Una rosarina radicada en Venezuela: "Empezó a rugir la tierra, fue un sonido atormentador"

Patricia vive con su hija en el barrio de Manzanares de Caracas. "La situación es muy compleja porque no hay recursos", lamenta en diálogo con La Capital y recuerda el momento donde se registraron los terremotos

13:46 hs - Jueves 25 de Junio de 2026

“En los últimos tiempos ha habido algunos temblores pequeños. Supuse que era eso, pero el movimiento se intensificó y empezó un rugir de la tierra, un sonido atormentador”. Patricia García Cantón, una rosarina radicada hace muchos años en Caracas, le cuenta La Capital con esas palabras cómo fueron los primeros instantes del doble terremoto que azotó a gran parte de Venezuela este miércoles a la tarde y dejó un saldo provisorio de al menos 164 muertos y 970 heridos.

Los números de la tragedia seguramente aumentarán con el correr de las horas, ya que hay una cifra no calculada de personas desaparecidas debajo de los escombros, muchos edificios y casas quedaron destruidos.

Patricia llegó a Venezuela hace 41 años, cuando era una niña, junto a su familia. Cuando tenía apenas 8 años, su papá, funcionario en una empresa farmacéutica, fue trasladado a la capital del país, y allí todos comenzaron una nueva vida.

La rosarina Patricia García Cantón junto a su madre e hija tras la tensión por el terremoto en Venezuela

El terremoto, en primera persona

El devastador sismo de ayer la encontró a Patricia en el piso 18 del edificio donde vive, en la zona montañosa de Manzanares, en el sureste de Caracas. “Estaba sentada en la cama y sentí un movimiento. Pensé que era el perro que se rascaba, pero cuando levanté la vista y vi que la mascota estaba frente a mí, entendí que era un temblor”, sostiene Patricia, quien trabaja como abogada y vive con su hija 12 años.

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Lo primero que pensó fue en los movimientos telúricos de baja intensidad que solían percibirse en los últimos tiempos, pero la duración y la magnitud que fue adquiriendo en segundos el temblor de ayer la convenció de inmediato que se trataba de algo extraordinario.

“Empezó un rugir de la tierra, un sonido atormentador, -recordó la rosarina-. Luego comenzaron a desprenderse cosas y a romperse contra el piso. Mi hija estaba recién bañada dentro del vestidor para cambiarse. La llevé conmigo debajo del marco de la puerta junto con los perros. Estaba en casa la señora que limpia en la cocina y empecé a gritarle que hiciera lo mismo que nosotras. Yo la veía a lo lejos que se agachó, pero se agarraba el pecho y gritaba sin control. Traté de tranquilizarla a ella y también a mi hija. Y empecé a rezar el Padre Nuestro, una y otra vez, a los gritos. La tierra no dejaba de moverse, las ventanas temblaban y se seguían rompiendo las cosas”.

Cuando el temblor pasó, las tres mujeres empezaron a bajar por las escaleras. Enseguida se encontraron con una vecina de 98 años con serias dificultades para caminar junto a su hija de 76. “Me quedé con ellas para ayudarlas mientras mi hija seguía bajando con la mucama y los perros. Cuando llegué a planta baja, fui hasta el sótano y vi que el auto que estaba al lado del mío estaba lleno de escombros”, cuenta a La Capital.

Angustia en Prados del Este

Una vez que estuvo en sitio seguro, una segunda situación de angustia invadió a Patricia: cómo estaría su mamá de 83 años que vive sola en el sector conocido como Prados del Este.

“Logré comunicarme con ella. En mi teléfono encontré mensajes de alerta de vecinos suyos, pidiendo auxilio. Contra todo riesgo, me subí al auto y fui hacia la casa de mi mamá. Llegué ahí y estaban los vecinos en la puerta, buscando la manera de entrar. Gracias a Dios, mamá en el momento del terremoto estaba en el baño. Entonces todo el movimiento pasó con ella sentada. Eso impidió que se cayera (tiene una fractura de columna y movilidad reducida solo con andador)”.

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Patricia señala que la casa de su madre no sufrió daños importantes más que algunas cosas movidas de lugar o rotas al caer al piso, pero aún este jueves a la mañana no tenía de cómo había quedado su propio departamento. “Cuando salí, había muchas cosas rotas en el piso y los tanques de agua se habían desbordado, entiendo que el apartamento debe estar inundado”, agrega.

La situación tras el terremoto

Desde la casa de su madre en Prados del Este, Patricia espera con paciencia y resignación el momento de regresar a casa para constatar daños en la torre donde vive y si ese lugar estará habitable de ahora en más, sabiendo que hubo otras zonas que fueron arrasadas y con un número de víctimas sin confirmar.

“Prados del Este es una organización urbana que está justo antes de llegar a la mía. Aquí está todo calmado, solo con algunas casas sufrieron afectaciones que se están evaluando para ver si son estructurales o no, pero todas las actividades suspendidas en la ciudad. Ahora en las zonas de Chacao, Altamira y Los Palos Grandes la situación es totalmente compleja y distinta”, dice Patricia.

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Hay personas atrapadas en los edificios derrumbados en su totalidad. Y en La Guaira (zona costera donde está el aeropuerto) hay muchísima gente desaparecida y mucha gente tapiada. La situación es complicada porque no están los recursos ni las herramientas entonces se pide colaboración de la ciudadanía hasta con palas o gente que tenga empresas de construcción”, subraya.