Domingo 20 de Agosto de 2023
La biblioteca completa del célebre escritor uruguayo Mario Levrero (1940-2004) fue donada por su familia a la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR y luego de un periplo que incluyó su permanencia durante un año y medio en la Aduana argentina llegó días atrás a la biblioteca de Letras, donde ya se encuentra también la de Leopoldo Marechal. Se trata de un patrimonio que podrá ser aprovechado no sólo por la comunidad académica sino por cualquier interesado en conocer o investigar la singular obra de Levrero, lo que transforma a la casa de estudios en un espacio de referencia. Acaso un rulo del destino ya que en estas calles vivió el autor a fines de los 60 y sus primeros textos tuvieron temprana circulación a través de la mítica revista cultural El Lagrimal Trifurca.
Una de las alma máter de que llegaran a Rosario los más de 700 ejemplares desde Montevideo fue la doctora en Letras e investigadora de Conicet Luciana Martínez. “Unos 15 años atrás yo trataba de chequear la importancia de la ciencia en Levrero y quien fuera su editor, Marcial Souto, me dio el dato de que tenía muchas revistas de divulgación científica”, rememora la especialista en diálogo con La Capital. En realidad eran 230 revistas de distintas editoriales y en varios idiomas, fechadas desde fines del 60 hasta los 90, con marcas, subrayados y anotaciones de su dueño sobre temas como neurociencias, teorías de la percepción y física cuántica.
Martínez inició conversaciones con la familia y en 2018 dio con la colección, a la que pudo fotografiar. “Me sirvió para releer la obra, establecer relaciones, confirmar hipótesis”, dice sobre ese conjunto que había sido infravalorado al momento de “una especie de venta de garaje que tras la muerte del autor organizaron sus herederos con el objetivo de que la biblioteca se distribuyera entre sus lectores”. No obstante, un grupo de fanáticos del destacado narrador oriental –quien se expresó también a través de la historieta, el humor, el cine, la plástica y otros campos creativos– solicitó y logró antes de ese remate fotografiar las marcas de los libros para resguardar la cuestión archivística. Dicho respaldo digital, el resto de la biblioteca y las revistas científicas fueron ahora cedidos a la UNR mientras que una universidad de Estados Unidos y otra de Francia ya habían comprado una serie de manuscritos de Levrero.
“A los manuscritos de los escritores latinoamericanos se los llevan las universidades centrales. Ese es también el caso de (el escritor oriundo de Serodino Juan José) Saer. Son pocos los archivos que han quedado acá”, explica Martínez, profesora en las carreras de Letras y Bellas Artes. “Las bibliotecas no han sido objeto de deseo de estas universidades que tenían recursos para adquirirlos; se llevaban los manuscritos porque eran objetos con aura. Los investigadores tenemos condiciones de precariedad, pero seguimos produciendo conocimiento”, sostiene.
También investigador del Conicet, el doctor Javier Gasparri cuenta que a poco de asumir como director de la Escuela de Letras recibió la inquietud de Martínez en cuanto a institucionalizar el acervo de Levrero, un aspecto clave en tanto pasa de la esfera privada a la pública, lo que permite y democratiza su acceso. “Con apoyo del decanato a fines de 2021 iniciamos las conversaciones con la familia, hicimos un acuerdo y en marzo de 2022 viajamos a Montevideo para el relevamiento del material, aunque por cuestiones burocráticas demoramos un año y medio en traerlo a Rosario”, subraya, y pide simplificar los mecanismos de importación de bienes culturales y científicos. Finalmente las publicaciones y los archivos digitales –incluida una caja con diskettes que se añadió en el traslado y cuyo contenido es todavía un misterio– arribaron días atrás a la Facultad de Humanidades.
“Tenemos destinada la mitad de un entrepiso de la biblioteca, cuyo nombre es Licenciada Sofía Scarpetta (en homenaje a quien se desempeñara como bibliotecaria), y que pretendemos no sólo como espacio de consulta, sino de investigación”, agrega Gasparri. También por iniciativa de familiares, desde hace 20 años se encuentra en esa sede de Entre Ríos al 700 la biblioteca del porteño Leopoldo Marechal (1900-1970), autor entre otros títulos de la emblemática novela Adán Buenosayres . La de Levrero ahora debe ser catalogada, tarea de un equipo local coordinado por Martínez en el marco del Instituto de Estudios Críticos en Humanidades (Iech).
“Hemos recibido mensajes de felicitaciones porque logramos conservar el archivo que de otra manera se hubiera perdido, y porque esté en una universidad pública latinoamericana. Esto mueve la crítica y la lectura de la obra”, describe Martínez esta especie de maniobra contra el olvido, y a su vez de ponderación de la biblioteca de un creador como un acto creativo en sí mismo y no sólo como un depósito de papeles muertos. “Permite pensar la obra de Levrero: qué leyó, qué marcó, por qué se interesó”, sigue Gasparri y asegura que “las revistas científicas junto con los libros arman un espectro de intereses”.
Un dato curioso es que cuando se encontraban en Montevideo a principios de 2022 para abrir las cajas con las publicaciones e inventariarlas, cayó de uno de los libros una esquela firmada por uno de los grandes amigos de Levrero, el escritor rosarino Elvio Gandolfo, que a la sazón terminó viviendo en la capital charrúa. En esa nota Gandolfo exhorta a su colega a que vuelva a Rosario de visita. “Parecía un mensaje”, se conmueve Martínez. “Fue una casualidad, un hallazgo; fue muy levreriano”. Lo cierto es que 60 años después, Levrero respondió a ese llamado.
Vida y obra
Jorge Varlotta (tal el verdadero nombre de Levrero) está considerado como un autor extravagante y raro, de los más importantes de la segunda mitad del siglo XX en su país y con proyección continental por la singularidad de su voz. Una voz que por los andariveles de la introspección, lo delirante, el minimalismo y la literatura del yo, labró una obra con distintos tonos, de vigencia e influencias hasta el presente, explorando en géneros como el policial, la autobiografía y la ciencia ficción.
Vivió algunos meses en Rosario y sus escritos tuvieron aquí buena receptividad. A la ciudad lo unía entre otras cosas su amistad con la familia Gandolfo, tanto Elvio como su padre Francisco, editores de la revista El Lagrimal Trifurca (que se publicó entre 1968 y 1976).
Algunos de sus libros son las novelas "La ciudad", "París", "El lugar", "Nick Carter (se divierte mientras el lector es asesinado y yo agonizo)" y "La novela luminosa". Entre sus cuentos figuran "La máquina de pensar en Gladys", "Ya que estamos" y "Los carros de fuego". También escribió un "Manual de parapsicología".