Además de la derrota, en el Canalla hubo silbidos hacia algunos jugadores. Un combo explosivo de cara al partido de la ciudad
20:54 hs - Sábado 29 de Agosto de 2026
Hay formas y formas de llegar a un clásico y esta previa que le toca transitar a Central es claramente la que nunca se busca. Una derrota, y más en condición de local, es el peor escenario para encarar una semana que tendrá tensiones de todo tipo, pero sobre todo la obligación de dar un salto de calidad desde lo futbolístico para que dentro de una semana la historia pueda escribirse de otra forma. Pero no sólo eso, sino que esta caída tuvo algunos condimentos que no hacen otra cosa que meterle más ruido a la espera del partido del año. Hubo reproches y reprobación hacia varios futbolistas.
Central tenía todo para lograr que la espera del clásico tuviera otro color, otros ribetes. Pero ese plan que había en mente estuvo lejos de poder llevarlo a la práctica.
¿Cómo llega Central al clásico? Sin dudas tocado desde lo anímico y, sobre todo, urgido de mejorar unas cuantas cosas en lo que tiene que ver con el juego.
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Gimnasia venía golpeado
Gimnasia parecía el rival ideal. Porque venía golpeado, con dos derrotas consecutivas. Pero la cosa no fue sencilla para Central. Ante ese Lobo herido, el Canalla hizo todo lo posible para mantenerlo siempre vivo y, de vez en cuando, darle algún tipo de ventaja para que lo golpeara. Repetir eso en el clásico podría implicar un golpe muchísimo más duro.
Es cierto, el clásico suele ser una historia aparte, en el que las ambiciones renacen y las motivaciones se retroalimentan, pero este Central dio un paso en la dirección equivocada.
Hay una imagen fuerte, la del final. Cuando el equipo levantó los brazos para saludar a los hinchas, fueron silbidos los que bajaron desde las tribunas. Pero antes de ese final hubo algunas otras perlas negras.
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Copetti, en el complemento
Por ejemplo, cuando Enzo Copetti ingresó en el complemento, lo hizo en medio de una catarata de silbidos, los mismos que se escucharon cuando la voz del estadio anunció la formación del equipo. Idéntica situación fue la que le tocó atravesar a Tomás Badaloni. Y antes de eso fue el chileno Vicente Pizarro quien se expuso al escarnio público cuando el técnico Jorge Almirón (otra vez resistido) decidió reemplazarlo.
Pero no fue todo. Después del segundo gol de Gimnasia, muchos fueron los que silbaron cuando Jeremías Ledesma recibió un pase de uno de sus compañeros. Sin dudas muchos entendieron que en algunos de los goles, más en el segundo, pudo haber tenido una mejor respuesta.
Son simplemente ejemplos, que pueden tomarse como aislado, pero cuando se juntan arman un combo contraproducente, sobre todo por el momento en que llegó esta derrota en un Gigante de Arroyito que hacía 12 partidos que no veía caer al Canalla.
Central necesitaba ganar para mantenerse a tiro en la anual, para no ceder terreno en su grupos y para seguir ganando en confianza. Pero más necesitaba dar un buen paso porque dentro de ocho días habrá algo mucho más importante en juego: el clásico. A ese clásico este equipo de Almirón llega cuanto menos averiado.