Cómo la apertura de las importaciones está transformando a las fábricas santafesinas

La apertura económica obliga a las empresas a reacomodar sus estructuras internas para seguir en pie. El plan de negocios de los industriales de la región

08:05 hs - Domingo 24 de Mayo de 2026

El mapa industrial viene dando señales de alerta desde hace meses, pero lo que hasta hace poco aparecía como una tendencia ahora empieza a consolidarse como una realidad cada vez más preocupante. La combinación de la apertura importadora, la caída del consumo y la pérdida de competitividad está empujando a muchas empresas a redefinir sus modelos de negocios. Algunas reducen líneas de producción, otras frenan inversiones, hay quienes importan más partes en sus procesos y varias empiezan a reconvertirse en importadoras netas para sobrevivir en un mercado cada vez más adverso.

Los números a nivel regional reflejan ese proceso. Según cifras difundidas por la Federación Industrial de Santa Fe (Fisfe), en la provincia entre diciembre de 2023 y enero de 2026 se perdieron 8.490 puestos de trabajo registrados en la industria manufacturera, lo que representa una caída del 6,1%. A nivel nacional, el empleo industrial acumula 23 meses consecutivos de retroceso interanual. Si bien marzo mostró una leve recuperación en algunos indicadores, el repunte es insuficiente frente al impacto que atraviesan sectores como el textil, la metalurgia, la electrónica, la siderurgia y la línea blanca, golpeados por la retracción del mercado interno y el avance de productos importados, principalmente de China.

En diálogo con Negocios de La Capital, Javier Martin, presidente de Fisfe, advirtió que es difícil hablar de un promedio industrial porque la situación es muy heterogénea. “Hay sectores vinculados al gas, el petróleo y algunas agroindustrias que vienen mostrando buenos niveles de actividad, pero todo lo relacionado con el consumo interno sigue muy golpeado, con caídas de entre el 6% y el 8% respecto de 2023. Ahí aparecen rubros como calzado, metalmecánica y línea blanca, empresas con fuerte peso en el empleo que vienen con un gran deterioro”, explicó el directivo.

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Las industrias le buscan la vuelta a un mercado con mayor competencia de productos importados.

Por su parte, Rafael Catalano, presidente de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de Rosario (AIM), analizó el efecto que este escenario tiene en sectores como el metalúrgico, uno de los más afianzados en trayectoria y cantidad de empleados. “En el corredor que abarca desde Puerto San Martín hasta Villa Constitución y Carcarañá hay alrededor de 22 mil puestos de trabajo. El 80% de ese empleo se concentra en Rosario y en los últimos dos años, según datos de la Secretaría de Trabajo, se perdieron más de 2 mil puestos en las metalúrgicas de la región”, expresó el empresario.

Reconversión o derrumbe

Quizás en Santa Fe el caso más significativo de reconversión sea el de la línea blanca, que abarca la fabricación de heladeras, cocinas, lavarropas y otros electrodomésticos. Según Catalano, lo que hoy más se observa es un viraje hacia un esquema mixto donde las empresas mantienen alguna línea de fabricación local, pero se centran en realizar solamente la última etapa de ensamblado, combinada con una creciente importación para sostener precios competitivos frente a la producción masiva china.

Se trata de un sector que en los últimos años viene sufriendo una fuerte caída del empleo y una creciente sustitución de producción nacional por productos importados. Así, se dan realidades distintas como el caso de la firma Inelro, que, según Catalano, conserva una línea de producción propia más activa y logró mantener su personal, mientras que Electrolux se volvió casi una importadora neta, con muy poco empleo industrial asociado. Otras firmas, como Briket o Liliana, quedaron en una situación intermedia, más vinculada al mix que comentaba el directivo, entre importación de algunos modelos y fabricación de ciertos procesos.

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Electrolux es una de las fábricas que achicó su estructura para dar paso a un modelo centrado en la importación.

Desde Briket están trabajando con proveedores chinos en un proceso de reconversión donde la industria está dando paso a la importación de ciertas líneas. “Heladeras los chinos fabrican millones y tienen industrias subsidiadas por el Estado, entonces no podemos competir. Nosotros seguimos haciendo exhibidoras de vidrio y freezers donde sí podemos diferenciarnos”, aseguraron desde la marca y agregaron que un punto fundamental es estar preparados para brindar la posventa del servicio, algo que no todos los importadores ofrecen y que termina perjudicando al consumidor.

Por otra parte, desde Fisfe, Martin indicó que otros segmentos industriales muy golpeados y que avanzan en restructuraciones son la industria metalmecánica, la textil y el calzado. En el caso automotor, explicó que muchas terminales sostienen niveles de patentamiento similares a los de años anteriores, pero con una participación creciente de unidades importadas, especialmente desde Brasil. Ese fenómeno repercute de lleno sobre la red de proveedores y fabricantes de componentes locales, particularmente en Santa Fe, donde existe una fuerte concentración de empresas autopartistas y metalmecánicas vinculadas también a la maquinaria agrícola.

“Hoy muchas firmas sobreviven más por el servicio técnico que por la fabricación. En vez de fabricar, deciden importar y ofrecer la venta local y los servicios asociados como mantenimiento, puesta a punto y posventa”, resumió, y mencionó también el caso de la línea blanca, donde buena parte del negocio ahora pasó a ser el de brindar asistencia y asesoramiento a productos traídos desde China.

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Las grandes industrias marcan la cancha

Un informe reciente del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP), elaborado por Gustavo García Zanotti y Martín Schorr, sostiene que la posibilidad de reconvertirse se da generalmente en las grandes empresas industriales. Según ejemplifican, muchas comenzaron a reemplazar producción nacional por importación de bienes terminados, donde el negocio pasa cada vez más de la fabricación hacia la distribución y comercialización. El trabajo sostiene que las compañías de mayor escala cuentan con una ventaja diferencial: su capacidad de manejar marcas consolidadas, canales de venta y márgenes comerciales les permite sostener rentabilidad aun reduciendo producción local.

El informe menciona casos emblemáticos como Lumilagro y Essen, históricamente asociadas a la industria nacional. Según el relevamiento, ambas avanzaron en los últimos años en la importación mientras reducían empleo industrial y reforzaban sus estrategias comerciales y de posicionamiento de marca. En el caso de Lumilagro, el trabajo señala que la empresa comenzó a importar termos terminados bajo su propia marca, mientras que Essen incorporó líneas de cacerolas y sartenes importadas, en paralelo a un proceso de ajuste de personal.

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El sector metalúrgico es uno de los principales generadores de empleo industrial en la región.

Para dimensionar el crecimiento en el modelo importador, Lumilagro llegó a importar 65.490 termos terminados en el 2025, mientras que sólo en los dos primeros meses de 2026 ya lleva importados 40.626. Este cambio estuvo acompañado por la decisión de despedir a 170 trabajadores en los dos últimos años, mientras que Essen despidió aproximadamente 30 trabajadores en los últimos meses, lo que representa cerca del 10% de su plantel industrial. En términos cuantitativos, en el transcurso de 2025 importaron 14.884 cacerolas y sartenes, mientras que en los dos primeros meses de 2026 ya registraron 5.400 unidades importadas.

Pero hay un dato no menor. Los autores advierten, además, que esta reconversión no necesariamente implica una baja de precios para el consumidor final, sino márgenes de ganancias más elevados para las compañías. Como ejemplo, el informe señala que Lumilagro importa desde China a un costo cercano a los $8.000 por cada termo, mientras que luego los comercializa en su tienda online desde unos $60.000 (precio con impuestos). En el caso de Essen, las cacerolas importadas tienen un costo aproximado de $50.000 por unidad, pero se venden en torno a los $384.000.

Para Facundo De Tomasi, politólogo, docente de la UNR e integrante del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), esta maniobra tiene patas cortas ya que la ola de despidos trae aparejada un achique del mercado interno: “analizar al trabajador solamente como un costo y no también como un consumidor es un error. A esto se suma que hoy, el ancla inflacionaria son los trabajadores y la baja en los costos de producción se está haciendo a costa de mantener el salario planchado. Cada vez hay menos capacidad de compra”, concluyó.

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La industria automotriz y las autopartistas son otros dos nichos golpeados en volumen de producción.

Un informe de CEPA tuvo como propósito analizar las principales variables del mercado de trabajo a nivel nacional, publicadas por la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), entre noviembre de 2023 y octubre de 2025. Del análisis se desprende un marcado retroceso en los indicadores clave del empleo formal, con caídas significativas tanto en la cantidad de empleadores como en el volumen de puestos de trabajo registrados.

El mayor impacto aparece concentrado en las compañías de gran escala. Las firmas con más de 500 trabajadores son las responsables del 66,8% de pérdida de puestos formales, con 182.114 empleos menos entre noviembre de 2023 y octubre de 2025. En tanto, las empresas con plantillas inferiores a los 500 empleados recortaron 90.493 puestos de trabajo, el equivalente al 33,2% del total de empleos eliminados. “La conclusión es que tenés muchos despidos en grandes industrias, mientras que en las pymes el despido, por lo general, no se toma como mecanismo preventivo, sino que llega cuando cierra la empresa”, sostuvo De Tomasi.

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Mayor especialización para ganar

Analizando las posibilidades de reconversión que hoy tienen las industrias según su escala y el mercado al que abastecen, tanto Martín como Catalano coincidieron en que el eslabón más vulnerable dentro del actual esquema es el de las empresas proveedoras. Se trata de firmas que fabrican piezas, componentes o autopartes para las industrias terminales, es decir, aquellas encargadas de ensamblar el producto final que luego salen a vender al consumidor.

“Muchas pequeñas ya cerraron y solo las que tienen estructura todavía se mantienen. Por ejemplo, antes de este gobierno, alrededor del 80% de las heladeras eran de fabricación nacional, con componentes, motores y piezas producidas acá. Hoy la mayoría viene terminada desde China, sin prácticamente ningún agregado local. Menos del 10% de las heladeras que se venden en el país se fabrican en Argentina”, expresó Catalano.

Negocios quiso saber cuál es la realidad que atraviesan este tipo de pymes en Santa Fe. Un caso es el de Plasticraft, en Villa Gobernador Gálvez, que desarrolla piezas de plástico y soluciones específicas para distintos sectores industriales como la línea blanca. En diálogo con Lucas Salvía, uno de sus referentes, el empresario reconoció que las empresas que proveen están en planes de achique o en camino a reinventar su cadena productiva, como en su caso. “A nivel general, si antes una fábrica de electrodomésticos producía cinco modelos distintos, hoy probablemente fabrica uno solo y completa el resto de la oferta con productos importados. Traerlo desde China cuesta aproximadamente un 50% de lo que sale producirlo acá”, resumió.

Plasticraft

El agregado de valor pasa por dejar la producción en serie para brindar desarrollos específicos y diferenciados en diseño.

En este sentido, agregó que están buscando nuevos mercados y analizando las piezas que tienen mayor dificultad para ser importadas. “Lo estoy analizando, pero hay procesos productivos que todavía necesitan cierta cercanía con proveedores locales. No creo que las grandes empresas puedan prescindir completamente de otras industrias nacionales por cuestiones logísticas, de reposición y de agilidad operativa. Hay piezas y servicios que requieren una industria cerca”, sostuvo Salvía.

Competir con China en productos en serie, con gran estandarización resulta prácticamente imposible por escala y costos, por lo que muchas empresas comenzaron a abandonar esas líneas para enfocarse en segmentos más específicos, con mayor valor agregado, diseño o servicios asociados. Martín dio como ejemplo el caso de la industria del calzado, donde algunas marcas suman diseño y propuestas diferenciadas a sus modelos para agregar valor al producto final.

Un caso similar está implementando Gemplast, en la ciudad de Pérez. Enfocada también en la industria del plástico, su titular, Edgardo Geminelli, señaló que casi la totalidad de los productos que comercializan lo hacen bajo su marca. Un nicho fuerte de la empresa son los envases para la industria, un segmento golpeado por la caída en la producción. Bajo esa realidad, lo que queda es diferenciarse con líneas que no estén siendo importadas, por tema de diseño o de costos de traslado. “Por ejemplo, en productos plásticos de tipo bazar para el hogar no se puede competir, pero sí en líneas especiales”, detalló el directivo.

En este sentido, se refirió al costo del transporte internacional, que puede volver inviable la importación de ciertos productos voluminosos. “Si vos traés un producto desde China y en un contenedor entran muy pocas unidades, deja de ser competitivo. En cambio, cuando entran cientos de miles de piezas, la ecuación cambia", sostuvo. Ver ese diferencial y optimizar procesos hacia dentro de la empresa es, para Geminelli, una fórmula para pelear los tiempos que corren.