Pasión y legado: un camino de más de medio siglo de fidelidad a los autos clásicos

La familia Tato es parte esencial del Rosario Autos Sport, un club que reúne a “gente buena y transparente” que deja todo por amor a los fierros

09:17 hs - Domingo 31 de Mayo de 2026

En el corazón de Rosario, donde sus calles llevan largas décadas de historia, la pasión por los autos antiguos no es solo un hobby, es un legado que se transmite con la precisión de un motor bien afinado. Los vehículos de época no son un descarte, para muchos significa gran parte de su vida y su recorrido a lo largo de los años.

Tal es el caso de Rubén Tato, un apasionado por los fierros que a sus 82 años le sigue dedicando parte de su día a día a los autos y a la comunidad de Rosario Autos Sport, de la cual es uno de sus fundadores.

Esta pasión se fue contagiando. Somos fierreros porque soy técnico mecánico, mi hijo también es técnico mecánico. Siempre digo que los fierros unen grupos porque nos vamos juntando con gente que tiene esta pasión tan transparente”, sostuvo Rubén, quien junto a su hijo fue testigo de los cambios en el coleccionismo en la ciudad a lo largo de los años, en diálogo con La Capital.

Desde hace más de 50 atrás, momento en el que Rubén reconoce que solamente “cuatro locos” buscaban un espacio para darle libre movimiento a esta pasión, muchas cosas cambiaron, pero la comunidad de fanáticos de los autos antiguos no hizo más que crecer y mirar hacia adelante, con proyectos interesantes en puerta.

Ruben Tato en el Rosario Autos Sport

Rubén Tato durante una reunión del RAS junto a su familia y amigos.

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El puntapié de Rosario Autos Sport

La historia personal de Tato con los autos antiguos comenzó hace varias décadas, marcada por una enamoramiento juvenil que lo llevó a perseguir un modelo británico. “Yo andaba buscando un auto, un autosport, y siempre veía los Triumph y los MG. Estaba enamorado, los veía pasar por Córdoba y Sarmiento, donde estaba una pizzería que se llamaba Juven, muy famosa en Rosario, y ahí guardaba el Triumph TR3, que actualmente tengo, Alfredo Rouillón”, comenzó.

Este encuentro fortuito con Rouillón, a quien Rubén define como un ícono de la ciudad, fue el disparador de una búsqueda que requirió tanto paciencia como una cuota de azar, pero también marcó el inicio de una larga amistad.

Cuando el Triumph estaba a punto de quedar en manos de Jaime Nesis, Tato apareció justo a tiempo. “Rouillón me dijo: ‘Mire, Tato, yo ya lo tengo vendido a un muchacho’. Era Jaime Nesis. Yo dije: ‘¡Qué macana!’. Pero él me contó: ‘Mire, la verdad que yo hace como un mes que lo estoy esperando porque él tiene que vender un Alfa Romeo viejo. Yo ya le di la palabra a él’”, afirmó Rubén, pero todo cambió unos días después. “A la semana me llama y me dice: ‘Mire, Tato, no tengo novedades con este muchacho, así que si usted tiene interés se lo vendo’. Así que me fui a buscar el Triumph y me lo traje”, agregó.

Este episodio no solo le otorgó su bien más preciado, sino que forjó una amistad inquebrantable con su supuesto “competidor”. Al enterarse de la compra, Nesis visitó a Rubén y, lejos de generar un conflicto, nació una camaradería que sentaría las bases de lo que hoy es el club. “Jaime quiso comprarme el Triumph. Yo le dije: ‘No, no lo vendo, recién lo compro. Voy a ir si lo empiezo a restaurar’. Le di un montón de datos que tenía de Buenos Aires y a partir de ahí nos hicimos amigos, hicimos una amistad grande incluso con nuestras familias”.

El comienzo de la comunidad fierrera en la ciudad

La vida los cruzó y la pasión por los autos los unió, por lo que Tato y Nesis comenzaron a darle color a una comunidad que, hasta el día de hoy, siguió creciendo. “Él se compró después un MGA y empezamos a reunirnos todos los que tenían un auto antiguo en el Monumento”, detalló.

El grupo comenzó a reunir a sus familias y a partir de estos encuentros surgió la idea de “hacer un club para conseguir la famosa patente histórica”, hace “más de 50 años atrás”. Al respecto, aclaró: “No podíamos circular libremente con los autos que estaban todos en original, no tenías balizas y un montón de cosas que en ese momento eran reglamentarias para circular en la ciudad. De ahí salió la patente histórica y también hablábamos de hacer un museo porque esos autos que estaban todos escondidos aparecían un domingo de vez en cuando”.

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“Empezamos a buscar autoridades que nos dieran esa posibilidad y no se dio. Nuestros hijos mamaron todo eso que nosotros queríamos hacer. Se fue grabando desde chiquito en ellos. Había un montón de gente, con nuestros hijos, y nosotros ya claudicamos cansados, pero ellos vivieron todo esto y empezaron a remar”, sostuvo Tato, y resaltó: “Ellos le dieron manija, tuvieron más suerte que nosotros. Lograron reunir gente de la municipalidad y nosotros lo que pretendíamos era la patente histórica para circular. Lo lograron porque se formó el famoso club Rosario Autos Sport, y seguimos con las ganas de que la ciudad tenga un museo”.

Una pasión que requiere de sacrificios

Uno de los momentos más complejos en la vida de un coleccionista es cuando la realidad económica choca de frente con la pasión. Rubén relató un episodio crítico en el que su Triumph estuvo a punto de ser sacrificado por el bienestar familiar: “Llegó un momento que queríamos comprar una casa y no llegábamos con la plata. Mi señora me dijo: ‘Bueno, Rubén, lo siento, vamos a tener que vender el Triumph’. No podíamos, la casa era más importante, pero era un dolor en el alma”.

Finalmente, tras una noche de angustia, Tato se aferró a su auto y buscó nuevas soluciones. “Al otro día a la mañana me levanté y dije: ‘Mirá, no lo vamos a vender, veremos cómo hacemos, buscaremos otra casa’. Eso nos salvó porque mucha gente dice: ‘Yo tenía un auto así y lo vendí porque necesitaba la plata’. Era la necesidad, pero ese auto, el Triumph que tenemos, es espectacular. Me la jugué y no lo vendimos. Sacamos un crédito en una cooperativa y el auto quedó”, aseguró.

“Los chicos empezaron a crecer y se metieron conmigo porque yo lo desarmaba, lo arreglaba y ellos estaban pegados a mí siempre. Esa pasión se fue contagiando. Nosotros éramos gente de clase media nada más”, señaló Rubén, quien todavía mantiene aquel Triumph que le abrió camino.

Triumph TR3 Ruben Tato

El Triumph TR3 de la familia Tato frente al Monumento.

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De la clase media a la moda

Con el paso de las décadas, el perfil del coleccionista cambió, pero Rubén defiende la esencia de su club como un espacio de “buena gente”, por lo que expresó: “Yo trabajaba en una fábrica, era mucha lucha y eso es el potencial de este club porque nosotros somos todo tipo de laburo. Lo que cambió es eso. Los que nosotros seguimos teniendo los autos somos unos ‘secos’ y laburamos. Tengo 82 años y sigo laburando. Hay autos exclusivos en Rosario, que valen una fortuna. Nuestro club se diferencia por eso, nos enfocamos en juntar gente transparente, gente que lucha, que se arrienda los autos”.

Junto a su padre, Edison Tato aportó una mirada más contemporánea, en la que indicó que el hobby mutó hacia algo “fashion” o “cheto” en ciertos sectores, pero destaca que en Rosario Autos Sport la calidad humana sigue siendo la prioridad.

“El grupo se armó con algunas premisas. Una es para movilizar los autos, la otra es pasarla bien y rodearnos de buena gente. No negociamos esto último porque entendimos que la forma de que el club sea sostenido en el tiempo era si realmente nosotros teníamos ganas de juntarnos más allá de los coches”, valoró Edison.

Además, aclaró: “Es uno de los hobbys más caros del planeta, donde tenés apasionados que con mucho esfuerzo tienen su auto y también hay gente que puede comprar cincuenta. Rosario tiene tres o cuatro personas que son coleccionistas importantísimos. Hay pasiones y hay gente que lo tiene por recursos o porque es moda. Todas las pasiones son válidas, no es una crítica. Simplemente son los enfoques. Antes te gustaba un auto y lo comprabas vendiendo tu auto de calle, y ahora es una moda”.