La casona, vacía desde hace una década, será ocupada por la Agencia Nacional de Puertos. Una ONG pide que un sector de la casa tenga usos culturales
Lunes 12 de Enero de 2026
Hace diez años que la centenaria casona de calle Laprida 708, frente a la plaza 25 de mayo, permanece abandonada y vacía. Fue en sus orígenes una residencia particular de familias de la elite económica y política de la ciudad, para luego pasar a manos del Estado argentino. Ante una consulta de este diario, fuentes nacionales revelaron que será sede de la Agencia Nacional de Puertos y Navegación (Anpyn), previa realización de refacciones. Ahora una asociación civil rosarina reclama que, dado su valor patrimonial y ubicación en pleno casco histórico, por lo menos una de las salas de la mansión se destine a la cultura local.
El escritor Miguel Culaciati preside Valor Rosario, la organización sin fines de lucro que nació en 2019 para rescatar, como indica su nombre, ejes clave que cimentaron el desarrollo de la antigua villa desde fines del siglo XIX. Por ejemplo, el empuje y el asociativismo de sus vecinos e instituciones. En ese sentido, realizan tareas de divulgación, de digitalización de archivos, y proponen a los distintos niveles del Estado iniciativas en cuestiones de preservación y legado. Por eso se preocuparon por la casona de la ochava de Laprida y Santa Fe, que tuvo vida administrativa desde la década del ‘80, cuando albergó oficinas del Pami. Los últimos en ocuparla, hasta 2015, fueron los empleados del Senasa.
“Presentamos notas a nivel nacional y municipal para que se le dé un uso vinculado a la cultura local, que se incorpore al casco histórico una dependencia del Museo de la Ciudad (emplazado en el Parque Independencia) o una muestra sobre la inmigración; a diferencia de Buenos Aires, Rosario no cuenta con un museo de esa temática”, explica Culaciati, y cree que sería fácil armar una exhibición de tales características considerando la vívida red de colectividades extranjeras existente.
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“Es una buena noticia que la casa se restaure, pero insistiremos para que en su interior haya algo rosarino y no sea solo una oficina burocrática”, promete, y se pone a disposición de las autoridades para colaborar en una “puesta en valor y utilización cultural mixta público/ privada y gastronómica /cultural” del edificio histórico, que cuenta con protección patrimonial por ordenanza y se encuentra entre las manzanas fundacionales de la ciudad.
Una casa testimonio de una época
Nieto de un ex intendente, del que heredó el mismo nombre, Miguel Culaciati tiene en sus manos un álbum de fotos en blanco y negro sobre los primeros dueños de la residencia: Hércules Aghina y María Francisca del Rosario Cafferata, hija del ex jefe político de Rosario y ex gobernador de Santa Fe Juan Manuel Cafferata. Las imágenes fueron tomadas hace justo un siglo, en enero de 1926, y no solo incluyen retratos del matrimonio y sus dos hijas; registran también cómo vivía la burguesía en esa época a través de la arquitectura y decoración de la mansión, con muebles hechos a medida y hasta una sala de esgrima. Desarrollada en subsuelo, planta baja y planta alta, fue construida por José Gerbino y Leopoldo Schwartz.
El álbum de fotos fue compartido con el intendente Pablo Javkin en noviembre, cuando Valor Rosario le presentó la digitalización íntegra de las Memorias de Gestión de Luis Lamas, quien gobernó la ciudad entre 1898 y 1904 (lo curioso es que el primer tomo de este documento había sido hallado de casualidad en la mesa de saldos de una librería de viejo y al segundo lo ubicaron en poder de Carlos Emilio Lamas, descendiente de Luis, ya nonagenario). En aquel acto en el Salón Carrasco de la Municipalidad, Valor Rosario insistió para que el inmueble vendido por Aghina en 1931 a otro matrimonio (Aliau - Rouillon Vierci) “se incorpore al casco histórico fundacional con un destino cultural que sume un atractivo más a lo existente”. Es decir, los recientes arreglos en la plaza, en el Pasaje Juramento y en el edificio municipal, así como la cercanía con el museo de arte decorativo “Firma y Odilo Estévez” de Santa Fe al 700.
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El año pasado la Anpyn pidió desembarcar en la propiedad de 1.504 metros cuadrados y encontró el camino allanado luego de que fracasaran los intentos de concesionarla a privados (ese había sido el primer objetivo de la gestión de Javier Milei). Pero más allá de los anuncios extraoficiales, los trabajos de restauración no han comenzado. “La puesta en valor de este edificio histórico no solo beneficiaría a la ciudad, también contribuiría a la promoción de la cultura y la identidad nacional”, apunta Culaciati, que viene de reunirse en la localidad de Anisacate con Carlos Ponti Cafferata, de 92 años. Es que después de vender la casa de Laprida 708, la familia de Aghina se trasladó a Córdoba. Uno de sus descendientes cuenta su historia y su actuación en distintas instituciones rosarinas.
Quién fue Hércules Aghina
Nacido como Ercole Aghina en la ciudad italiana de Turín en 1881, se naturalizó argentino a los 50 años. Llegó al país en 1895 y se estableció en Casilda, donde trabajó con su padre Luis en la fabricación de fibra de lino y cereales. En 1904 se mudó a Rosario y formó parte de la razón social “Brebbia y Aghina”, dedicada a bolsas y comisiones de cereales. La sociedad, hace saber Ponti Cafferata, duró hasta 1927. En ese lapso, Hércules fue secretario de la Cámara de Cereales, fundador y vicepresidente del Mercado a Término, fundador y presidente de la Cámara del Yute y coautor de los estatutos de la Bolsa de Comercio, donde además se desempeñó como síndico.
Durante 18 años, Aghina ocupó los cargos de bibliotecario, secretario, presidente y consejero del Hospital Italiano de Entre Ríos y Virasoro. También tuvo destacada actuación en asociaciones deportivas como los clubes Newell’s Old Boys, Gimnasia y Esgrima y Regatas Rosario. “Por razones económicas y de salud se radicó con su familia en Alta Gracia desde 1927”, aporta Ponti Cafferata sobre la biografía de su antepasado.
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El 4 de noviembre de 1915 se había casado con Rosario Cafferata, con quien tuvo dos hijas, Adela y Rosario. En 1955 falleció en Córdoba capital, donde pasó sus últimos años, aunque sus restos descansan en el cementerio del Salvador, en el panteón de quien fuera su padre político (el ex gobernador -en el período 1890/1893- Juan Manuel Cafferata).
La casa señorial que Aghina mandó a construir en Laprida 708 se recuerda más vinculada a la familia Rouillón, que la ocupó durante décadas, antes de que se convirtiera en patrimonio público. Por su antigüedad, en 2015 el gobierno nacional consideró oportuno desalojar el inmueble para efectuar refacciones, pero los años fueron pasando, al igual que las administraciones, y los arreglos no se hicieron. En 2024 la mansión fue usurpada por intrusos que lograron llevarse valiosos materiales de infraestructura. A diferencia de otras residencias particulares de grandes dimensiones que se ubicaban alrededor de la plaza, y cuyos dueños originales eran representantes de la burguesía local, como Rosa Tiscornia, José Arijón y la familia Uranga, esta finca logró sobrevivir a la demolición.
Testigo de un siglo de historia, hoy la casa está sola, y espera.