¿Esperabas ese cariño tan inmediato? En redes sociales se ve también ese afecto, y en la cantidad de regalos que te dan en la cancha que sea.
Me sorprende que se acuerden de todo. Porque si bien hace dos años que no estoy en la selección, que es poquito, hacía mucho que estaba afuera. Y en realidad sí me conmueve tanto cariño porque hay otras jugadoras de selección que sí están acá. Ese cariño, ese respeto del hincha argentino, no lo viví en otros países. En Brasil sí soy reconocida, los hinchas brasileños también me quieren y dicen que soy la única argentina que apoyan (risas), pero acá es diferente. Dan todo de ellos. Me escriben cartas en los regalos, me quedo con la boca abierta porque me agradecen por volver a jugar acá, por volver a jugar al vóley. Para mí eso es todo.
Cuando decidiste volver a jugar seguramente tuviste posibilidades de elegir o varias puertas abiertas, por tu experiencia en Europa y ni hablar de Brasil. ¿Por qué elegiste Argentina más allá de lo que decías al principio?
Primero, por estar cerca de mi familia. Después de haber parado dos años quería estar cerca de ellos, poder recargar pilas por situaciones personales que había vivido y sabía que acá iba a tener ese tiempo, esa contención que por ahí si estaba en Europa no iba a tener, porque no iba a tener cerca a nadie. Argentina es mi lugar para volver a empezar. Acá comencé a jugar al vóley y acá quise volver a empezar.
¿Qué hay entre aquel inicio y este? ¿Algo en común?
Creo que tengo las mismas ganas que tenía a los 18 ó 19 cuando me fui a Buenos Aires (de Córdoba, a Boca) pero hoy lo disfruto de otra manera. Tengo muchísima más experiencia que en ese momento en el que quizás si jugaba mal salía llorando de la cancha. Hoy todo es disfrutar de eso. Y es aprender todo el tiempo. De hecho estoy aprendiendo otro tipo de pelotas (jugadas) que durante toda mi carrera no hice. Son posibilidades que me da la liga, el entrenador (Mario Gallego) y eso está bueno.
¿Con qué nivel de liga te encontraste pese a que es una liga corta?
No se puede pensar en hacer muchas estrategias o corregir muchas cosas en una liga tan corta (de tres meses). Entonces, hay que enfocarse en lo que ya está. Si bien a mí me dan un poquito más de margen de error porque recién estoy volviendo, vi una liga bastante competitiva. Me sorprendieron varias jugadoras y mucho la selección argentina Sub 17 (se presentó como Andalgalá). La verdad es que me fui de ese partido muy contenta. Primero porque vi una generación que viene para la selección muy buena, con chicas muy altas, bien técnicamente y porque me parece que están haciendo un muy buen trabajo. El nivel está creciendo muchísimo en el vóley femenino, más por la cantidad de torneos que se juegan a nivel selección y porque en los últimos años se llegó a dos mundiales, Juegos Panamericanos y Juegos Olímpicos.
En todas las canchas se está haciendo el pedido de profesionalización del vóley femenino. Vos que transitaste distintas ligas del mundo, ¿cómo lo ves?
Pienso que nosotras como deportistas tenemos que ser más profesionales. Porque no es solamente pedir que sea más profesional sino también nosotras crecer. Pero sí que falta muchísimo de la parte institucional, como la Federación Argentina. En el vóley femenino, si bien no tenemos resultados que son medallas, tuvimos muchísimos otros muy importantes. Como te decía, se jugaron muchos torneos trascendentales para el vóley femenino en los últimos años. Creo que falta ese poquito, esa ayuda, los sponsors… Y una liga tan corta no ayuda mucho tampoco. O sea, creo que una Liga Argentina Femenina tiene que ser larga como en todos los países. Hoy cada provincia tiene su liga que es más importante que la nacional y eso debería cambiar.
Inés Arrondo, secretaria de Deportes de la Nación, anunció modificaciones en el sistema de becas para los atletas que incluyen licencia por embarazo, maternidad, paternidad, interrupción voluntaria del embarazo y violencia de género, entre otros. ¿Son cambios que generan tranquilidad?
Está bueno, lo que pasa es que estamos acostumbrados a una beca, pero nosotras deberíamos tener sueldos. Las jugadoras, como los jugadores, deberían tener sueldos. Hoy acá en la Liga Argentina los varones pueden vivir del vóley porque tienen muchísima más ayuda y apoyo. Nosotras no. Y no nos tenemos que conformar con tener una beca. Si bien eso en la selección siempre nos ayudó mucho, incluso desde clubes como Boca y San Lorenzo que siguen pagando a las jugadoras de selección. Pero no nos tenemos que acostumbrar. Merecemos cobrar un sueldo.
De fondo tu vuelta a la Liga Argentina tiene un gran deseo, el retorno a la selección nacional. ¿Qué posibilidades ves, tuviste chance de hablar con el entrenador?
Lo vi en varios partidos que jugamos pero salimos rápido porque no tenemos contacto con mucha gente (por el coronavirus). El no se comunicó tampoco (Hernán Ferraro). Pero no es que me desespero por el contacto, hoy todavía no salió la lista de las convocadas, entonces estoy tranquila. En realidad estoy intentando dar lo mejor que pueda en la liga, volver al ritmo en el que estaba jugando hace dos años y siento que vengo por buen camino. Físicamente estoy bien. Si bien la edad viene con algunos dolores (risas), estoy para lo que necesite. Si el entrenador quiere que esté solamente para entrenar, ayudar, voy, no tengo problemas. Como te decía, ver a jugadoras tan jóvenes, con tanta proyección, es lo que me hace feliz.
Vos conocés más que nadie tu nivel, ¿dónde estarías hoy del 1 al 10?
Ahora me considero en un 7. Muchas personas me dicen que estoy mejor que antes, aunque ahí digo: "¿Ustedes me vieron jugar antes o estaba tan mal?" (risas). Considero que estoy bien físicamente pero a veces siento que mi cuerpo no le responde a mi mente, que va más rápido. Me siento bien y también la liga me permite tener más margen de error.
Hoy contás cuánto extrañabas esto. ¿En algún momento te replanteaste o cuestionaste ese parate de un año?
En realidad sí, lo pensé muchísimo, porque podría haber hecho en paralelo lo que quería. Pero también creo que si no hubiese parado no sé si estaría con tantas ganas de seguir o de divertirme como hoy, disfrutando tanto del vóley como ahora. Cuando paré fue para enfocarme en trabajar, estudiar y asesorar a los deportistas en el área financiera. Aunque a los 6 meses ya quería volver a la cancha. Y dije: ¿qué hago? Empecé a entrenar, me busqué un entrenador de beach volley para moverme, porque es otro deporte, porque las piernas te quedan así (hace el gesto de piernas hinchadas) y porque sabía que tenía que empezar con eso para después estar más suelta adentro de la cancha. Me fue bien y después se cerró todo por la pandemia, lo que termino siendo dos años de parate. Igual seguía con entrenador y PF, casi sin descanso, por eso llegué bien. No tocaba la pelota pero sí me entrenaba físicamente todos los días.
Ese año sin vóley también tuvo que ver con que vos en ese momento le diste prioridad a tu vida personal. Te casaste (con Milka Madeiro, brasileña, ex compañera de equipo) y decidiste visibilizar tu historia. ¿Por qué fue y qué te queda de eso, del mensaje que buscaste transmitir si es que lo buscaste?
Yo creo que se dio de esa manera. Y me siento orgullosa porque cuando decidí mostrarme, mostrar mi vida personal, mucha gente se identificó. Muchos chicos y chicas me escribían, me siguen escribiendo y no sé si fue el objetivo ayudar pero se dio así. Fue una ayuda indirecta para muchas personas que por ahí no se animaban o no se animan a contar o a abrirse. Me hizo muy feliz en ese momento poder transmitir un poquito eso que yo estaba viviendo para que otras personas también puedan hacerlo. En mi familia fue todo muy libre siempre, no es que yo pensé: "Ay, voy a hacer esto y voy a salir en los medios". No, es algo que quería compartir con mi familia y se dio así porque soy una persona pública, una deportista que llegaba a la gente.
¿Ahí notás cuánto peso tiene la figura del deportista como voz de referencia y mucho más en estos temas?
Sí, y eso está bueno, aunque sea para poder ayudar de forma indirecta. No solamente en este tema sino también mostrando que el deporte te puede llevar lejos. Eso me llena muchísimo, en todo sentido de la vida. Eso de que al ser referente de un deporte puede ayudar a muchas personas.
¿Fue un orgullo también poder venir a casarte a Argentina y hacer uso de la ley de matrimonio igualitario de tu país?
Sí, porque en Brasil no se podía, es algo más frío, es un papel nada más. Acá fue como lo soñaba, como lo quería y mucho más por casarme en mi país, porque soy muy argentina. Mucha gente me pregunta que hago si me llaman para nacionalizarme para otro país, porque por ejemplo podría hacerme la doble ciudadanía en Brasil y jugar para ellos. No, soy muy argentina. No puedo, no sé, no sentiría otra camiseta (risas).
Esta cuestión fuerte con la identidad también la llevás tatuada mostrando tus raíces indígenas, con una frase en wichi que es visible en tu brazo derecho. ¿Cómo analizás la situación de los pueblos originarios tanto en Argentina como en Brasil?
En Brasil es muy parecido acá, de mucha lucha. Mi mamá siempre me mandaba videos de la gente del Amazonas, luchando por los mismos derechos. Creo que en toda Latinoamérica estamos igual, es muy difícil. Yo que pude vivir en una comunidad indígena y ver desde adentro cómo ese pueblo está tan excluido de la sociedad sé que es muy difícil. Ahora por ejemplo en Formosa algunos chicos pueden llegar a la Universidad, pero se sienten como sapo de otro pozo. Mi mamá y mi hermana (Vilma y Ely), junto a un grupo de gente, trabajan para ayudar a esos chicos que llegaron a la Universidad pero no tienen recursos para vivir en Formosa capital. Entonces abrieron una casa donde los ayudan a estudiar (se llama Ispeyak, que en wichi significa "primera lluvia de la primavera"), tienen computadoras, pueden hacer los trabajos ahí y se juntan para estar unidos, son de diferentes comunidades del oeste. Si no estuviera este grupo les sería muy difícil llegar a insertarse en la sociedad.
Se supo en su momento que ayudabas en la educación de los chicos de Formosa a partir de la donación de lo que ganabas por sponsors. Y seguís dando una mano con tu mamá y tu hermana.
Ellas son las protagonistas de todo eso, ellas hacen muchísimo por mucha gente y yo intento estar y sumarme en lo que puedo. Hoy me resulta casi imposible ir y ya cuando estaba en otros países era muy difícil volver. Hacía 10 años que no iba a la comunidad cuando en el 2019 volví e hicimos con mi mamá una clínica de vóley y fútbol para los chicos, porque ellos también trabajan adentro de la comunidad con un centro donde intentan sacar a los chicos de las drogas. Y el deporte es eso, el deporte ayuda mucho. Entonces, con esas poquitas cosas que puedo hacer las ayudo, pero las verdaderas protagonistas son ellas y el grupo de gente que trabaja ahí. Sólo intento aportar mi granito de arena.
En este momento en que se cuestiona tanto el accionar docente, vos que tenés familia de docentes e incluso tus padres fueron directores de escuela, ¿qué pensás de las críticas y de las desigualdades que desnudó la pandemia en este tema?
La pandemia puso en evidencia muchísimas cosas. La desigualdad y el sistema educativo que tenemos, lo que le falta. Pero sí, para mí muchos docentes trabajan por vocación y muchos simplemente por el sueldo. La vi a mi mamá trabajar muchos años. En Formosa te podés jubilar a los 25 años de servicio y ella trabajó 38, si eso no es vocación… La pandemia nos trajo un montón de cosas a la vista que se tienen que cambiar, por las que hay que luchar. Hoy se ve que muchos salen a la calle a luchar por los derechos y por todo lo que necesitamos, que antes no se veía. Formosa me sorprendió y me parece que está intentando pensar diferente después de tantos años en los que vivió agachando la cabeza.
¿No esperabas que tu provincia pueda plantarse así en un reclamo que también es hacia el abuso del poder?
No, me sorprendió. Nosotros somos seis hermanos y cuatro están ahí, en las marchas y la mayoría son artistas. En Formosa se vuelve a fase 1 todo el tiempo y la gente no puede trabajar. Entonces, si no salís a luchar… Porque en Buenos Aires o acá (en Rosario) o en otro lugares hay muchísimos más casos (de Covid-19) y la gente puede salir a trabajar, con los cuidados obviamente. Formosa es el único lugar del país que se vuelve siempre a fase 1. Me parece que la pandemia también hizo que se piense un poco más, que se vea la desigualdad que decías vos y que se tapaba cuando no tenías tiempo de pensar. Se salía a trabajar y te conformabas con lo que tenías. Hoy ves que te podés morir de hambre si no trabajás. Y eso te hace levantar la voz.
Naciste en una localidad pequeña (Ibarreta) y como contaste viviste muchos años en la comunidad wichi. ¿Qué fue lo que te permitíó soñar con poder hacer algo más en ese momento en el que seguramente no había muchos chicos que pudieran hacerlo? Te fuiste a Córdoba a dar los primeros pasos en el deporte a los 16 años. Para jugar al fútbol (en Belgrano), aunque finalmente elegiste el vóley.
Justamente, Maradona. Yo lo seguía mucho a mi papá (Omar) que era jugador de fútbol. Bah, hasta hoy juega. Lo llamaban de todas las localidades que hacían torneos porque era muy bueno. Como lo admiraba mucho cuando podíamos ver partidos lo hacíamos juntos, porque no había luz eléctrica donde nosotros vivíamos, pero sí a lo mejor en alguna ciudad chiquita a la que íbamos porque él jugaba. El es fanático de Boca, aunque yo le salí de River (risas). Y siempre estaba hablando de Maradona. Después de Messi, cuando apareció. Y bueno, eso me permitía soñar, yo quería ser jugadora de fútbol, quería llegar a toda costa a vestir la celeste y blanca. Siempre fue mi sueño. Y cuando a los 16 me cambié de deporte dije: "La valijita de los sueños va para este deporte", por eso creo que llegué. Porque al ser baja y no venir de un club de renombre ni de una ciudad grande… Llegué recién a los 23 a la selección.
¿Usaste el 10 tantos años por Diego entonces?
Sí. En selección arranqué con el 2 y después tuve el 8. Luego, 7 años la 10 (el número que la identificó). Aunque la camiseta o la cinta de capitana no cambia lo que hacés en la cancha, porque siempre fui la misma persona, obviamente me gusta mucho el 10. Y acá en San Lorenzo en algún momento lo voy a pelear (ríe, le dieron la 8, la 10 le pertenece a la Pantera Daniela Bulaich).
También te diste el gusto de escribir un libro sobre finanzas para asesorar a deportistas, ¿cómo surge algo así?
Cuando empecé a ganar plata con el vóley, cuando me fui del país, no sabía qué hacer con esto. Ganaba en otra moneda, si bien no había tanta diferencia como ahora, nadie me enseñó qué hacer. Entonces, en el tiempo libre que tenía entre entrenamientos, leía. Siempre fui una loca de la lectura porque cuando era chiquita al no tener luz eléctrica ni tele leía muchos libros. Empecé a leer sobre finanzas y educación emocional, que siento que son cosas que pueden aportar mucho a los deportistas. A los 24 empecé a crear una empresa (de alquiler de cabañas en Herradura, Formosa) y hoy con 33 funciona bien, le dio trabajo a toda mi familia en un momento en que no tenía trabajo y hoy cada uno de mis hermanos que trabajaba conmigo aprendió a hacer su propio emprendimiento mientras siguen apoyando a mi empresa. Volver a Formosa para generar puestos de trabajo ahí o invertir donde nací, adonde está mi familia, me gusta. Empecé a pensar en cómo ayudar a otros deportistas y escribí un ebook muy chiquito, porque viste que los deportistas nunca tienen tiempo (risas).
¿Qué leías de chica y cómo fue la recepción del tema de tu publicación?
De chica leía de todo, todo lo que llegaba a la escuela de mi mamá lo leía. Cuentos, sobre todo, pero yo organizaba la biblioteca y sacaba los libros. Dice mi mamá que recién dejaba de leer cuando se me terminaba la vela, tarde en la noche. Eso creo que que me quedó y sigo leyendo un montón. Lo del ebook tiene que ver con que las finanzas que te enseñan en los cursos son para los que se jubilan a los 65, pero los deportistas nos jubilamos a los 35 y no tenemos jubilación, nadie nos paga (risas). Entonces, por qué no pensar en una reserva para emergencia, en una reserva para el futuro. En Argentina me sorprendió mucho el conocimiento de estas cosas, porque mis compañeras todas estudian, nos sentamos a hablar en una mesa de mates o café y ves cómo piensan diferente a las brasileñas, por ejemplo. Acá se ve al deporte como un extra, en Brasil empiezan a pensar en cuánto van a ganar si juegan así o no. Acá como no se puede vivir del vóley tenés otro pensamiento, empezás a buscar otra alternativa en la que la carrera (universitaria) pasa a ser más importante. O por ahí te lesionás a los 24 años, no podés seguir jugando y no sabés qué hacer.
¿En ese doble esfuerzo o sacrificio quizás radique el plus del que tanto se habla cuando se refiere al deportista argentino?
Siempre pienso en esto o en por qué no llegar a más deportistas con la historia de Paula Pareto, por ejemplo, que es una deportista de élite que es médica. Siempre te dicen que no se puede estudiar y jugar al vóley o estudiar y hacer deporte. Y Paula es campeona olímpica y médica, ¿a quién le vas a decir que no se puede o le vas a hablar de limitaciones?
Qué bueno lo que decís porque va en consonancia con lo que antes hablaste, de que eras baja para jugar al vóley. Hace poco Diego Schwartzman también se refirió a eso, a su baja estatura para el tenis. ¿Sentís que en ese espíritu no hay limitaciones?
Una de las cosas que más orgullosa me ponen cuando estoy afuera del país es cuando dicen que el argentino es muy trabajador, que busca mucho, que es muy guerrero. En Brasil siempre me decían eso del guerrero, de que el argentino siempre va a buscar su sueño, no espera que le llegue. Lo ves en las manifestaciones. Se sacan el sombrero por los argentinos que salen a luchar por sus derechos. En Brasil ahora que hacen cacerolazo, y me lo dicen ellos mismos, están un ratito en el balcón y se van adentro. La gente acá no sale a la ventana, se va a Plaza de Mayo o al Obelisco o a cualquier punto icónico del país, pero sale a la calle.
El deporte femenino argentino fue protagonista el año pasado en varias disciplinas y pareciera que va tomando fuerza. Incluso en la reciente Copa Libertadores femenina tanto River como Boca llegaron a semifinales. ¿Qué opinión te merece?
Me encanta cómo está creciendo. Alzar la voz me parece que dio una libertad para soltarse. Y el deporte crece y crece. Porque cuando vos estás, no sé si oprimida, pero callada, acostumbrada, es difícil. Hoy muchas chicas que tienen el valor de ponerse adelante de las que estamos atrás crea la fuerza para que se siga creciendo, avanzando. Entonces, ver a las chicas jugando semifinales de Libertadores, que estén Boca y River, me encanta, como me encanta el fútbol y cualquier deporte argentino, soy muy fanática del tenis también.
Volviendo a la selección de vóley y a todo lo que viviste con esa camiseta en casi 10 años. ¿Hay algún momento que tengas más plantado en el corazón y que te golpee más fuerte internamente cuando hablás de esas ganas de tener una nueva oportunidad?
La clasificación a los Juegos Olímpicos. Bariloche. Creo que a esa generación nos va a quedar marcado para siempre ese torneo. Porque si bien fuimos a los Juegos y fue maravilloso, la sensación de equipo, de guerreras, de que yo iba a la guerra con todas esas jugadoras porque sabía que la ganábamos, era increíble. Esa sensación la tenía cada día y cada noche en la que no podíamos dormir por pensar en que queríamos clasificar estando en Argentina, con la cancha llena, viendo a la gente hacer las colas que hacía desde la mañana por una entrada... Ese momento… Veo siempre ese partido de la clasificación en Youtube y siento lo mismo. Fue increíble. Después en Río me deslumbraba cada vez que veía los anillos olímpicos, con todas esas cosas. Pero me quedo con lo previo, con Bariloche.
Se te ilumina la cara... ¿Cómo no vas a querer llegar a Tokio 2020, no?
Sí… (mira hacia abajo, se emociona). Yo en realidad pienso en estar bien físicamente para poder pelear un puesto. Si me dan la oportunidad no quiero que me la den porque jugué tantos años o por lo que jugué antes, sino para que pueda pelear el puesto y si soy mejor, bienvenido sea si me llevan.
El deseo más inmediato, personal o colectivo, ¿por donde pasa hoy?
Quiero poder estar al menos un mes con mi familia. Un mes sin pensar y en casa. Para después seguir con la vida.