Miércoles 02 de Noviembre de 2022
La villa de la Vía Honda es un territorio sumido en la pobreza, dominado por el narcomenudeo y bajo fuego. Un lugar en el que los vecinos han naturalizado la violencia extrema para poder seguir viviendo. Desde el 9 de agosto pasado en ese asentamiento delimitado por bulevar Seguí, Avellaneda, Uriburu y Felipe Moré se produjeron cuatro asesinatos y un sinnúmero de balaceras con heridos de distinta gravedad. Una de las últimas víctimas fue Anahí Paloma O., una nena de 8 años que el domingo pasado recibió un balazo en la cabeza y que por los médicos y enfermeros del Hospital de Niños Víctor J. Vilela está recuperándose lentamente. Pero si se habla de crímenes en el período puesto bajo la lupa, uno de los ocurridos fue el de Alejandro Andrés Tourn, ejecutado en el interior de su Fiat Duna el 19 de agosto frente a la canchita de Cerrillos al 3900. Por ese hecho, el fiscal Alejandro Ferlazzo acusó a Brian Damián “Cogote” B., quien quedó en prisión preventiva por el plazo de ley.
El homicidio fue cometido alrededor de las 19.50 cuando un Fiat Duna blanco patente WYV 783 estacionó sobre Cerrillos al 3900, frente a la canchita en la que ya “casi nunca se juega a la pelota”, según semblantearon varios vecinos. Uno de los arcos del predio, el que está ubicado sobre la prolongación de calle Biedma, es una referencia en el narcomenudeo en la Vía Honda. En los últimos años ese lugar fue regenteado por Nelson “Pandu” Aguirre como una especie de referente de Ariel Máximo “Viejo” Cantero. Pero no es el único punto de venta en la zona. También están el búnker de “Mimí” y “La cueva”, este último escenario de la balacera que el último domingo dejó heridos a la pequeña Anahí y otras tres personas que permanecen internadas con pronóstico reservado en el Hospital de Emergencias.
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Según la acusación realizada por el fiscal Ferlazzo, Cogote es un “soldado” o “matón” encargado de custodiar una boca de expendio de drogas en las inmediaciones del lugar donde Tourn estacionó su Fiat Duna. Un testigo de identidad reservada contó que Cogote se acercó al auto y pese a que el conductor le dijo que no estaba haciendo nada, el soldadito lo ejecutó a sangre fría con cinco disparos calibre 9 milímetros. Cogote tenía la orden de no dejar que nadie amenazara la posición que le ordenaron custodiar y ante un escenario de duda, mató. Otro testigo de identidad reservada declaró que en el barrio se decía que el ejecutor de Tourn era Cogote. La víctima falleció producto de una hemorragia torácica masiva y shock hipovolémico por proyectiles de un arma de fuego. En la escena se secuestraron vainas calibre 9 milímetros que fueron enviadas a peritar y cuyo resultado complicaron al acusado.
El día después del crimen algunos vecinos señalaron que el homicida, para la investigación Cogote, se marchó en un Volkswagen Vento oscuro en el que iban otras personas. Una hermana de la víctima reconoció su cuerpo. Y Cogote fue acusado por homicidio agravado por el uso de arma de fuego y portación ilegítima de arma de fuego de guerra, ante lo cual la jueza de garantías Paula Álvarez dispuso la prisión preventiva efectiva por el plazo de ley.
Un día después del homicidio de Alejandro Tourn, en las inmediaciones del mismo lugar fue ejecutado Miguel Eduardo Leiva, de 57 años. El hombre fue atacado a tiros en uno de los pasillos de Cerrillos al 3900 el domingo 21 de agosto a las 17.30. Al lugar ingresó un Volkswagen Gol Trend blanco y desde el interior del auto comenzaron a dispararle hasta que cayó al piso. Entonces el auto se detuvo y uno de los ocupantes bajó y remató a la víctima con disparos en la cabeza al grito de “acá no se vende más”. Tras ello dejó un cartón escrito a mano con la leyenda: “Peruano plantate. La mafia no perdona, gil”. En la calle se reconoce como Peruano a Julio Rodríguez Granthon, un preso de alto perfil que según investigadores de varias causas tiene el poder de bajar cocaína de alta calidad desde el noroeste argentino a Rosario.