El nuevo esquema favorece a importadores con mayor previsibilidad, pero en ciertos rubros golpea a minoristas y fabricantes en un mercado con demanda débil
13:16 hs - Jueves 09 de Abril de 2026
La apertura comercial y la desregulación son dos de los ejes más importantes para la gestión gubernamental encabezada por el presidente Javier Milei. Una de las últimas disposiciones en esta materia tuvo lugar en enero, con la modificación del Código Aduanero (Ley 22.415) a través del DNU 41/2026. Con esta reforma, se apunta a reducir tiempos, costos y márgenes de discrecionalidad en la operatoria diaria de exportaciones e importaciones. Pasados ya unos meses desde la publicación del decreto, los comerciantes, industriales y empresarios comienzan a expresar sus primeras conclusiones acerca de sus efectos.
De acuerdo con los datos del INDEC, Argentina cerró el 2025 con un crecimiento del 24,7% en sus importaciones, alcanzando un monto de u$s 75.791 millones. Los bienes de consumo fueron, después de los vehículos automotores (+97,6%), el rubro con mayor variación positiva (54%). Estas cifras muestran claramente un cambio de paradigma en cuanto a la composición del consumo en el país.
Con la introducción del DNU 41/2026, el gobierno pretende profundizar todavía más su esquema. Uno de los ejes centrales de la reforma es la incorporación de las "resoluciones anticipadas", mediante las cuales los operadores podrán solicitar dictámenes previos y obligatorios sobre clasificación arancelaria, origen y valor de las mercaderías. El objetivo de contar con esas definiciones es reducir la conflictividad y las rectificaciones que pueden derivar en sanciones y mayores costos.
Por otro lado, se establece un plazo máximo de 30 días para la emisión de estas resoluciones. Si el organismo no da respuestas en ese lapso temporal, el importador o exportador puede continuar con su trámite bajo garantía. A esto se suman mecanismos de impugnación frente a decisiones oficiales y la prohibición de modificar criterios previamente establecidos una vez que la mercadería arriba al puerto.
"Para el importador puede significar una mayor previsibilidad. Sobre todo, en casos en los que la mercadería no entre en los regímenes habituales o que pueda llegar a entrar en diferentes clasificaciones de aduana. Con este sistema, se evitarían problemas a la hora de la verificación y la liberación de la mercadería", explica Emilio Cappella, despachante de aduana.
Lo que sucede en cada rubro
El eventual impacto de este tipo de medidas se siente más rápido en rubros con altos porcentajes de productos importados. En el caso de los vendedores de autopartes, se estima que alrededor del 70% de la mercadería proviene de fabricantes extranjeros. Sergio Jure, titular de Jure Accesorios, detalla que mensualmente sus importaciones se mueven en torno a los u$s200.000 y evalúa: "Hoy, a diferencia de lo que ocurría hace algunos años, hay mucha más cantidad de productos y los precios son más competitivos", comenta.
En el caso de las jugueterías, la proporción puede ser incluso más desbalanceada. Según Juan Pablo De Bonis Massera, titular de la juguetería Charco, en su rubro el factor importado puede superar el 90%. Con lo cual, las facilidades para importar pueden ser una buena noticia para el segmento.
Otro rubro que analizó Negocios de La Capital es el de los ferreteros. En el caso de los minoristas, explica Sergio Angiulli, presidente de la Cámara Argentina de Ferreterías y Afines de la República Argentina, que cerca del 40% de la mercadería corresponde a la industria nacional. "Con el gobierno anterior teníamos el problema de la falta de mercadería, incluso de elementos básicos. Hoy, tenemos mercadería, pero no hay dinero entre los consumidores", dice. A esta observación suma las consecuencias de la política de apertura comercial sobre parte de la industria nacional, como el reciente anuncio de reestructuración del histórico fabricante Bahco, el cual pasará a convertirse en una firma importadora.
Dentro del rubro, añade Angiulli, Argentina fabrica mayormente herramientas manuales, como martillos, pinzas, limas, etc. Sin embargo, la industria nacional no produce maquinaria ni tecnología, lo cual hace que sea difícil competir contra los productos internacionales.
Este aspecto es uno de los más polémicos del enfoque del gobierno. Sin embargo, el impacto no es el mismo en todos los rubros. De Bonis Massera explica el caso de las jugueterías: "Hay muy poca industria nacional, al menos entre las marcas que nosotros manejamos. Mayormente, en Argentina se fabrican cosas que tienen que ver con cartón, como juegos de mesa o rompecabezas, pero incluso en esos casos suele haber partes importadas".
Por su parte, Jure expone su visión para los autopartistas: "En general lo que se importa son productos que acá no se fabrican. No tenemos alternativas nacionales que nos puedan proveer del tipo de producto que comercializamos. Además, la mayoría de los autos que se comercializan en Argentina son importados, por eso la mayoría de los repuestos también los traemos de afuera".
Una nueva ecuación de rentabilidad
El nuevo panorama para los importadores se traduce, a primera vista, en menores tiempos de procesamiento en aduanas y evitando fricciones operativas una vez liberada la mercancía. Estas nuevas reglas conviven con algunas reducciones arancelarias, como en el caso de los juguetes donde el arancel de importación pasó del 35 al 20%. Con todo, se habla de una nueva ecuación de costos y márgenes para los comerciantes locales.
"La reducción de aranceles, la estabilidad del dólar y la baja en algunas tarifas logísticas por parte de las navieras han hecho que nuestros costos bajen. Esto hace que el producto llegue a góndola con otro precio", puntualiza De Bonis Massera.
Jure coincide con el impacto positivo por la reducción de costos, aunque advierte que ciertos factores internacionales como la suba del precio del petróleo y la guerra en medio oriente van a repercutir en un aumento de los fletes internacionales.
Por otra parte, el empresario autopartista hace hincapié en la creciente competencia: "Hoy, tenemos muchos más productos en el mercado. En otro momento, pasaba que era poca la gente que podía importar, entonces el que tenía el producto ponía el precio que quería. Ahora, hay mucha competencia entonces el importador debe tener cuidado con los valores que pone. Hoy, con la caída del consumo general que hay, estamos trabajando con márgenes muy chicos".
La proliferación de pequeños importadores que adquieren cierta cantidad de productos importados y luego los venden fuera de los canales de venta formales, también son un factor que presiona los precios y los márgenes. En el caso más extremo, Angiulli advierte acerca de la instalación de comercios de grandes superficies destinados íntegramente a la venta de importados, como el caso de la galería La Paz, en el barrio porteño de Once. Allí, un grupo de comerciantes chinos ocuparía más de 160 locales para llevar adelante su actividad, por lo cual la competencia va a ser creciente y muy fuerte.
El impacto de la importación directa
La otra cara de la apertura de importaciones es el ingreso de bienes a través de la compra directa online del consumidor final. De acuerdo con el Estudio Anual de Comercio Electrónico 2025 elaborado por la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE), el porcentaje de argentinos que adquirieron productos en el exterior pasó del 37% en 2024 al 47% en el último año.
Este dato confirma la tendencia de los consumidores locales a buscar mejores precios y mayor variedad en la oferta de productos. Según la CACE, las grandes plataformas como Temu, Shein y Mercado Libre son las principales impulsoras del crecimiento en las operaciones, debido a sus estrategias de precios y logística.
Actualmente, el límite por envío ocasional es de u$s3000 y la exención arancelaria se llevó hasta u$s400 para productos de uso personal. En 2025 las importaciones mediante el sistema de Courier pasaron de u$s239 millones en 2024 a u$s894 millones.
La rápida expansión de este tipo de consumo trae aparejado el cambio más drástico para los fabricantes locales y también para algunos comercios minoristas. Según Angiulli, el año pasado cerró con una caída del 10% en las ventas del sector ferretero y en el primer mes de 2026 se reportaron mermas de hasta el 25%. "Lo que está afectando al sector son las plataformas que te venden directamente. Cualquiera puede comprar un único producto en el exterior y traerlo al país, pero si yo como comerciante quiero hacerlo no puedo. Tengo que hacer una importación y eso es mucho más complicado, entonces también hay una desigualdad", expone.
A esta situación se suma la caída en el poder adquisitivo y en la actividad económica, algo que viene contrayendo el consumo en la mayoría de los sectores. "Incluso aunque muchas veces las herramientas compradas afuera puedan resultar en estafas, la gente tampoco tiene mucho resto como para luego volver a la ferretería a comprar", dice.
Para los jugueteros la importación directa tampoco pasa desapercibida. "La compra internacional pega porque el importador queda en desventaja. Para tener un producto necesitás certificarlo y abonar varios impuestos. Todavía falta tener menos impacto financiero a través de una baja arancelaria", afirma De Bonis Massera.
En el caso de los repuestos y autopartes, Jure afirma que la necesidad de asesoramiento directo sigue siendo una barrera para el crecimiento de la compra directa en plataformas extranjeras. "No tiene incidencia porque siempre necesitás saber qué tenés que comprar. Hay mucha variedad y muchos modelos, por eso hace falta cierto grado de conocimiento", señala.
El balance de la apertura comercial impulsada por el gobierno de Milei es, por el momento, ambivalente. Por un lado, los importadores encuentran en el nuevo esquema una mayor previsibilidad operativa, costos más bajos y una oferta más amplia y competitiva. Por el otro, los comerciantes minoristas y los fabricantes locales enfrentan una presión creciente que no siempre pueden absorber.
El masivo ingreso de bienes de consumo tiene una injerencia dispar entre los diferentes rubros. Mientras que algunos siguen encontrando el diferencial en la atención personalizada y en el conocimiento del sector, otros sectores se ven forzados a disputarse clientes con plataformas que manejan precios ostensiblemente inferiores. Este tipo de conflictos se agravan en un contexto de demanda deprimida como el que transita Argentina, donde la mayoría de las consultoras estima una caída en el consumo en prácticamente todos los rubros.
Lo que el DNU 41/2026 busca ordenar en términos aduaneros convive, en la práctica, con un ecosistema comercial en plena transformación. Si eso derivará en una modernización genuina del comercio o en una reconversión forzada de amplios sectores de la economía local es, todavía, una pregunta abierta.