían decidido con su pareja e hijos mudarse definitivamente.

Un punto de venta

Muchos integrantes de la familia Vigo Agüero viven en el mismo pasillo, que no se extiende más que unos 70 metros, hasta que termina en las medianeras de otras viviendas y pasillos que llegan al centro de manzana. Los rumores, porque en estas ocasiones todo trasciende de esa manera, ubicaron a una vivienda de ese pasillo como el punto más problemático. "Esa casa ya la tirotearon, para mí vinieron por él y se equivocaron. Ahí venden droga", dijo una persona.

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En el ingreso al pasillo había este jueves dos agentes policiales de civil hablando en voz alta con un vecino que aportaba lo poco que sabía sobre el homicidio: las personas en moto que ingresaron a pie, poca visibilidad por la oscuridad en un pasillo donde escasea el alumbrado público y, en ese contexto, el sonido distinguible del disparo. Después de unos minutos, los agentes se fueron con la pareja de la víctima, quien debe enfrentar una serie de procedimientos como parte de la investigación que ahora encabeza la fiscal de Homicidios Georgina Pairola.

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Atento a esa conversación había estado un muchacho del mismo pasillo que lucía una gorra con una insignia particular: una chapa con la leyenda "plata o plomo". En diálogo con este diario, dijo que no estaba cuando mataron a Salvador pero que él también cree que el crimen fue un error. "Acá hay mucha droga, a dos pesos. Viste cómo es ahora, están todos locos y se están dando con todo. Por todos lados. Hay uno que está re embarcado, re piola, la policía lo sabe pero siempre hace lo mismo", dijo el pibe. Se refería a una suerte de disputa por la venta de droga en la zona, que está generando una serie de homicidios en el último tiempo. Para ningún vecino fue ajeno el crimen ocurrido la madrugada del lunes, en la que una joven de 19 años fue asesinada a pocas cuadras de ahí, en el lugar en el que vendía drogas.

Cuatro crímenes en dos meses

En lo que va de 2022 hubo al menos cuatro crímenes en un radio de pocas cuadras de esta zona de barrio Godoy. Todos en apenas dos meses, entre mediados de enero y mediados de marzo. Todos, al menos según el testimonio de los vecinos que ven los movimientos del día a día, vinculados a disputas por venta de drogas. Así se asoma la sombra de una disputa que pareciera estar borrando del mapa puntos de venta o, en todo caso, a sus vendedores. Aunque en este último crimen existe la posibilidad de un error que ocasionó la muerte de una persona ajena al asunto.

Pocos días antes del crimen de Salvador Vigo Agüero, la bronca se cobró la vida de una piba de 19 años. Fue en las primeras horas del lunes pasado, cuando Maris Stella Chávez, conocida en el barrio como "Nachi", fue asesinada a balazos en su casa ubicada en un pasillo laberíntico que tiene ingreso en la calle 1709 al 7800.

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Luego del crimen los vecinos dijeron que la chica se había criado en el barrio y que hacía tiempo se la solía ver sentada en un sillón en la puerta del pasillo que terminaba en el ingreso a su casa. Desde ahí, aseguraron los vecinos, administraba la venta de drogas a cargo de otra mujer llamada Marisa. A ese mismo lugar llegaron sus asesinos, que la metieron adentro de la casa y luego la mataron de cuatro balazos, uno de ellos en la cabeza.

Poco más de un mes atrás hubo un crimen a muy pocos metros de donde ocurrieron los asesinatos de Vigo Agüero y Chávez. A Jonatan Marcelo Ojeda, de 28 años, lo balearon en Larralde al 2400 y murió un rato después en el Heca. El muchacho vivía en 27 de Febrero al 7800 y los vecinos aseguraron que estaba detrás de un punto de venta de drogas, factor por el cual ligaban el crimen a una disputa por esos temas.

Para entonces, en el vecindario todavía resonaba el asesinato de "Puque", apodo de Sergio Abraham Giménez, de 26 años, que fue asesinado en una circunstancia poco clara y pendiente de esclarecimiento. El 17 de enero "Puque" llegó junto a otras tres personas a una casa de 27 de Febrero al 7800, según testigos al grito de que en la zona solo vende drogas "el Morocho". El encontronazo derivó en un intercambio de disparos que acabó con la vida de "Puque".