Miércoles 10 de Noviembre de 2021
Con una mano en la pistola y otra en el volante, Leonardo Vidal intentó defenderse de un ataque a tiros en marzo de 2019 en el barrio Plata, donde hacía minutos el mismo agresor había baleado la casa de sus suegros. “Me dieron, cumpa”, le dijo a un amigo que lo acompañaba, antes de perder el control del auto con un balazo en el pecho que le causó la muerte. Por el crimen fue condenado este miércoles a 14 años de prisión Jorge Alberto Plorutti, un vecino con quien en otros tiempos solía ir a pescar y que mantenía un conflicto con la familia de la víctima.
La condena fue dictada por los jueces Florentino Malaponte, Pablo Pinto y Valeria Pedrana. El tribunal aceptó un acuerdo abreviado entre los fiscales Georgina Pairola y Carlos Covani y el defensor público Hernán Soto. Plorutti, de 27 años, aceptó 14 años de prisión como autor de varios delitos: homicidio agravado, portación ilegítima de arma de guerra, abuso de armas, amenazas calificadas y amenazas simples. Es que además del crimen de Vidal admitió una serie de agresiones previas y posteriores a la familia de la víctima. También fue condenado por dos intentos de robo.
Vidal tenía 29 años y además de ser mecánico era entrenador de fútbol femenino en la villa La Cariñosa. Fue asesinado el 13 de marzo de 2019 como el evento final de una serie de amenazas y ataques a tiros que fueron escalando a lo largo de la tarde. Ese día llegó con un amigo en su Renault 11 a la casa de sus suegros, alarmado porque acababan de amenazar a la familia con un arma mientras sus dos hijos jugaban en la puerta. Más tarde, cuando el mecánico se retiraba, el agresor lo cruzó en el camino y le disparó. Sin dejar de manejar, Vidal sacó un arma y gatilló pero no pudo esquivar el disparo letal.
Esa tarde la esposa de Vidal estaba de visita con sus dos hijos pequeños en la casa de su madre, en Castellanos al 5200, cuando comenzó la saga de atentados. Según reconstruyó la investigación, Plorutti pasó a las 18 frente a esa casa vestido de short y remera amarilla, descalzo y acompañado por su novia. Exhibió un arma ante la familia que tomaba mates en el frente y amenazó “los voy a matar a todos”, con la promesa de volver con una ametralladora.
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Los testigos contaron que regresó a la casa de sus padres, a la vuelta, donde solía dormir en su Renault rojo estacionado en el frente. En ese momento Vidal salía de su trabajo en una lavandería y se enteró de las amenazas por un llamado de su pareja. Por eso fue a barrio Plata acompañado por un amigo. Mientras conversaba con los familiares en la puerta volvió a pasar el “Gordo”, como le dicen al acusado, con un arma en la mano. Plorutti reclamó una deuda de dinero y hubo una nueva discusión. “Jorge les decía que si no querían historia que le paguen y listo. Pero nadie intervino”, contó el amigo de la víctima.
Cuando la situación se calmó Vidal se retiró para cumplir con el segundo turno en su trabajo. Pero en ese momento, a las 20.45, el agresor volvió y atacó a tiros el frente de la casa. La pareja de la víctima lo llamó y le dijo que tuviera cuidado porque “andaba Jorge tirando tiros” y entonces el mecánico regresó. Cuando llegaba por calle Aurora unos minutos después el atacante lo reconoció y comenzó a disparar.
“No detuvimos la marcha. Leonardo sacó un arma que yo no sabía que tenía y empezó a disparar como loco. Era negra, una pistola. No sé qué calibre. Disparaba con la mano derecha por su ventanilla y con la izquierda sostenía el volante. Yo estaba agachado. El se defendió”, contó el amigo de Vidal. Un disparo el dio en el pecho al conductor, que terminó chocando contra una zanja. “Me dieron, cumpa”, le dijo Vidal a su amigo.
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Los vecinos lo llevaron al Hospital de Emergencias pero ingresó con un paro cardíaco y murió a las 22. En la escena, dos tiros atravesaron la puerta del conductor del Renault 11 blanco del que, en el desbande, alguien robó la billetera y el celular de la víctima. Otra bala impactó en un Fiat Doblo gris nuevo estacionado en la vereda. En el lugar se levantaron vainas calibre 9 y 40 milímetros. Cuatro impactos quedaron marcados en la casa de calle Castellanos.
Con respecto al móvil del ataque, la investigación manejó dos posibilidades. Vidal y Plorutti habían sido amigos. “Acostumbraban a ir a comer e incluso a pescar juntos. Pero en un momento P. se metió en la delincuencia y empezó a hacer desastre”, dijo un familiar. El único incidente previo había ocurrido meses antes cuando el “Gordo” Jorge le robó un celular. El mecánico se lo reclamó al padre pero nunca lo recuperó. Otra línea es que, según contaba preocupado Vidal a sus amistades, uno de sus cuñados tenía una deuda con el acusado. “Le debe plata al del búnker de enfrente. Y yo estoy preocupado porque se la vayan a agarrar con mi familia”, comentaba.
Plorutti fue detenido dos meses después del crimen, el 13 de mayo de ese año, cuando alguien lo vio merodeando por Lamadrid al 3800 y llamó a la policía. “Ya vas a ver cuando salga” y “no mires que para vos también hay”, les gritó desde el patrullero a la viuda y un sobrino de la víctima cuando se acercaron a informar que tenía pedido de captura.
Al acuerdo abreviado se incorporaron dos causas por intento de robo. Uno fue el 9 de febrero de 2019 a las 15.30 cuando Plorutti abordó con un cuchillo a un vendedor ambulante de trapos de piso y le exigió la mochila Castellanos al 5200 . Intentó cortar las tiras y la víctima sufrió tres cortes en la mano derecha cuando intentó protegerse. El ladrón escapó con la mochila y la billetera, que se le cayó en la huida, pero un vecino lo golpeó con una piedra en la cabeza y se retiró sin llevarse nada.
Por último fue condenado por un hecho del 15 de enero de 2019 a las 23. Entonces perforó un panel de fibra del techo del supermercado Arcoiris, de Ovidio Lagos al 5600, y fue sorprendido por el dueño cuando intentaba robar en el depósito. Escapó por los techos y lo detuvieron en la zona.