El padre de Leo murió a los 68 años. El fallecimiento desencadenó una oleada de mensajes de afecto y consuelo al capitán de la selección argentina
20:03 hs - Sábado 08 de Agosto de 2026
Jorge Messi, el padre del mejor jugador de fútbol de todos los tiempos, murió en la madrugada de este sábado a los 68 años. El deceso del hombre que concibió a Lionel Messi junto a Celia Cuccittini y luego condujo su carrera desde un modesto club de barrio del sur de Rosario hasta la cúspide del fútbol global, desató una impactante oleada de afecto hacia el capitán de la selección argentina, que llegó desde todo el mundo. Aunque no lo sorprendió, porque el estado de salud del papá había empeorado en los últimos días, Leo se enteró de la noticia en Miami y horas después emprendió viaje hacia la ciudad para despedirlo junto a su familia.
Messi padre estaba enfermo desde hace tiempo. Había estado internado en el Hospital Español de Rosario y en un instituto médico de la Ciudad de Buenos Aires. Debido a la complejidad de su cuadro, ya irreversible para la ciencia médica, en las últimas semanas sólo recibía tratamientos paliativos en su casa.
Finalmente, el papá de Leo murió a las 2 de la mañana del sábado. Estaba internado en el Sanatorio Centro, en Paraguay al 900. Los medios locales y nacionales fueron cautos a la hora de dar la noticia, todavía espantados por el escándalo de hace dos meses, cuando en un canal de streaming se anunció un deceso que no había ocurrido.
“Cumplimos con el penoso deber de informar el fallecimiento del paciente Jorge Messi”, dijo el sanatorio poco antes de las 11 de la mañana, cuando la noticia ya empezaba a dar vueltas al mundo y Leo preparaba en Miami un viaje urgente a su ciudad. Aunque algo tardío, el comunicado le dio al fallecimiento la rotundidad que se necesitaba después de la noticia falsa que irresponsablemente se difundió el día después del debut de la selección argentina en el Mundial, con tres goles de Leo ante Argelia.
El padre y descubridor de Leo Messi
La muerte de Jorge golpeó muy fuerte a la familia Messi. Es que no sólo era el jefe de la familia, sino también el verdadero artesano de un futbolista estratosférico que, a los 39 años, viene de brillar en su quinta Copa del Mundo y de llevar a la selección argentina hasta el subcampeonato.
Jorge Messi descubrió muy pronto que Lionel, su tercer hijo (luego de Rodrigo y Matías, y antes de María Sol) tenía unas condiciones notables para jugar a la pelota. Era la época en la que trabajaba en la acería Acindar, en Villa Constitución, hasta donde viajaba todos los días desde la casa familiar, en la cortada Lavalleja, en el sur de Rosario.
Aunque era hincha fanático de Newell’s, primero lo llevó al club Abanderado Grandoli, cerca de donde la calle Juan María Gutiérrez nace desde el acceso Sur.
Jorge fue el primer director técnico de Leo, y en ese modesto club de barrio, donde la cancha era más de tierra que de pasto, empezó a reforzar la idea de que su hijo podía conseguir algo que él no había podido: ser futbolista, y muy bueno.
El siguiente paso fue llevarlo a Newell’s, donde él mismo había jugado en las divisiones inferiores hasta que tuvo que dejar tempranamente el fútbol por cuestiones de la vida. Un Leo pequeñín al que los pantalones cortos le llegaban hasta los tobillos y una melena a dos aguas que no le impedía tener la pelota entre ceja y ceja, empezó a maravillar a los chicos que jugaban con y contra él, a los padres que miraban desde el costado de las canchitas y a todos los que acudían al predio de Zeballos y Vera Mujica.
Pasaba el tiempo y la obsesión de Jorge se hacía cada vez más fuerte: sabía que el hijo era un elegido y, quizás sin siquiera saberlo, empezaba a dibujar en su cabeza los trazos de lo que luego sería una carrera inigualable.
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Flacucho y desgarbado
Es más conocido el tramo de la historia sobre un Leo flacucho y desgarbado que no crecía lo suficiente y veía amenazado así un futuro serio en el fútbol, la negativa de Newell’s a pagar los tratamientos para corregirlo y la férrea decisión de Jorge, cuando el chico ya tenía 12 años, de hacer lo que fuera para que el nene pudiera desarrollar su talento. Fundaba en ese momento su camino como manager de su propio hijo y plantaba el mojón inicial de una trayectoria futbolística que no encontraría límites, ni siquiera a los 39 años de Leo.
La exquisita anécdota sobre la firma del primer “contrato” de Leo con el Barcelona habla de la determinación para conseguir su propósito, que su hijo fuese futbolista profesional. El secretario técnico del club, Carles Rexach, ya había quedado embobado con ese chiquitín que hacía maravillas con la pelota y lo quería en el club, pero no encontraba a un directivo que firmara los papeles y Jorge amenazaba con llevarse a Leo a otro equipo. El catalán lo citó en un bar, tomó una servilleta y escribió: “En Barcelona, a 14 de diciembre del 2000, Carles Rexach, secretario técnico del FC Barcelona, se compromete bajo su responsabilidad y a pesar de algunas opiniones en contra a fichar al jugador Lionel Messi siempre y cuando nos mantengamos en las cantidades acordadas”. Parecía poco serio, pero por alguna indescifrable razón Jorge Messi creyó en Rexach y supo que Leo jugaría en Barsa. Tenía 13 años.
Ese fue el comienzo de una historia que parece imaginada y escrita por un Messi del guión cinematográfico, pero que es real y aún no termina. Ni siquiera con la desaparición física de Jorge.
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Oleada de mensajes de consuelo
Su muerte, tan temprana, causó conmoción y repercusiones de todo tipo en el mundo del fútbol y también fuera de ese ámbito. No porque fuera Jorge Messi, sino porque se trata del padre de Leo, el ídolo global que juega como los dioses y que ni siquiera ante la inminencia de su partida renunció a jugar un Mundial con la selección argentina.
Muchos quisieron abrazar a Leo en un día tan difícil, y fueron tantos que no cabrían en una crónica. Desde Newell’s (“Apuntaló con visión, rigor y afecto la carrera del mejor jugador de todos los tiempos”) hasta su archirrival Rosario Central, desde el Barcelona hasta el Real Madrid, desde compañeros hasta rivales en clubes y selecciones, cientos de mensajes expresaron afecto y buscaron darle consuelo en el día más difícil de su vida.
Cuenta el periodista Ramiro Martín, en el libro “Un genio en la escuela de fútbol”, que Leo tenía cuatro años cuando Jorge presintió que su tercer hijo era un prodigio. Fue cuando lo vio jugar a la pelota con los hermanos mayores frente a la puerta de la casa familiar, en la todavía de tierra cortada Lavalleja. Ese descubrimiento, y lo que hizo a lo largo de su vida para que su sueño se convirtiera en realidad, es el gran legado de su vida.