Miércoles 30 de Marzo de 2022
Andrés Daniel Rojas fue condenado este martes a la pena de prisión perpetua por haber asesinado el 26 de agosto de 2019 en una casa de pasillo de Laprida al 1400 a su pareja, Isabel Sandra Terrone, de 44 años, y a su suegra, Rosa Domínguez, de 80. Rojas las mató con un arma blanca. A Terrone le aplicó al menos ocho puñaladas. A Domínguez le perforó el cráneo con un puntazo. La octogenaria agonizó más de 12 horas antes de morir. Tras dos semanas de debate los jueces de primera instancia Carlos Leiva, Román Lanzón y Mariano Aliau lo encontraron culpable de homicidio calificado por mantener una relación de pareja y por haber mediado un contexto de violencia de género; y homicidio simple en concurso real en calidad de autor. En la resolución los jueces no dieron lugar al agravante del criminis causa, es decir que Rojas mató para asegurarse la concreción del delito y procurar su impunidad.
Para el 26 de agosto de 2019 la pareja de Isabel Terrone y Andrés Rojas, de 46 años, había estallado por el aire. Llevaban juntos alrededor de 12 años. Ella era licenciada en Comunicación Social y él se presentaba como diseñador gráfico en su perfil de Facebook. Los últimos seis años de relación lo vivieron como un calvario de desconfianza por los continuos robos hormiga que Rojas hacía de las cuentas de su suegra, de quien tenía una extensión de la tarjeta de débito y un poder para manejarle el dinero. Cuando Terrone se enteró de que a su madre le iban a embargar bienes porque tenía deudas que le había generado Rojas, todo se desmoronó. Y lo que comenzó con insultos y manotazos terminó en trompazos y muerte. “Andrés, con esa carita de santo, no sabes lo que es", le decía Terrone a sus amigas. El dinero era el nervio motor de las continuas discusiones.
“Harta me tenés. Ya no queda nada del que eras y dudo que alguna vez lo vuelvas a ser. No sé qué mal hice en la vida para recibir tanto castigo. Perdimos todo por ese negocio de mierda, pero también perdí al compañero más lindo que yo pude haber tenido”, le escribió Terrone a Rojas la noche del 21 de julio de 2019, un mes antes del crimen. “Ni hablar podemos”. Y a las 22.24 le escribió: “De verdad jamás pensé que me ibas a hacer perder todo. Plata, tarjetas y todo”, le dijo Terrone.
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Un día más tarde le siguió escribiendo: “Nosotros no tenemos plata Andrés”; “No nos engañemos más”; “Si ni siquiera pudimos pagar el banco Santander”; “Lo único que nos quedaba. Y yo fui una idiota que en vez de pagar banco te di la guita a vos”; “Yo siempre creyendo en vos”; “Siempre es lo mismo”. Isabel se ocupaba de algunos bienes inmuebles de su madre, gracias a lo cual las mujeres tenían “un buen pasar”, explicaron las amigas de las víctimas. Isabel había trabajado algunos años antes como prensa de bandas y por eso le había quedado amistad con integrantes del grupo bonaerense La Berisso.
Todo terminado
Todo estaba terminado al llegar el fin de semana del doble crimen. Rojas se había ido de la casa de Terrone dejando una nota. Su propia madre había realizado una denuncia por averiguación de paradero. El viernes 23 Isabel Terrone se fue con una amiga a ver dos shows de la banda La Berisso en las ciudades de Santa Fe y Córdoba. El domingo 25 a las 19.30 Terrone fue la primera en bajarse de la combi en la esquina de su casa. Un par de horas mas tarde Andrés entró a la casa. Siempre estuvieron en contacto por mensajes de WhatsApp. Entre esos mensajes, a las 21.15 Daniel le pidió a Isabel que le abra la puerta, lo cual lo ubica en la vivienda. A las 22, Isabel le escribió a una de las amigas con la que había viajado: “Se pudrió todo”. La última vez que Isabel abrió su WhatsApp fue a las 3.08 del lunes 26 de agosto de 2019.
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Para la acusación, en manos del fiscal fiscal Gastón Ávila, Rojas mató a Isabel entre las 3.08 y las 7.18 del 26 de agosto de 2019, hora en la que le envió un mensaje a la mujer que nunca pudo leer porque ya estaba muerta. La Fiscalía expuso que entre las 7.18 y las 19.15 del día de los asesinatos el hombre envió a Isabel cuatro mensajes donde le daba cuenta qué cosas estaba haciendo. Eso fue interpretado como el montaje de una escena para no quedar como sospechoso. Dos amigas de Isabel se preocuparon el lunes porque la mujer no tenía actividad en su celular cuando era una persona muy atenta al aparato. Entonces una de ellas se comunicó con Andrés, quien no se mostró preocupado. Ya bien entrada la tarde, sabiendo que las mujeres iban hacia la casa de Isabel a ver qué pasaba, el hombre les contestó la llamada: “Ahora voy para allá”.
Las amigas pudieron ingresar con una llave que les había dado Isabel. En la oscuridad entraron y al llegar a la habitación de Isabel en planta alta vieron las piernas de la mujer al costado de la cama. No dudaron y llamaron a la policía. Al rato llegó Andrés. Se mostró sorprendido y mortificado. El fiscal no le creyó y lo hizo detener. Isabel yacía muerta en su cama. Rosa Domínguez agonizaba en su habitación tapada con una frazada. La retiraron de la casa en una ambulancia del Sies a las 20.25 y la trasladaron al Hospital de Emergencias donde falleció a las 23.40. "Rojas le debía dinero a prestamistas usureros, por lo que decidió aprovecharse de su pareja y de su suegra manipulando y endeudando a ambas, generándoles un menoscabo patrimonial que llevó su situación económica al límite, lo que terminó con el asesinato de ambas”, explicó Ávila en su alegato de apertura del juicio.