Rosario y el desafío de construir una ciudad más amigable con los adultos mayores

Quienes tienen más de 60 años son ya casi la quinta parte de los habitantes rosarinos. Expertos opinan sobre cómo adecuar el entorno urbano a sus necesidades

06:05 hs - Domingo 06 de Septiembre de 2026

La caída de la natalidad en Rosario comienza a notarse en el rediseño de los servicios de maternidad, el cierre de jardines de infantes y la reducción de la matrícula escolar. Pero los datos demográficos también reflejan un crecimiento sostenido de los adultos mayores de 60 años, que actualmente representan el 18,7 por ciento de los habitantes de la ciudad (unos 192 mil vecinos). Especialistas consultados por La Capital plantean ejes para repensar y planificar en función de la nueva realidad del colectivo, tanto por parte del Estado como de los espacios de cuidado y socialización. Y, por supuesto, de los propios protagonistas, un grupo social heterogéneo que se proyecta en aumento.

“Se requieren políticas públicas específicas para las personas mayores y además una perspectiva que las incluya en todos los temas, desde el planeamiento urbano a la accesibilidad en el transporte, porque dentro de poco serán un cuarto de la población”, advierte Daniela Valentini, abogada de la Federación Regional de Asociaciones de Personas Adultas Mayores (Frapam) y secretaria letrada de la Defensoría de Personas Mayores del Concejo municipal. Estas entidades nacieron a partir de 2020 al calor de la organización de grupos de jubilados que pujaban por visibilizarse en distintos frentes, desde elevar propuestas a legisladores y funcionarios públicos a firmar convenios con instituciones formadoras para que incorporen el perfil gerontológico a sus capacitaciones profesionales.

“En materia urbanística, los municipios y comunas deben avanzar en una adaptación real del territorio a las necesidades físicas de este cambio demográfico. Por ejemplo, instalar baños en las plazas, porque los adultos mayores los necesitan más que el resto de la población. Y es algo sencillo de resolver”, observa Elad Abraham, al frente de Mnemos, una agencia para el potenciamiento cognitivo que trabaja con instituciones, profesionales, individuos y familias (mnemos.com.ar). “Las personas lentas y los cuerpos mayores no van con los ritmos de un espacio urbano diseñado para la hiperproductividad, para la aceleración de los procesos. Tendríamos que pensar la duración de los semáforos, el estado de las veredas, áreas dentro de las plazas que propicien la transferencia intergeneracional”, continúa, y trae a colación términos que en los últimos tiempos resuenan especialmente a la hora de caracterizar al sector, como “soledades no deseadas” y “aislamiento”.

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Los barrios se transforman y las personas se vuelven ajenas a su propio entorno, porque cierra el almacén, en la esquina se hace un edificio espejado que no sabés quién vive, quiénes son los vecinos. Los adultos mayores pierden las referencias y se aíslan rápidamente: están cada vez más encerrados, en contacto con pantallas. Por eso son necesarios los espacios comunes y una vía pública en condiciones para que no tengan miedo de caerse al trasladarse a esos lugares”, señala Abraham sobre estas infraestructuras y dispositivos sociales de encuentro. Los mismos devienen imprescindibles al achicarse las familias y/o estar sus integrantes ocupados casi toda la jornada por motivos laborales, lo que les resta tiempo de ocio, cuidado y convivencia. Otras comunidades que atraviesan esta problemática en grado extremo recurrieron a crear Ministerios de la Soledad, como Gran Bretaña en 2018 y Japón en 2021.

Nuevas vejeces

La abogada Valentini subraya que los adultos mayores no solo son más (y van a serlo) sino que los contextos en los que se desarrollan sus vejeces cambiaron respecto de las generaciones anteriores. De allí la importancia de integrar, con acento en el sector más como sujeto de derecho, con autonomía y voz propia, que como objeto de cuidado, pasivo. La experta, que trabajó durante más de tres décadas en Pami, impulsa una planificación que recoja antecedentes virtuosos en materia de construcción de redes vinculares en la Argentina, como el turismo social para jubilados (“y la red de clubes deportivos, que es única en Latinoamérica”, agrega Abraham).

La manera de tratar a los viejos habla del modelo de sociedad que queremos, por eso la situación de los adultos mayores nos interpela e involucra a todos. El buen trato y el respeto a sus derechos es un compromiso social en un mundo individualista, una resistencia que de a poco empuja”, insiste la abogada, y recuerda que desde hace seis meses recolectan adhesiones para que las Defensorías de las Personas Mayores -como la que funciona en el Concejo municipal y se ha replicado en Pérez, San Lorenzo, Villa Gobernador Gálvez y Funes- formen parte de las cartas orgánicas de los municipios, como un modo de garantizar participación y presencia. Ya juntaron 12 mil firmas.

Proyectos vitales y vulnerabilidad

Según los registros de la Municipalidad, en Rosario funcionan 103 geriátricos. Desde su experiencia en estimulación cognitiva e inclusión comunitaria de adultos mayores, con particulares e instituciones, Elad Abraham observa que las residencias de gama media y media alta “están abriendo sucursales”, atentos a la tendencia demográfica de menos familiares disponibles para garantizar cuidados y atenciones. Abraham exhorta a que el Estado en sus distintos niveles regule más enfáticamente lo que sucede al interior de los geriátricos, de modo que los residentes realicen actividades que los motiven a participar en la vida social y a sostener proyectos de existencia.

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Claro que las condiciones materiales afectan esos proyectos vitales. La semana pasada el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA dio a conocer el documento estadístico “Vivir y envejecer en contextos de desigualdad” en el XXII Congreso Argentino de Gerontología y Geriatría. Los resultados muestran un deterioro reciente de indicadores sociales y sanitarios, “eviden­ciando que las condiciones materiales y psicosocia­les del envejecimiento están profundamen­te influenciadas por el contexto socioeconómico. Las desigualdades sociales constituyen el princi­pal determinante de las diferencias observadas: el nivel socioeconómico, el nivel educativo alcanzado y el tipo de hogar explican mejor las brechas en salud, bienestar y calidad de vida que la edad cronológi­ca por sí sola”, plantea la presentación del informe.

En un escenario donde amplios sectores dentro de la población +65 aumentan su vulnerabilidad, “el desafío es que Rosario pueda convertirse en una ciudad amigable con las personas mayores”, resume Valentini.

La estrategia local para las personas +65

En junio pasado la Municipalidad presentó Mil65, un programa destinado a la primera infancia y a los adultos mayores, teniendo en cuenta que los +65 en la ciudad son 143 mil personas, de las cuales más de 40 mil viven solas. “Mil65 propone una nueva forma de intervenir: pasar de políticas aisladas a un sistema integrado de cuidados, de la reacción a la prevención, y de la asistencia al acompañamiento. No crea nuevas estructuras, sino que ordena, conecta y fortalece las capacidades que ya existen en el sistema público municipal. Pasar del “cuántos” al “quiénes”. Dejar de pensar las políticas públicas de forma cuantitativa y pasar a ponerle nombre y apellido”, según explicaron desde el municipio.