El médico que realizó la autopsia de "Bocacha" dijo que sufrió lesiones compatibles con golpes antes de morir ahogado
El forense Argentino Herrera declaró este lunes en el juicio a dos policías y dos patovicas acusados por la muerte del joven de 23 años frente a un boliche de La Fluvial

Lunes 22 de Mayo de 2023

El médico forense que realizó la autopsia de Carlos “Bocacha” Orellano, quien se ahogó en el río Paraná tras ser expulsado de un boliche de La Fluvial en febrero de 2020, declaró en el juicio que se les sigue a dos policías y dos patovicas acusados de haberlo golpeado contra una baranda antes de que se arrojara al agua. El profesional que examinó el cuerpo —hallado dos días después junto a un muelle de la zona— dijo ante el tribunal que la causa de muerte del joven de 23 años fue una “asfixia por sumersión” y dio cuenta de ocho “infiltraciones hemáticas” que serían resultado de golpes recibidos en vida.

El forense Argentino Herrera realizó la autopsia de Bocacha como médico del Instituto Médico Legal de Rosario. Es además psiquiatra, diplomado en criminalística, experto en medicina legal y docente de la Universidad Nacional de Rosario y la Universidad Católica Argentina. Con un promedio de 1.200 autopsias al año, el médico habló este lunes ante los jueces José Luis Suárez, Mariano Aliau y Aldo Bibao Benítez. Dio detalles de la autopsia de Orellano que se realizó bajo el Protocolo de Minessotta, un conjunto de normas que se aplica cuando en la muerte está implicado personal de fuerzas de seguridad.

Carlos Orellano era empleado en la fábrica de electrodomésticos Liliana, nadador desde la infancia e hincha fanático de Rosario Central. Murió la madrugada del lunes 24 de febrero de 2020, en un feriado de carnaval. Ese día fue a bailar al boliche Ming River del complejo la Fluvial, donde estuvo con amigos hasta que fue retirado entre las 4 y las 4.30 por personal de seguridad cuando intentaba ingresar al VIP.

Según planteó en el juicio el fiscal Patricio Saldutti, al salir se encontró con personal de seguridad en la zona trasera del local junto a la baranda que da al río, en cercanías del muelle 3, y pidió volver a entrar. De acuerdo con esa reconstrucción de los hechos allí lo rodearon y agredieron “aprovechando su superioridad física” y de esta manera determinaron la caída de Orellano al río. Según testigos, el joven saltó la reja y se arrojó al agua. El cuerpo fue hallado dos días después.

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Con el correr del tiempo y el avance de las pericias, dos policías y dos patovicas fueron acusados como coautores de un homicidio con dolo eventual. Esto quiere decir que se habrían representado el posible resultado de la muerte del muchacho pero no hicieron nada para evitarlo. Los policías son Karina Laura Gómez, de 42 años, y su pareja Gabriel Julio Nicolossi, de 39, quienes realizaban adicionales en el boliche. Los empleados de seguridad detenidos son Emiliano César López, de 32 años, y Claudio Fabián Maidana, de 55, quien era jefe de la custodia.

Los defensores Rodrigo Mazzuchini y Antonela Travesaro, por los policías, y los abogados Jorge Bedouret, Pablo Bedouret y Bárbara Reynoso, por los patovicas, plantearon que el cuerpo no presentaba marcas de golpes sino infiltraciones hemáticas que pueden tener otro origen. Las pericias forenses por lo tanto son claves en el juicio.

En la morgue judicial de la Corte Suprema de la Nación se realizaron estudios complementarios a la autopsia y la investigadora del Conicet Nora Maidana realizó la pericia sobre la presencia en los pulmones de diatomeas, unas algas microscópicas del río que dan cuenta de ahogamiento. Esos estudios se expusieron la semana pasada en el juicio. Revelaron coincidencia entre las microalgas que existen en la zona de La Fluvial y las que se encontraron en la médula de Orellano.

Este lunes fue el turno del forense Herrera. El profesional dijo que la autopsia se realizó en presencia de tres peritos de parte —por la querella, la fiscalía y las defensas— y de un juez penal que coordinó el trámite. El procedimiento fue filmado y fotografiado y al finalizar se firmó un acta de consenso entre los profesionales presentes. Explicó que el cuerpo presentaba cierto estado de putrefacción además del efecto de haber estado bajo el agua y que se decidió extraer la ropa en lugar de cortarla por su importancia criminalística.

El estudio concluyó que la causa de muerte de Orellano fue asfixia mecánica por sumersión. Herrera además reportó el hallazgo de ocho signos de lesiones que marcó con un fibrón rojo en dos láminas de un cuerpo humano, una de frente y la otra de espaldas, dispuestas en un pizarrón junto al estrado. Los hallazgos fueron en la región occipital de la cabeza, la cara lateral izquierda del cuello, la cara anterior del hombro derecho, el hemitórax izquierdo, la región lumbar, los dos huecos poplíteos detrás de las rodillas y el tercio superior del muslo izquierdo, en la parte posterior.

“Fueron lesiones en vitalidad, sin entidad para provocar la muerte. Sí lo fue la asfixia”, indicó, y explicó que fueron producto de “golpear o ser golpeado contra una superficie dura y firme”. Ante una pregunta del fiscal sobre si podrían ser resultado de un puñetazo o una patada respondió que sí. Herrera dijo que esas infiltraciones estaban “localizadas y circunscriptas” y medían entre 3 y 5 centímetros, a excepción de una más grande de alrededor de 15 centímetros a la altura del pulmón izquierdo. Esto, dijo, pudo ser resultado de “un golpe en ese lugar”. No obstante, aclaró: “No definimos qué pasó desde un punto de vista criminalístico, definimos la lesión”.

Al explicar cómo se produjeron las infiltraciones indicó: “Las lesiones son un proceso. En este caso las rupturas son venosas y de capilares. Eso quiere decir que existió un trauma externo que provocó una lesión”. Ante otras preguntas descartó que pudieran ocurrir tras la caída de Orellano al agua o por golpes en el fondo del río. Indicó que al llegar a los tres metros de profundidad el cuerpo tiende a flotar.

También detalló que en el líquido pleural se encontró un “alto contenido de hemoglobina”, lo que es compatible con la lesión en el hemitórax. En cuanto a las infiltraciones en la zona del cuello dijo que son propias de un mecanismo de compresión directa. Y las marcas en la zona posterior de las rodillas, según dijo, se produjeron cuando Orellano estaba de pie, lo que podría ser resultado de una patada o rodillazo.

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Ante consultas de las partes, el profesional ahondó sobre el estudio de anatomía patológica que analizó las infiltraciones de manera microscópica. El estudio resultó negativo en uno de los huecos poplíteos y en la zona de la cabeza. Según Herrera, esto se explica porque algunos vestigios pudieron ser solapados por el estado de putrefacción del cuerpo. Dijo que si bien el estudio microscópico es el que confirma o descarta una lesión, éstas podían observarse a nivel macroscópico y fueron fotografiadas. Algunas de esas imágenes se analizaron en la sala donde una decena de allegados a Bocacha escuchaba y tomaba notas.

La entidad de las lesiones halladas en el cuerpo de Bocacha y su incidencia en el fatal desenlace es el mayor nudo de controversia entre las partes en juicio. Así, ante una pregunta de la defensa de los policías, el forense explicó que de tratarse de lesiones en vida podrían ser catalogadas como lesiones leves porque no comprometieron estructuras óseas. Es decir que no requerirían un plazo mayor al mes para su curación.

Por su parte el abogado de la familia Orellano, Salvador Vera, resaltó que los peritos hayan descartado la lesión en el hemitórax izquierdo, donde se detectó un “alto contenido de hemoglobina en el pulmón”, fuera producto de la caída al agua. “Desde nuestro punto de vista esto comprueba que las infiltraciones, incluso las del cuello y hombro, dan cuenta de una sujeción”. Consideró además que la autopsia aportó “información muy consistente sobre la agresión previa a la caída al agua, lo que se condice con las declaraciones de los testigos que vieron que a Bocacha lo agarraron del cuello y lo golpearon”.