Toyota adaptará dos modelos de Hilux bajo protocolo vaticano. Los vehículos trasladarán al Pontífice por Buenos Aires y Córdoba durante su gira apostólica de noviembre
10:39 hs - Domingo 27 de Septiembre de 2026
Toyota confirmó oficialmente que asumirá la oportunidad de ser parte de un acontecimiento histórico y realizará la producción del papamóvil que trasladará a León XIV en su próxima visita al país. Esta fabricación especial marcará un hito para la industria automotriz nacional, de la mano de la firma japonesa.
La marca nipona donará dos unidades de la icónica pick-up Hilux, fabricadas en la planta bonaerense de Zárate, para cumplir las exigencias de seguridad y desplazamiento de la comitiva papal entre el 8 y el 11 de noviembre.
Esta entrega de los dos ejemplares idénticos tendrá el objetivo de asegurar un respaldo operativo inmediato ante el ajustado cronograma y permitirá tener traslados simultáneos o consecutivos entre distintos puntos estratégicos sin riesgo de interrupciones.
Las dos unidades de Hilux serán sometidas a un profundo proceso de transformación a cargo de un carrocero homologado por la propia firma automotriz, garantizando que cada modificación estructural cumpla con los estándares técnicos solicitados por la Santa Sede.
Cabe destacar que esta colaboración de Toyota no será su primera para la Iglesia, ya que tiene el precedente de la preparación del modelo impulsado por hidrógeno Mirai utilizado por Francisco I durante su gira por Japón en 2019.
A pesar de que la empresa confirmó su colaboración para la visita del sumo pontífice, mantuvieron bajo estricta reserva los detalles específicos sobre la motorización, los refuerzos del chasis y los niveles de blindaje final para preservar la protección de León XIV.
Las exigencias para los papamóviles que hará Toyota
El diseño de un papamóvil no queda a la libre labor de los ingenieros ni a concesiones estéticas de la marca que lo fabrica, sino que responde a una normativa técnica rigurosa establecida por la Secretaría de Estado del Vaticano en coordinación con la Conferencia Episcopal local y las fuerzas de seguridad del país anfitrión. El protocolo vaticano impone pautas precisas organizadas sobre cuatro pilares fundamentales que garantizan el equilibrio entre el contacto con los fieles y la protección del pontífice.
El primer eje rector se enfoca en la visibilidad pastoral, por lo que requiere que el papa León XIV permanezca plenamente visible para la multitud a lo largo de todo el trayecto. Para ello, el vehículo debe incorporar sobre el chasis una estructura elevada o “caja papal”, provista de un sillón especial o de una posición erguida con sistemas de sujeción, barandillas internas y pasamanos de apoyo para mantener la estabilidad del pontífice.
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Por otro lado, el segundo pilar atiende las demandas mecánicas de la baja velocidad: el motor y la transmisión deben responder de manera limpia y estable en marchas prolongadas a ritmos de entre 5 y 10 km/h en áreas de alta densidad urbana, pero también deben complementarse con un esquema de suspensión reforzado para asimilar las irregularidades del terreno sin comprometer el habitáculo.
En cuanto al tercer eje, se regula la seguridad estructural, que abarca desde configuraciones abiertas o cerradas según los niveles de riesgo analizados por los servicios de inteligencia hasta la integración de deflectores laterales, cristales de alta resistencia y chasis adaptado con espacios específicos para la comitiva de custodia.
Finalmente, el cuarto eje contempla la identidad protocolar y simbólica, exigiendo la colocación de la matrícula oficial del Vaticano (SCV 1), el escudo distintivo del pontificado en los paneles laterales, las banderas del Vaticano y de Argentina, y una tendencia tecnológica reciente que prioriza plataformas híbridas o sustentables.
Los antecedentes en Argentina
Las únicas dos visitas papales al país se dieron durante la década de 1980, en ambas oportunidades realizadas por Juan Pablo II, cuando el Vaticano todavía no contaba con un formato unificado para la fabricación de los papamóviles. Por eso, los vehículos que se realizaron para el pontífice polaco tenían características más artesanales que las actuales.
En la primera ocasión, en 1982, el Papa llegó a la Argentina con un pedido de paz por la Guerra de Malvinas. Dicha llegada llevó a que se utilice un vehículo preparado sobre la base de un Ford F-350, a través del Automóvil Club Argentino.
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Luego, en la recordada visita de 1987, en la que pasó por el Monumento Nacional a la Bandera en Rosario, la producción fue más amplia y se elaboraron dos unidades diferentes. Una fue un utilitario provisto por Renault, sobre la base de una Trafic, que fue adaptado con estructura elevada, cabina abierta y elementos básicos de protección para permitir la visibilidad del Pontífice; mientras que la otra fue adaptada por Sevel (Sociedad Europea de Vehículos para Latinoamérica) sobre una Chevrolet C-10.