El capitán de la selección llegó a Rosario y, entre camisetas y banderas, decenas de hinchas se ubicaron en las puertas del country con la esperanza de verlo
17:31 hs - Martes 21 de Julio de 2026
“Nosotros aprendimos en este Mundial a no rendirnos y yo a mis hijos les digo que tenemos que esperar, no rendirnos. Sabemos que está cansado, pero me gustaría que nos salude y después nos vamos”, comentó Ruth mientras aguardaba, a la intemperie y bajo el frío, frente a la puerta del club Kentucky, la salida de Lionel Messi.
Como ella, decenas de hinchas de la selección argentina, personas que pasaban por la zona e incluso viajeros que decidieron detenerse en el camino permanecían frente al ingreso del country con la ilusión de ver al capitán argentino. Autos y camionetas se fueron estacionando, con el objetivo de conseguir una foto, un autógrafo o, simplemente, un saludo del futbolista más importante de la historia argentina.
Dos días después de la final del Mundial 2026 y de una derrota que todavía dolía, Messi regresó este martes al país para descansar junto a su familia en Rosario. El capitán de la selección arribó a las 6.30 de la mañana al Aeropuerto Internacional Islas Malvinas en un avión privado.
Mientras decenas de admiradores lo aguardaban en las afueras de la terminal, un operativo especial permitió que, en menos de media hora, completara los trámites de rigor y se fuera del aeropuerto a bordo de una de las camionetas que ingresó directamente a la plataforma de Fisherton. Poco después de las siete de la mañana, llegó al country Kentucky, donde ya lo esperaban los medios y los fanáticos con la esperanza de verlo, aunque sea por la ventana de la trafic.
Casi ocho horas después de esa llegada, de la que ni Lionel ni ningún integrante de la familia Messi habían vuelto a salir, los alrededores del barrio privado ubicado en Funes, continuaban colmados de autos y camionetas. No había un gran operativo de seguridad ni una escena de despliegue alrededor del ingreso, solo algunos controles.
Bajo un cielo gris, con el frío y la humedad de la tarde rosarina, algunos permanecían refugiados dentro de los autos con la calefacción encendida, mientras otros desafiaban la intemperie. La mayoría eran familias enteras: llevaban camisetas de la Selección argentina debajo de camperas gruesas, gorros, bufandas y hasta mantas sobre los hombros.
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La ilusión estacionada frente al Kentucky
En diagonal a la puerta del Kentucky, una Kangoo blanca estacionada sobre el césped se convirtió en una imagen digna de fotografiar: una familia entera había ocupado cada rincón del vehículo. Apretados, con poco espacio entre ellos pero con la ilusión intacta, esperaban con gorros de la Selección argentina y la mirada fija en el ingreso del country, atentos a cualquier movimiento que pudiera anunciar la estrella del Mundial.
Unos metros más allá, otra familia compartía mates y un termo de té mientras desplegaba una extensa bandera que versaba: “Le costaba crecer y terminó siendo el más grande. Gracias, Capitán”.
“Venimos desde el aeropuerto. Tengo un amigo que es policía y me avisó que había llegado”, contó Fiama, una joven de 24 años que estaba envuelta en una bandera argentina para protegerse del viento y el frío. “Somos hinchas de Newell’s, lo seguimos desde siempre. Se fue vaciando una vez que entró, muchos se fueron yendo”, agregó su madre, Ruth, quien había llegado minutos antes con provisiones para hacer más llevadera la espera. “Les traje agua caliente, mate y galletitas. Todavía no almorzaron”, contó.
Ruth estaba acompañando a sus tres hijos y sus dos sobrinas. Relató que, minutos antes, el personal de seguridad había colocado vallas a los costados del country debido a los sensores del lugar y a los reclamos de algunos vecinos. Desde la administración del barrio les habían indicado dónde tendrían más posibilidades de verlo: “En caso de que salga, la mejor manera de verlo es desde enfrente”.
Su hijo menor, Yair, de 17 años, se había retirado antes de la escuela para sumarse a la espera. “Salí un ratito antes”, confesó. Ruth agregó: “Se largó a llorar, lo tuve que ir a buscar”.
Cada movimiento detrás de la puerta del country despertaba la atención de todos. “¿Ese es Jorge?”, se escuchaba entre quienes seguían con la mirada a una camioneta azul que salía del barrio. Con el paso de las horas comenzaron a llegar más autos.
“Estamos viajando a Córdoba y nos desviamos para venir”, contó un hincha mientras sostenía una camiseta argentina y una birome para conseguir un autógrafo. A pocos metros, otro preguntaba cuánto se tardaba en llegar a Pujato. “Me dijeron que Scaloni ya está allá”, comentaba, atento cualquier posibilidad de cruzarse con otro de los protagonistas de la Selección.
Mientras la tarde avanzaba y el frío seguía acompañando la espera, la paciencia empezó a transformarse en canto y los hinchas comenzaron a corear: “A Leo le vamos a ver. Que salga un ratito”. Los autos seguían pasando, pero ninguno llevaba a Messi. Aun así, nadie parecía tener apuro por irse.
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