Jueves 06 de Mayo de 2021
La noticia política internacional llegó este martes desde Madrid. Generada por unas elecciones regionales. La renuncia del líder de la izquierda radical española Pablo Iglesias. Y, junto con esto, la victoria categórica de la gobernante Isabel Díaz Ayuso del PP, que ganó, y esto es fundamental, con su gestión basada en la liberalización y la baja de los impuestos. Vale repetirlo: una amplia mayoría de madrileños y de municipios vecinos se hartó de la presión fiscal y de las regulaciones extremas. Incluidas las referidas a los "confinamientos" por el Covid-19.
Mensaje inequívoco para Pedro Sánchez, quien sin embargo redobló al día siguiente sus planes de aumento del gasto público como solución a todos los males. Sánchez es un monotemático, o más bien un monosolucionático: todo lo resuelve subiendo impuestos.
Resuena en España la misma discusión que se sostiene en Argentina y tantos otros países. En Colombia, el "impuestazo" del presidente Iván Duque fue el disparador de la actual ola de protestas, que sigue ahora en manos de la izquierda juvenil.
Contra el credo progresista, la rebelión fiscal y el aumento de impuestos es una causa popular. No es "cosa de ricos", ni en países emergentes como Colombia ni mucho menos en los países desarrollados, donde todos pagan impuestos en abundancia y llenan todos los años sus declaraciones impositivas.
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Pero el tema político más atractivo de las elecciones de la comunidad madrileña es sin dudas la jubilación precoz de Pablo Iglesias. El líder emergente de las protestas de los Indignados, de las plazas llenas de 2014, que destacaba con sus habilidades dialécticas en los canales de TV amigos. Incluida la Hispan TV, una Telesur del régimen clerical de Irán. Este amigo de Chávez es visto por sus críticos como el "importador del populismo latinoamericano".
Su doctrina es una mezcla de comunismo, socialismo de vieja estirpe y populismo. Iglesias, de extensa formación académica, supo mezclar estas doctrinas en dosis justas. Podemos se forjó a su imagen y semejanza, como pasó también del otro lado del espectro con el hundido Ciudadanos de Albert Rivera. Otro ejemplo de esta crisis trituradora de líderes político recién nacidos. Es claro que los votantes de Rivera han migrado al PP para hacerle más fuerza al "sanchismo" gobernante. Ahora, el creador de Podemos lo sigue en el "mutis por el foro".
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El personalismo ejercido por Iglesias durante estos años pondrá a prueba ahora la existencia de Podemos. Se verá si es una verdadera formación política o un sello personal. Los efectos inevitablemente alcanzan a su socio de gobierno nacional, el PSOE de Sánchez. Que por estas horas se debate en una crisis interna fenomenal por su pobre performance en Madrid.
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El continuo estado de crisis es la marca de la política española al menos desde la explosión de la hipotecas en el lejano 2008. Desde entonces, la crisis impulsa al gobierno a figuras nuevas y luego las desecha. Desde aquel año, España nunca más pudo recuperar la estabilidad, ni sobre todo el tono optimista de su vida política y social. En este permanente subibaja, pasaron todos los colores políticos y todas las figuras: PSOE-Zapatero; PP-Rajoy; y luego, aniquilado el bipartidismo, PSOE-Sánchez (primero solo, pero duró poco) y -Podemos-Iglesias. El separatismo catalán no puede ser visto fuera de esta perspectiva. El súbito radicalismo independentista del conservador partido Convergencia y de su líder Artur Mas, un hombre de las altas finanzas, (a ambos se los que se devoró el "procés" por ellos impulsado) nacen de la crisis económica de España. Como ya no se podían obtener más ventajas de Madrid y ofrecer bienestar desde un nacionalismo moderado y pragmático, mientras el desempleo golpeaba fuerte, se echó nafta al fuego del separatismo.
Ahora, la madrileña Díaz Ayuso surge con fuerza como una opción superadora, tanto del PP posAznar que encarnaba el gris Mariano Rajoy, como del intervencionismo impositivo de la dupla Sánchez-Iglesias. Pero hay que volver al (¿efímero?) fenómeno Iglesias. Del consignismo radical y antiinstitucional, denostador de la democracia representativa, pasó a ser vicepresidente segundo del Ejecutivo y a ubicar a sus lugartenientes en ministerios de importancia. Tal vez los nostálgicos del activismo de plaza y megáfono, de las disertaciones magistrales en estudios de canales de TV amigos, extrañen esto, que era el sello de identidad de Iglesias. El profesor universitario ocupaba magistralmente ese confortable lugar de la política como contestación, sin serias pretensiones de gobernar. En tiempos "normales", era este el lugar designado y aceptado con gusto por la izquierda radical, española y europea. Eran los tiempos de la comunista Izquierda Unida (IU) de Julio Anguita. La crisis de 2008 cambió esto para siempre.
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Cuando Iglesias firmó el pacto de gobierno con Sánchez, en enero de 2020, algunos de los votantes radicalizados habrán dicho "se vendió al sistema". Pero puede que otros le hayan dado un crédito transitorio, sobre todo entre los votantes de sectores populares, sin militancia ni formación política. Lo hecho en este año y pico está inevitablemente condicionado por la pandemia, como en todo el mundo. Pero para la psiquis radical-populista, igual hay poco para festejar. ¿La presión fiscal de Sánchez? Minucias reformistas, para un anticapitalista de ley. Iglesias, astuto como pocos, habrá percibido esto al renunciar al Ejecutivo para irse a competir a Madrid, en unas elecciones que a su partido se le presentaban muy difíciles.
La izquierda está en retirada en la capital madrileña desde la derrota de la alcalde Manuela Carmena en 2019 a manos de una alianza entre PP, Ciudadanos y Vox. Ahora fue el partido Más Madrid, formado entre Carmena y el disidente de Podemos, Iñigo Errejón, el que sumó más votos en la menguada izquierda madrileña. Pero el latigazo ha sido para toda la izquierda. Un medio madrileño se lamentaba, perplejo: "Ayuso también gana en Vallecas", el distrito obrero de Madrid que era un bastión histórico de la izquierda. Ayuso ha ganado en 177 de los 179 municipios de la Comunidad de Madrid y en los 21 distritos de la ciudad. Ayuso obtuvo 44,72% del votos. El PSOE, al contrario, ha caído a solo 19,8% de los votos en la ciudad, contra 25,9% que obtuvo hace dos años . El "sanchismo" ha iniciado así una nueva crisis en su vertiginosa existencia. Renunció la directiva madrileña y Sánchez nombró una "gestora", una entidad colectiva de intervención como aquella que en 2016 intentó cerrarle el paso en el PSOE en el que aún comandaban los barones de la era bipartidista. La vida política de Sánchez podría ser muy corta, como la de su socio de gobierno de coalición Pablo Iglesias. Este sería el principal efecto político que deja la inapelable victoria de Ayuso y la salida temprana del escenario del derrotado "chaval de la coleta".