Cuatro barras de Newell's fueron condenados a perpetua por el crimen motivado por una venganza personal pero que implicó un mensaje al interior de la tribuna
19:19 hs - Viernes 23 de Octubre de 2026
La madrugada del 23 de octubre de 2021 Nelson Gabriel Aquiles “Chivo” Saravia, quien había sido jefe de la barra brava de Newell's, fue asesinado a balazos frente a su familia en su casa de barrio Alvear. Un grupo armado irrumpió en la vivienda de San Nicolás al 3700 y lo ejecutó en un ataque que dejó al descubierto las disputas por el poder del paravalanchas, conexiones con el narcotráfico e integrantes de las fuerzas de seguridad. Este viernes se cumplieron cinco años del crimen.
La investigación estableció como móvil que el ataque estuvo ligado a una venganza personal de Guillermo "Chupa" Sosa, otro referente de la tribuna leprosa, por el asesinato de su cuñada Ángela Oviedo, ocurrido horas antes. La hipótesis judicial sostuvo que Saravia fue blanco de una represalia por sus presuntos vínculos con personas relacionadas con ese crimen. El expediente también expuso un reacomodamiento en la pesada de Newell's como telón de fondo del crimen ejecutado por miembros de la barra.
El 1º de julio de 2025, cuatro integrantes de la barra de Newell’s fueron condenados a prisión perpetua por el asesinato. La sentencia no sólo alcanzó a Sosa, sino también Alejandro “Rengo” Ficcadenti, Esteban Salvador Alegre y Brian Alexis Dittler, señalados, con distintos grados de responsabilidad, como instigador, partícipe necesario y autores materiales de un golpe comando ejecutado delante de la familia de la víctima.
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Un crimen planificado
Saravia había sido jefe de la barra brava de Newell’s entre 2013 y 2016, después de la detención de Diego “Panadero” Ochoa. Su paso por la conducción del paravalanchas estuvo marcado por las disputas entre distintas facciones y una sucesión de ataques que atravesaron durante años a la hinchada rojinegra. Aunque había perdido protagonismo en la tribuna, seguía siendo una figura conocida en ese entramado.
La madrugada del sábado 23 de octubre de 2021, alrededor de la una, varios hombres llegaron en un vehículo hasta su vivienda. Forzaron la reja y la puerta de ingreso y avanzaron hasta la habitación donde estaba Saravia. La víctima se encontraba junto a su hijo y un sobrino, de 8 y 13 años, respectivamente, a quienes habría intentado proteger antes de que comenzaran los disparos.
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Los atacantes efectuaron más de 20 balazos y escaparon. Durante el ingreso se habían cruzado con la pareja de Saravia, a quien le preguntaron dónde estaba su marido. La reconstrucción del hecho estableció que el grupo había organizado previamente el operativo y tenía asignadas las funciones para concretar la ejecución.
Una de las primeras pistas surgió del teléfono celular que los atacantes se llevaron de la vivienda. La señal de geolocalización condujo a los investigadores hasta una casa de Garibaldi al 3300, propiedad de Sosa. Allí, las cámaras de seguridad registraron movimientos que resultaron centrales para reconstruir la planificación del crimen y la vuelta de los involucrados después del ataque.
Vinculos peligrosos
La investigación ubicó el móvil inmediato del homicidio en el asesinato de Ángela Oviedo, cuñada de Sosa, ocurrido el 22 de octubre de 2021 en barrio Itatí. La mujer había sido baleada en un pasillo de Centeno y Rodríguez. De acuerdo con la hipótesis de la Fiscalía, Sosa relacionó ese crimen con personas cercanas a Saravia y ordenó una represalia, aunque no se estableció si Saravia efectivamente tuvo algo que ver con el crimen de Oviedo.
Los investigadores reconstruyeron que alrededor de 22 personas se habían reunido en la casa de Garibaldi antes del ataque. Allí se repartieron las armas, prepararon los vehículos y organizaron los roles de cada uno. Después de la ejecución, parte del grupo regresó al mismo domicilio, donde dejó las armas y cambió su vestimenta. Las filmaciones permitieron identificar a varios de los involucrados y reforzar la acusación contra los referentes de la barra.
El expediente también abrió una línea sobre los vínculos de Sosa con integrantes de la entonces Agencia de Investigación Criminal (AIC), hoy Policía de Investigaciones (PDI). El análisis de teléfonos permitió detectar contactos con los policías David Luciano Arellano y Marcos Barúa, acusados de suministrar información reservada y facilitar conexiones dentro de la fuerza. Ambos fueron condenados en febrero de 2024, mediante procedimientos abreviados, a tres años de prisión efectiva.
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Barras condenados
En julio de 2025 Sosa, Ficcadenti, Alegre y Dittler fueron condenados a prisión perpetua. La acusación sostuvo que el crimen había sido planificado y que cada uno tuvo una función definida dentro de la organización del ataque. El fiscal Luis Schiappa Pietra consideró que el crimen había funcionado como una demostración de poder dentro de la barra brava, en un momento de disputa por el liderazgo y de reacomodamiento de fuerzas alrededor del club.
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La Fiscalía atribuyó a Alegre y Dittler la ejecución material del homicidio, mientras que Ficcadenti fue señalado como partícipe necesario y Sosa como instigador. Durante el debate se expusieron testimonios, registros de cámaras y otros elementos que permitieron reconstruir tanto la preparación del ataque como los movimientos posteriores de los involucrados.
Los audios incorporados al juicio también permitieron examinar la influencia que ejercían desde la cárcel referentes vinculados a Los Monos sobre la conducción de la tribuna. A cinco años de aquella madrugada, la ejecución del Chivo Saravia permanece como uno de los episodios que exhibieron la convergencia entre barras, narcotráfico y conexiones policiales en Rosario.
