Viernes 04 de Septiembre de 2020
Juan Emanuel Saucedo tiene 24 años y ayer fue condenado a prisión perpetua por haber dado muerte a su pareja, Jésica Daniela Olivera, quien tenía 31 años y tres hijos, y a la que atacó a golpes y con un arma blanca en abril de 2018. En el final de un juicio oral y público, el tribunal compuesto por los jueces de 1ª Instancia Hebe Marcogliese, Alejandro Negroni y Pablo Lanzón lo halló culpable de homicidio calificado doblemente agravado por el vínculo y por violencia de género.
Según lo reconstruido por la investigación realizada por la fiscal Marisol Fabbro, el fatídico ataque se registró a las 4.30 del domingo 15 de abril de 2018. La noche anterior, la pareja y una hija de ambos que entonces tenía 2 años, habían concurrido al salón de la vecinal del barrio 7 de Septiembre (Ayala Gauna y Sánchez de Loria) para festejar el cumpleaños de 15 de una de las hermanas del hombre. Jésica, además, tenía otros dos hijos de una relación anterior que por entonces tenían 10 y 12 años.
Ya entrada la madrugada del domingo 15 de abril la pareja empezó a discutir dentro del salón y delante de los presentes por lo que fueron sacados del lugar. Entonces Jésica decidió irse junto a su hijita y le pidió a dos sobrinas que la acompañen, como sabiendo lo que podía pasarle. Tras ellas salió Saucedo y comenzó a seguirlas mientras insultaba y gritaba a su pareja.
Jésica y sus acompañantes fueron alcanzadas por el hombre a la vuelta del salón y allí la mujer le dijo a Saucedo que ya no quería continuar con la relación, que estaba cansada del maltrato constante al que era sometida. Entonces el hombre “la tomó de los pelos, la tiró al suelo, se le subió encima para inmovilizarla y comenzó a propinarle puñaladas con un cuchillo tipo carnicero que sacó de su cintura”, dijo la fiscal. La autopsia determinaría luego que fueron 18 puntazos, uno de ellos fatal que le seccionó la arteria femoral a la altura del muslo. De nada valió la llegada de personal del Sies al lugar y sus intentos por revivir a Jésica, que se desangró allí.
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Algunos testigos recordaron que Saucedo le recriminó a Jésica actitudes que había tenido durante la reunión familiar. “No podés hacerme esto a mí. ¿Cuántas veces lo hablamos?”, le dijo antes de agredirla.
Las sobrinas de Jésica corrieron hasta la subcomisaría 21ª, ubicada a pocos metros del lugar y vecina al salón donde terminaba la fiesta para dar aviso de lo que pasaba. Incluso una de ellas fue amenazada por el propio Saucedo con el cuchillo con el cual estaba matando a Jésica, quien tenía alzada a su hijita de dos años.
Entonces llegaron al lugar familiares de la mujer y un agente de la seccional que allí mismo detuvo y esposó al agresor. Testigos aseguraron que en ese momento Saucedo se abrazó a Jésica y en un sinsentido absoluto le preguntaba “¿Qué te hicieron?”, mientras él mismo se respondía: “Yo no fui, yo no fui”.
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En su alegato, la fiscal Fabbro hizo un pormenorizado desarrolló del episodio y aseguró “que el crimen se produjo en un contexto de violencia de género en el cual el acusado pretendía ejercer dominio físico y psicológico” sobre la víctima. Además remarcó que en esa relación, que llevaba unos tres años, “no era la primera vez que Saucedo agredió a Jésica, quien hasta llegó a ser hospitalizada por los golpes que le propinaba el hombre”.
“Fue una relación marcada desde sus comienzos por la violencia, tanto física como psicológica, al punto que Jésica le tenía terror a Saucedo e incluso ocultaba los episodios de violencia a su familia y a sus hijos. El hombre ejercía un increíble poder sobre la psiquis de Jésica que, aún luego de cada episodio de golpes y destratos, en los que ella terminaba golpeada y debía acudir a asistirse las heridas, ocultaba la verdadera causa o motivo de las mismas argumentando caídas involuntarias o hasta episodios de robo en la vía pública”, contó la fiscal.
“No obstante, no solo esos golpes encendieron la alarma de la familia de Jésica, sino también el hecho de que la pareja no ocultaba sus constantes discusiones en público donde se evidenciaba el destrato verbal de Saucedo hacia ella”, remarcó la funcionaria del Ministerio Público de la Acusación. Por eso, recordó, “la familia de Jésica (dos de sus hermanas fueron querellantes en la causa) trató de ayudarla en más de una oportunidad sin que ella lo aceptara. Probablemente por los mismos motivos por los cuales nunca denunció los malos tratos que recibía”. Y es que el hombre, “casi como una constante en estos casos de violencia de género, luego de cada episodio se arrepentía, le pedía disculpas llorando y le prometía que no iba a volver a suceder”.
Finalmente, la fiscal solicitó no solo que se condene a Saucedo a prisión perpetua como autor penalmente responsable de homicidio calificado por el vínculo y por el contexto de violencia de género, sino también que sea declarado reincidente atento a que tenía antecedentes condenatorios: una pena de 3 años deprisión por robo calificado por uso de arma de fuego dictada en septiembre de 2015 y una tentativa de robo en calidad de coautor en junio de 2018.